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viernes, 28 de octubre de 2016

Confusiones mías [Confusiones #1]

Tu confusión
Es mi confusión









D.C.A. SAVIA









Tu confusión
Es mi confusión




Título: Tu confusión es mi confusión.
Autora: D.C.A. Savia
https://dcasleer.blogspot.com.ar/
https://www.facebook.com/DCASLeer/

Diseño de tapa: Nathalia Tórtora
http://www.uutopicaa.com/
Copyright© D.C.A. Savia, 2016




                                                                                                                                                    

             Capítulo 1:            In fraganti

Mi amigo es gay. Siempre lo fue. Todo en su vida SIEMPRE ha sido gay.
Y a mí me gusta.
¿Qué voy a hacer?
Es como si tu amigo de toda la vida fuera Ricky Martin en su mejor época...
Sólo que siempre ha sido gay. Toda la vida. Nunca lo dudaste. Jamás contemplaste otra mínima posibilidad. Ni siquiera albergaste una mínima luz de esperanza.
Igual, ¿a quién no le gustaría?
Pero por supuesto que eso no significa que me esté enamorando ni nada. Ni que no lo deje hacer su vida o me muera de celos. Es el típico ejemplo de los que dicen "¡Qué desperdicio!". Sobre todo para las chicas. Porque lo que son los hombres, "¡pasen y vean!". Una fila de chicos uno mejor que el otro y que sólo están pendientes entre ellos. A mí jamás me darían bolilla. Qué bola me van a dar si no soy su "target". Además, con el camión con acoplado que tienen delante, me eclipsa en un instante. Sí, camión con acoplado. Onda que se lleva puesto a cualquiera, lo arrolla, lo pasa por arriba, lo destroza. Nadie sobrevive a su belleza. Yo creo que muchos ni siquiera eran gays hasta que lo vieron. Y si se hacen amigos, se enamoran. Es así. Es muy copado, buena onda. Es divino.
¿Te resulta anticuado mi lenguaje? Eso es porque todavía no sabés cómo se habla en el año 2033. Y recordá que el lenguaje es cíclico muchas veces y muchas palabras que estaban en desuso se vuelven a usar con el tiempo.
¡Ah sí! Siempre me voy por las ramas y me olvido de lo que estaba hablando. Me despisto con mucha facilidad.
¡Está bien! Les contaba de mi amigo.
El boliche bailable al que vamos, es una disco gay. Pero va cualquiera. Normalmente no hay mucho para mí. Milho siempre tiene que estar conmigo para sacarme de encima a alguien. (Desubicados hay en todos lados).
A él siempre lo rodean varios bombones. Tiene muchos conocidos. Pero no sé por qué nunca se transó a ninguno. Transó, chapó, besuqueó. Lo que sea. (Que yo haya visto al menos). Es cierto que es muy tímido. ¡¡Cómo Ricky!! Y tiene mucho de romántico también. Es que somos dos románticos incurables. Siempre esperando el momento y la persona correcta. Bueno, es verdad que además siempre estamos juntos y no me va a andar dejando a mí sola, pagando. No pagando literalmente. Es una metáfora. Vagando por la madrugada en soledad. Es un caballero. Gay, pero un caballero al fin.
No te creas yo también lo soy. No gay, lo otro. Yo también tuve que salir a su rescate cuando él no se dejaba avasallar por alguno que le quería meter un chupón de prepo. Es que algunos no entienden.
En fin... acá estoy.
En cuclillas y arrinconándome contra un mueble, en medio de la oscuridad.
¡Y escuchando cómo se están matando!
Si hasta a mí me excita esto.
¿Se metieron gatos? Ah, no, fue uno de ellos.
¡Dios! ¡Qué ardientes!
Una vez que me decido a colarme yo en su habitación, lo encuentro entrando a los besos con un hombre y tirarse a la cama entre jadeos.
¡Dios! ¡¿Qué voy a hacer?!
¡Ah! ¿No les dije?
Mi nombre es Canela. Cinnamon para los “spanglish”. Bueno, dije caballero... Sería caballera, o una dama. Aunque no se aplica igual. Milho es mi mejor amigo y se llama Milton. Pero le decimos Milho porque cuando era chiquito se comió a escondidas un milhojas él solito. Bueno, una parte.
Pero les decía.. Acá estoy arrinconada en medio de la oscuridad.
Me tengo que escabullir sin que me vean. ¡Qué papelón! ¡Qué vergüenza!
¡Me muero si me ven!
¡Antes!: que el Centro Nacional de Investigaciones Científicas clone a una manada de mamuts, y vengan en estampida y con cistitis a mearme de parados hasta extinguirse de nuevo.
Tengo que aprovechar el momento justo. Pero ¡como me llamo Canela, que no me van a ver!
No sé si hacerlo entre los gruñidos de uno o los  (voz de Gatúbela en celo) "Me gusta cómo te hacés rogar" del otro.
¿Cómo terminé en esta situación?
¿Cómo pudo ocurrírseme dudar así de la virilidad de mi amigo? ¡Si siempre fue obvio que no tiene ninguna! ¿Cuándo perdí toda la cordura que me quedaba para llegar a este incómodo momento?
¿Dijo: "dámelo todo papi"? No me imaginaba a Milho así de cursi. Debe ser el otro.
¡Ah! ¡No entienden nada! ¿Quieren saber lo que ocurrió?
Bueno, les voy a contar "cómo" ocurrió:
Si esto fuera una película, se escucharía una música alegre,
Y un titular señalando el año 2018. El año en que nacimos.
Luego imágenes de un nene y una nena aprendiendo a caminar, uno al lado del otro, sostenidos de la pared, la nena se cae y arrastra al nene haciéndolo llorar, mientras ella ríe feliz y desinteresada.
Luego imágenes de un nene y una nena aprendiendo a caminar, uno al lado del otro, sostenidos de la pared, la nena se cae y arrastra al nene haciéndolo llorar, mientras ella ríe feliz y desinteresada
Siguiente imagen, ambos nenes de alrededor de tres años, en la playa. Ella le arroja arena y él llora escupiendo borbotones que habían colmado su boca. Ella ríe feliz.
Más tarde, una imagen de ella con alrededor de cinco años creando un Picasso de maquillajes en la cara del niño que llora desconsoladamente al comprobar los resultados en un espejo. Ella, ríe feliz.
Luego la imagen de ella con alrededor de  diez años de edad arrastrándolo de la mano hasta un grupo de niñas
Luego la imagen de ella con alrededor de  diez años de edad arrastrándolo de la mano hasta un grupo de niñas. Ella empujando a una de las nenas que está de espaldas, ésta se da vuelta y le pega un cachetazo ¡al nene! Ella se burla de la agresora por no haber acertado.
Otra imagen de ellos a los trece años. Ella haciéndose la enojada, y él arrinconándola contra la pared para hacerle cosquillas a muerte y terminar con su farsa. La niña patalea. La tortura se ve insoportable, hasta que tras rogar un: "Me meo, me meo" repetitivo, se retuerce y conjura un "pido gancho el que me toca es un chancho".
Finalmente lo próximo que verían, es que ambos crecimos, y la joven Canela de dieciséis años, (o sea yo) se acerca a donde Milho es abordado por unos muchachos.
Por supuesto me pide auxilio como cuando me abordan imbéciles y él debe socorrerme a mí.
Lo tomo de la mano sin siquiera dudarlo y lo arrastro lejos de allí, con un despliegue de celos nunca antes visto. ¡¡Un Óscar para mí por favor!! Graciaaas.
Pero, ¿cómo terminé dudando?
Todo empezó mucho antes de darnos ese primer beso de prueba.

💄💅👠

De chiquitos éramos como hermanos. Nuestros padres son amigos de tooooda la vida. Se conocen desde el colegio secundario. Y nos criaron juntos.
A todos lados donde iba con mi familia, venía la familia de él. Si estábamos de vacaciones, era con ellos. Si íbamos a un paseo, estábamos juntos. Si nuestros padres salían, nos dejaban en una u otra casa. Siempre juntos.
Hasta dormíamos juntos.
A veces todavía lo hacemos. Pero eso es por otra cosa. Ya te contaré.
Nuestros saludos eran besos en la boca.
No, eso ya no lo hacemos más. Lo hicimos hasta que alrededor de los seis años, en la escuela primaria, los nenes se pusieron en la edad de no mezclarse con el sexo opuesto. El lema sería: "las nenas contagian radiactividad". Y ahí empezó a avergonzarse porque lo cargaban conmigo. Le decían 🎼🎤"¡tiene novia, tiene novia!".
Bueno, él nunca salió de esa edad y jamás volvió a mezclarse con el sexo opuesto. ¡Va! Sólo conmigo, pero es lo mismo que nada. Sería como decir que se mezclaba con una hermana. Nunca había dejado de mezclarse conmigo en todo caso. Solamente ya no me besaba más. Así que se volvió algo incómodo cuando nuestros padres nos decían (voz de: "dale papá tengo cinco años, no me hables como a un boludo"): "Dale un besito a Cane", "Dale un besito a Milhi". (Sí, humillante como suena, ya de chiquito los viejos le decían "Milhi". Y lo que es peor... aún lo hacen).
Era incómodo porque al saludarnos, nuestras caras giraban desesperadas hacia un lado y otro tratando de evitar el temido contacto boca a boca. Parecía que mirábamos un partido de tenis en la cara de nuestro amigo. Sólo respirábamos una vez que la coordinación era perfecta y el movimiento justo para acertar en el cachete.
Porque besos en el cachete... obvio que sí. Tampoco se puso maleducado. ¿Quién en Argentina no te va a saludar con un beso en el cachete? Hasta cuando conocés a alguien te dan uno. No importa si son entre varones o mujeres. Yo siempre digo que los varones que son bien seguros de su virilidad no tienen ningún miedo de darle un inocente beso en el cachete a otro a modo de bienvenida o despedida. No va a sentir nada extraño por saludar a su congénere de esa manera. Ahora si sintiera algo extraño... debería comenzar a planteárselo.
Acá ya es una cuestión de honor. Si no personalizan el saludo (mínimo la mano entre hombres) viene la pregunta obligada "¡Che! ¿Te hice algo que no saludás como corresponde?"
Creo que esta costumbre que incluye besos entre hombres empezó alrededor de la década del '80 en el siglo pasado. Antes apenas se daban la mano con o sin choque de pectorales. ¡Bien macho recio! Las generaciones de los setenta y ochenta empezaron a suavizar la relación con los padres. Tratarlos de vos. Antes, con mis bisabuelos en los años '50 era todo usted aquí, usted allá. Pero siempre dependiendo de la familia y la confianza que se tenían.
¡Ah sí! Otra vez me fui por las ramas ¿no?
Buen, ¿qué querían saber? ¡Ah sí!
En definitiva, un día nos fuimos a bailar al mismo boliche de siempre. La pasábamos de diez ahí. Tiene unos láser de última generación y siempre proyectan hologramas. Nos encantan las películas que arman sobre la pista llena de danzarines indiferentes al espectáculo.
Milho y yo nos quedamos en el reservado de primer piso que tiene vista al Río de la Plata y donde el show de láseres y hologramas queda justo a nuestro nivel
Milho y yo nos quedamos en el reservado de primer piso que tiene vista al Río de la Plata y donde el show de láseres y hologramas queda justo a nuestro nivel.
Para Halloween ponen distintas películas de hologramas con fantasmas, pájaros de mal agüero y monstruos. Mi preferida es una de mitos autóctonos con la luz mala que acechaba a los indios y gauchos en las pampas. Los duendes malvados. Ésas, como son autóctonas, me sugestionan tanto que creo que de vuelta a casa en la oscuridad de la madrugada, me va a aparecer algo en cualquier momento. ¡Los monstruos extranjeros nunca llegan acá! Las brujas, Jack el destripador, It, Chucky, Drácula, Winnie the Pooh... ¿Qué? A mí me da mucho miedo que ese oso salame se popularice en mi país. ¡Por Dios! ¡Winnie the Pooh se llama! Hasta que entendí que eran muchas horas de vuelo para que esos monstruos horrorosos vengan a asustar a unos porteños tan insignificantes, ¡tan de morondanga! ¿Qué monstruo nos juna a nosotros? Ninguno sabe que existimos acá en el sur. Ni saben que nos la pasamos controlando que a ninguno se les escape en el hemisferio norte.

Además si llegan a venir, se pierden en migraciones. ¿Qué explicación le va a dar Drácula al oficial del sector? "Vinimos para el sur porque hay un exceso de chupasangres de dónde vengo y me dijeron que acá tenemos mucho terreno fértil para una cosecha generosa de ceros positivos. Generosa porque son dadores universales".
¡Noooo!
¡Se quedan donde están!
En cambio la luz mala, la llorona, el petiso orejudo (¡este existió de verdad!), el Runa-Uturungu que se transforma en yaguareté y come personas, el Coquena que castiga a los que abusan de la naturaleza o el Curupí que secuestra mujeres... ¡Ay mamita! Esos no vienen de afuera. Ya los tenemos entre nosotros. Se pueden aparecer cuando quieran.
Por eso esas películas me dejan sugestionada. Y es volviendo a casa cuando aprovecho para abrazar a Milho todo lo que puedo.  Ya que nunca le voy a gustar de la manera en que quisiera, aprovecho para mimarlo todo lo que puedo.

¡Qué lindo se puso! Y yo soy su amiga así que nos abrazamos sin problema. Él siempre me infunde tranquilidad.
¡Qué bueno está! ¡Por favor! Siempre me lleva a hacer deportes con él. Corremos, nadamos, andamos en bici y hasta remamos. Tiene un cuerpazo.
El caso es que una noche algo cambió en mí
El caso es que una noche algo cambió en mí. No sé qué fue. Tal vez andaba necesitada de cariño. Y él estaba ahí. Como siempre.
Fue un fin de semana. Estaba bailando sola en medio de la muchedumbre y se me acercó un chico. Pero no me gustó. Era muy creído. Estaba más agrandado que currículum vitae.  Y a mí me encanta ser la primera vez de esos.
Y a mí me encanta ser la primera vez de esos
La primera vez que los rechazan.
Pero no quiso entender. (Se ve que no estaba acostumbrado). Tuve que pedirle auxilio a Milho. Como siempre.
Vino a mi rescate diciendo ser mi novio. Siempre funciona esa táctica.
Funcionaba. Porque no le creyó. Seguro que vio el grupo de dioses del Olimpo que lo rodeaban un momento atrás. Así que le pidió una prueba.  ¡Nunca nos había pasado!
—Dale, besala si es tu novia. ¿No me vas a decir que no besás a tu novia?
Milho me miró y debe haber notado mi cara contrariada porque hizo una mueca, una media sonrisa que siempre me había atraído. Pero esta vez. ¡Ufff!! Fue para mí. Tenía como una doble intención. Se me cayeron los calzones con sólo verlo acercarse.
Me tenía abrazada de un hombro, pero pausadamente comenzó a deslizar su mano hacia mi espalda baja. La corta remera que llevaba puesta no alcanzó a separar toda mi carne de sus manos.
El contacto de la piel desnuda de mi cintura y espalda con su mano accionó algún interruptor que había estado desactivado. Lenta y confiadamente me atrajo hacia él, pegándome a su cuerpo.
—¿Qué vas a hacer? —susurré a su oído y el aprovechó para disimular con un beso en la base de mi cuello que recorrió toda mi espina dorsal, despertando una sensibilidad que desconocía.
El tímido Milho conmigo siempre se había comportado desenvuelto y simpático. Seguro de sí mismo. Pero con los varones era retraído. En cambio ahora estaba ahí, como si toda la vida se hubiera comportado así a mi lado delante de otros hombres.

Los bellos de los brazos se me erizaron. La respiración agitada subía y bajaba mi pecho con exageración. No podía controlar mis emociones. ¿Qué estaba por hacer? ¿Me besaría como cuando niños? ¿Me besaría?
—Tranquila —susurró en respuesta casi en un ronroneo mientras acercaba su rostro. La mano en mi cintura me ceñía a él con firmeza y la otra en mi nuca me atrapaba. Suave y lentamente se acercó cada vez más hasta que casi no había espacio entre nuestros labios.
¿En serio me va a besar? Mi corazón galopaba.
Inclinó apenas la cabeza y ... ¡Me besó! 💋💋💋
Me besó la comisura de los labios... Me había inclinado un poco hacia el piso cubriéndole la visión del show al retador. Nuestras cabelleras le impedía ver con claridad nuestras bocas mientras Milho simulaba ser apasionado.
Para él habrá sido todo un teatro, pero la corriente electrizante que se disparó por mi cuerpo con aquel beso en el cuello primero, la seguridad en su pedido de calma después, una de sus manos sujetando la piel desnuda de mi cintura y la otra firme, atrayéndome, rogándome por acortar el espacio que nos separaba y luego sentir su respiración tan cerca, tan seguro de sí, me demostró que lo de actriz a mí no me va.
Mi corazón desbocado estaba confundido. No entendía el simulacro. Sus latidos no razonaban una parodia, una farsa montada. Estaba sufriendo todas esas alteraciones. Necesitaba dejarse envolver en esa magia. Mis ojos se cerraron esperando, ansiando. Mi cuerpo no lo había entendido mientras mi mente comenzó a luchar por estabilizarse.
"Este es mi amigo. Somos como hermanos".
" ¡No te va a besar Canela!", "¡Es gay!"
Y claro. Lo es.
No demoró mucho el engreído aquel en elevar una mano al aire y dejarla caer sobre su muñeca en un gesto de abandono, dándose por satisfecho con la prueba exhibida y retirarse con su inalterada altivez.
Cumplido el cometido, mi más querido amigo aflojó su agarre y me incorporó aún besándome ese afortunado sector de mis labios con una sonrisa indescriptible.
Mis manos inconscientemente se habían posado en sus musculosos brazos que me sostenían y ahora podía apreciarlos. Me sonrojé tanto que fue más que evidente.
—¡Ay Canela! ¡Cómo si nunca te hubiera partido la boca!
—¡No te hagas el vivo que eso era otro tiempo y otra cosa. ¡No teníamos ni ocho años!
—Pero vos y yo somos los mismos.
Ya no era la misma. Todo lo que me pasó me había despertado a una verdad que adormecía. "Mi amigo es muy sensual y si no fuera gay, no dudaría en hacer todo a mi alcance para conquistarlo". Pero me dije a mí misma que eso no podía ser y que no debía estar pensando así de mi amigo. Todo había sido un juego divertido y así tenía que ser.
Tuve que recuperarme un momento para volver a la cordura.
Como aquel engreído aún rondaba, bailamos juntos un rato.
Una hora más tarde Milho se encontró con varios de sus conocidos gays. Ahí estaba otra vez su personalidad tímida. Sonreía, charlaba. Los muchachos ponían sus manos en su pecho. Él tímidamente las eludía. Yo sabía que no le gustaba que lo manosearan. Nunca era irrespetuoso. Su táctica era imperceptible. Casi no se daban cuenta lo que hacía. Pero yo sí. Lo conocía demasiado.
Había una batiseñal para emergencias que usábamos en caso de fuerza mayor. Él simulaba estarse estirando los brazos hacia arriba. Yo jugaba con mi pollera, minifalda o pantalón. La prensa inferior que llevara puesta.
Me había distraído un poco con las bebidas cuando de pronto veo señas desesperadas de Milho a quien un nuevo muchacho al que desconocía intentaba arrastrarlo a bailar.
Tomé el trago que me serví y pedí otro igual que habían preparado junto con el mío y salí disparada a su auxilio.
Con mi mejor caminar de seductora enfilé mis botas rojas de taco alto, el mini-short negro y remera roja de dibujos con brillantes hacia ellos, llevando una copa en cada mano y meneando mi largo cabello junto al vaivén de mis caderas.
La marea de hombres que lo rodeaba era desconocida para mí. Me acerqué a su oído y le susurré "cualquier cosa" y me sonrió con picardía. Como si le hubiera dicho algo sucio. Algo prohibido.
Habíamos quedado que yo debía decirle algo al oído, "cualquier cosa" que se me ocurriera. Yo lo apliqué literal con excelentes resultados porque él se mostró tan natural que nadie habría dicho que era gay. ¡A lo sumo le gustaría cambiar de equipo de vez en cuando! Pero yo sabía que no era así.
—Lo siento muchachos. Mi hermosísima cita me reclama —se excusó mientras se levantaba de la banqueta alta en la que se encontraba y lo arrastraba a la pista de baile en un contoneo de caderas descomunal.
—Hoy estás despampanante —me dijo al oído llegando ya a la pista.
—Voy a representar el papel que me encomendaste con el mismo profesionalismo que vos —contesté impostando la voz en tono seductor.
Comenzamos a bailar y los muchachos no nos sacaban los ojos de encima.
—Tendremos que convencerlos que somos pareja. Ellos no vieron la excelente representación del beso que desplegaste —grité en su oído pues él bochinche era ensordecedor.
Me sonrió en respuesta. Expectante. Le sonreía todo el rostro.
Comencé s bailarle alrededor con movimientos sensuales, atrevidos. Lentamente bamboleaba mis caderas con los brazos extendidos al aire. Él no dejaba de sonreír. Yo diría que sorprendido. Divertido.
Los muchachos desairados seguían el espectáculo con escepticismo. Así que debí aplicar todas mis armas. Empecé a pasarle la mano por el pecho y espalda mientras giraba a su alrededor, le rozaba mi cuerpo, me agachaba con desparpajo delante de él que me miraba azorado. Creo que lo sorprendí. Su muestra de audacia en el beso anterior habían declarado la guerra. Yo no me iba a quedar atrás. Yo también podía demostrar realismo. Virtual pero realismo al fin.
Cuando salimos del lugar nos reíamos mucho comentando las caras que tenían los desairados
Cuando salimos del lugar nos reíamos mucho comentando las caras que tenían los desairados.
Nos seguía el dron que había quedado a nuestra espera, suspendido en la puerta del boliche. Siempre filmábamos con el dron, todo lo que hacíamos al aire libre o con los celulares en los interiores. Siempre lo configurábamos en modo invisible. Usaba la tecnología "Cloacking" o capa de invisibilidad. Es una capa de diminutos cristales hexagonales que desvían la luz alrededor de un objeto dejándolo oscuro a la vista. Así evitábamos sabotajes o hurtos.
Ya había aclarado. Esperamos para ver el amanecer en el río abrazados como siempre. Era un momento que no me cansaba de vivir con él.
Yo no sé qué haría cuando él decida formar un hogar o yo misma encuentre a mi alma gemela.
Caminamos unas cuadras. El dron sobre nosotros, silencioso, invisible, siguiendo el celular de Milho, registrando todos nuestros pasos. Yo con las botas en la bolsa que había dejado en el guardarropa; y puestas, unas zapatillas de salir muy cómodas. Ahora Milho me llevaba unos ocho centímetros más que hacía un rato.
Aguardamos en la fuente "Las Nereidas" de Lola Mora a que amaneciera. Admiré la formidable obra que había construido aquella formidable mujer transgresora hacía más de un siglo ante la admiración de los hombres que no podían creer que una mujer fuera capaz de llevarla a cabo por la fuerza que se necesitaba para manipular las herramientas y por la destreza que requería desplazarse por los andamios. Pero ella lo consiguió ¡y en pantalones! que enseguida fue considerado un agravio a la moral. Tanto habían desconfiado que pudiera hacerlo que pusieron en duda si había sido ella la que dirigió el proyecto en Roma.
Cerca está la reserva ecológica y el río. Allí bajamos antes de que asome el sol.
—¡No te tenía tan audaz! —comentó rompiendo el silencio y fingiendo desinterés mientras la bola de fuego hacía su entrada en el firmamento.
—¡Dale Milho! ¿Y vos? Derrapaste, pisaste la banquina y te fuiste al pasto. En ese orden.
—¡Ah!, ¡andá! Ni siquiera te besé como corresponde. ¡Como si hubiese sido la primera vez!
—¿¡Cuándo te hiciste así el galán conmigo!?
—Muchas veces te rescaté de varios indeseables.
—No te hagas el sota que nunca hizo falta tanto esmero como hoy. ¿Se pusieron de acuerdo?
—Yo creo que ya nos deben tener junados. Ya nos conocen y sospechan. Vamos a tener que cambiar de táctica.
Me quedé pensativa un momento mientras la esfera ardiente se elevaba desde el agua.
De pronto me embargó una melancolía intensa. Milho me abrazaba desde la espalda. Como si fuéramos novios. Pero no lo éramos. Hubiera deseado poder girarme y darle el beso que no quiso entregar por completo en el boliche. No porque deseaba que fuera él quién me lo diera. Deseaba tener a alguien como él que me amara distinto a él.
—¿Vamos? —preguntó en un bostezo totalmente ajeno a lo que me ocurría.
—Vamos —contesté.
Tomamos el colectivo que recorre la amplia avenida Figueroa Alcorta de hermosos monumentos y grandes arboledas que atraviesa los bosques de Palermo.
Pagamos el pasaje pasando nuestros celulares por el lector instalado. Este nuevo sistema se había implementado hacía muy poco y tomaba la información de la aplicación de la tarjeta de crédito instalada.
Nos sentamos en el último asiento. La moto había quedado en su casa porque al salir varias horas atrás, lloviznaba.
Milho se acostó y puso su cabeza en mi regazo.
Es tan tierno.
Le acaricié la cabellera y se durmió un rato.
Media hora más tarde estábamos en la parada de nuestro barrio.
Caminamos a casa en silencio. Pensativos. O con sueño.
Aún tenía esa necesidad de ser querida, mimada. Deseaba estar enamorada con alguien. No de alguien o como ahora que estoy fantaseando con un imposible por la falta de otro prospecto.
Llegamos a casa. Me sonrió con esa sonrisa tan encantadora que siempre me dedica y me abrazó para despedirse. Me dio un beso.
¡En la mejilla! ¡¿Qué pensaste?!
Pero antes de que pudiera alejarse un impulso se apoderó de mí.
—Quedate a dormir...



Capítulo 2:            ¿Me besa?

La primera vez que durmió conmigo en mi cama, fue a los once años, cuando me dieron la noticia de que mi mamá había muerto. La noticia más terrible de todas.
Ocurrió de golpe. Un accidente de tránsito. Me había comprado un chocolate para traerme como hacía todas las semanas.
En retrospectiva puedo decir que él, un niño aún, un varón, se comportó como un adulto. O mejor.
Mi papá le había pedido a sus padres que se quedara a dormir para hacerme compañía durante la noche.
Como siempre que nos quedábamos hasta tarde viendo películas 3D o jugando con realidad virtual, mi papá tiró un colchón en el piso al lado de mi cama donde siempre charlábamos hasta que nos vencía el sueño.
Esa vez no había sido el caso. Cuando llegó a casa, nos fuimos al dormitorio. De detrás de su espalda, sacó su mano revelando lo que escondía. Extendió hacia mí el ramillete de flores más bello que me hubieran dado en la vida. Se había trepado al árbol de Ceibo cruzando la calle de casa. La vecina de enfrente se la pasaba custodiando la vereda para echarnos si jugábamos cerca o pincharnos la pelota si caía en su jardín. Con esfuerzo y a hurtadillas se estiró y logró arrancar el más hermoso que jamás había visto.
La flor nacional y la preferida de mi mamá por ello.
No pude evitar que mis ojos se llenarán de lágrimas y comenzaran a gotear silenciosos
No pude evitar que mis ojos se llenarán de lágrimas y comenzaran a gotear silenciosos. Él simplemente, en medio del silencio, me abrazó y contuvo los sollozos posteriores sin decir ninguna palabra.
No hizo falta.
Ambos nos entendíamos.
Cuando me calmé nos quedamos aún en silencio armando rompecabezas antiguos que tenía mi mamá.
Más tarde nos dispusimos a dormir.
Yo en la cama y él en el colchón. Esta vez hablamos mucho mirando el techo estrellado formando galaxias de luces led que había armado mi papá para mí.
Hablábamos sobre ir al cielo mayormente. Como nos habían enseñado que nos pasaría al
morir.
—¿Creés que se acordará de mí cuando vaya al cielo?
—Claro. Es tu mamá.
Silencio.
—¿Por qué se la llevó Dios, Milho?
—No sé... Tal vez la necesitaba para algo importante me dijo mi papá.
—Pero Dios puede hacer todo si quiere. ¿No podía hacerlo Él?
—No sé Cane...
No pude evitar el llanto ante esa respuesta. Sé que Milho se puso muy incómodo. Pero se levantó del colchón y se metió entre las sábanas detrás de mí.
Me abrazó.
Sentí una paz inmensa. Lentamente dejé el llanto convulso y compungido para derramar cascadas silenciosas.
Él es adoptado, pero siempre tuvo a sus dos papás. Igualmente entendía la tristeza de que te falte alguien que debía estar siempre con vos.
Es mi amigo del alma. Él sabe todo lo que a mí me pasa y siempre consigue ayudarme.
Dormimos haciendo cucharita.
Ese mes se pasó a mi cama muy seguido. Yo sólo me sentía mejor cuando me abrazaba fuerte y podía sentir su pecho, su respiración acompasada en mi espalda hasta que me dormía.
Poco a poco ese nudo en el pecho que revelaba mi angustia se fue sanando. Cada vez hizo menos falta que debiera acompañarme a dormir. Hasta que un día nos encontrábamos haciéndolo como en los viejos tiempos en que jugábamos realidad virtual y nos dormíamos vencidos de sueño luego de largas charlas de leyendas e historias de terror que nos contaban nuestros compañeros en la escuela que "le pasó al amigo de un amigo del compañero de mi papá".
 Hasta que un día nos encontrábamos haciéndolo como en los viejos tiempos en que jugábamos realidad virtual y nos dormíamos vencidos de sueño luego de largas charlas de leyendas e historias de terror que nos contaban nuestros compañeros en la escu...

—¿Qué te pasa que me pedís que me quede? —preguntó esta vez, preocupado.
—Nada. Sólo necesito de tus mimos.
—¡Después te malacostumbrás! —dijo juguetón y balanceándose sobre mí y sujetando mis muñecas haciendo rodar mis brazos como en un pase de baile.
—Prometo solemnemente no mal acostumbrarme —juré soltándome y extendiendo mi palma al aire con la otra sobre mi corazón.
—¡No te creo nada!
—¡En serio! Te lo juro.
—No, eso no. No te creo que no te pase nada.
—Vos me conocés como nadie.
—Sí, así que contame.
—Solamente me puse un poco melancólica. Tengo un poco de angustia y vos sos el único que me la saca. Lo mismo de siempre.
—Un día de estos me encuentra tu papá y me saca a patadas.
—Daaaaleeee ¿siiii? —rogué con ojos gigantes y haciendo pucherito sensual con la boca. No porque a él le resultara estimulante. Sino más bien porque quedaba muy tierna e irresistible.
Efectivamente, no pudo resistirse a mi puchero.
Bajó el dron con el mando de la aplicación del celular y lo apagó. Todavía conservaba mucha carga ya que durante el día usaba energía solar mientras recargaba su batería, cuya autonomía es de al menos 48 horas de duración. Y durante el día era imposible que no cargue ya que la mínima luz solar del día más oscuro, era captada, transformada y utilizada o almacenada.
—Tenelo vos este "finde" —dijo entregándome la memoria—. Descargala a ver si hay algo bueno para el taller.
Se refería al de Artes Visuales para el que debíamos recopilar material y armar un corto.
Se refería al de Artes Visuales para el que debíamos recopilar material y armar un corto
Subimos a su dormitorio. Yo bajé la persiana dejando todo bien a oscuras, me fui al baño y me puse el pijama.
Ya no dormíamos haciendo cucharita. Solamente hablábamos boca arriba o de frente.
Cuando salí del baño, él se había metido en la cama. Se había sacado la remera. Por algún motivo eso me impactó.
¡Qué lindo estaba!
—¿No te molesta que me saque la ropa? Así no se me arruga tanto. Va, más que nada me siento incómodo.
—No voy a ponerme exigente —dije irónicamente.
Me acosté a su lado y quedamos frente a frente.
Nos metimos con las cabezas bajo las sábanas y charlamos en susurros.
Hablamos como cuando éramos chicos.
—Tu papá mañana no te irá a querer despertar temprano para algo ¿no? —consultó preocupado.
—No. Pero no te preocupes que no entra a mi cuarto sin mi permiso. Además puse llave.
—Bien.
—Hablá bajito. Que si escucha que estoy con alguien ahí sí va a querer entrar.
—Bueno —susurró y yo me sonreí.
—Me quiero hacer un tatuaje.
—¿Dónde?
—Acá —contestó y removiendo las sábanas tomó mi mano y la pasó por el costado de sus marcados abdominales por si no los hubiera admirado como correspondía antes.
Me puse como un tomate y para distraerlo de mi incomodidad continué el interrogatorio.
—¿Y qué te vas a tatuar?
—Un pingüino.
—¿Un pingüino? —dije escéptica.
Nunca un dragón, una calavera o "una buena víbora" como diría Les Luthiers, grupo musical cómico del que somos fanáticos desde chicos, cuando nos llevaban nuestros padres antes de que muriera mi mamá. Nunca más pudimos parar de verlos en cada espectáculo.
—Sí. ¿Sabés que son tan fieles que cuando no hay suficientes hembras o machos, se juntan con su mismo sexo y quedan gays de por vida porque no cambian nunca más de pareja?
¡Y sí! Es obvio. Si mi amigo es un pingüinito fiel. ¡Más gay no puede ser!
—Si a vos te parece bien —expresé con poco entusiasmo.
—Sí, me gustan además. ¡El único animal con esmoquin incorporado! ¡Como Les Luthiers! —Nos reímos pues ellos siempre se visten con esmoquin para los espectáculos.
—¡Shhhh!
Estuvimos mirándonos a los ojos un rato bajo las sábanas pero sin vernos realmente. Hasta que él rompió el silencio.
—Tenemos que dejar de hacer esto.
—¿Por qué? Ya vamos a tener tiempo para eso. Cuando tenga novio seguramente no querrá que lo haga —dije esperanzada.
—¡Vos tenés prohibido tener novio! —sentenció sobresaltado en un susurro un tanto elevado.
—¡Shhhh! Mi papá te mata —. Yo sí susurré.
—¿Ves por qué tenemos que dejar de hacer esto? —puntualizó.
Hubo un silencio de un minuto. Hasta que recordé su sentencia.
—¡Vos no podés prohibirme que tenga novio!
—Claro que sí —susurró.
—No.
—Sí.
—Entonces vos tampoco.
—Yo soy como tu hermano mayor. Yo soy el que pongo las reglas en esto.
¡Awh! Eso dolió. Mi hermano. Claro. Si él era gay. ¿Qué esperaba? Pero igual se me estrujó un poquito el corazón.
Nuestras cabezas chocaban mientras nuestros cuerpos hacían apenas un intento de bollito por el que se tocaban nuestras piernas y nuestras manos chocaban puños frente a nuestras bocas.
Su boca. Qué linda es. No la veo pero sé que está ahí.
Estábamos muy cerca bajo las sábanas. Silenciosamente nos observábamos en la penumbra. Cada uno en sus pensamientos.
"¡Como puede ser tan lindo!" —gritaba mi mente que en la oscuridad evocaba sus facciones.
Esa boca es tan invitadora. Me encontró mirándole alevosamente los labios. Si es que me veía.
Y de la nada se apoyó en un codo y pasó su brazo por sobre mí acercándose peligrosamente a mi boca. No lo veía bien. Solo sabía que se acercaba, podía sentir el movimiento del colchón bajo nosotros y de su cuerpo pegándose al mío lentamente.
La respiración se me aceleró a mil kilómetros por hora. Mi corazón se desbocaba.
Ya no podía contener el aliento. Cierro los ojos.
Siento su respiración.
Se acerca tanto que... ¿Me besa?

🌨🌨🐧🐧🐧🌨🌨

Claro que no me besó. ¡Es gay!

Se estiró hasta alcanzar el celular que había dejado sobre la mesita de luz que estaba de mi lado.

Solo iba a poner la alarma y se acercó a mi oído como hace siempre, como imagino que haría Ricky Martin. Lento, seguro, avasallante. Sin pedirte permiso pero con cuidado de que estés de acuerdo, de no lastimarte. Al menos físicamente. Porque emocionalmente me dejó hecha un estropajo.

Ante la sorpresa, yo había girado mi cara evitando su boca. Si lo hubiera pensado no lo habría hecho. Pero hubiera sido raro que me dejara besar así. Es mi amigo. Y es gay.

Si bien él no tenía intenciones de besarme, al girar mi cara, en la oscuridad, me encontré de frente con la suya hablándome a mis labios. ¡Podía sentir tan cerca su fresco aliento a caramelos de menta y chocolate! Casi los rozó por un segundo al susurrar: —¿A qué hora te levanta tu viejo así me voy antes?

Quedé tan congelada que no podía reaccionar para contestarle. Él creía que me estaba hablando a mi oído.

Se incorporó mejor hasta alcanzarlo bien. Lo viví con pánico. Como en cámara lenta sentí que se cernía sobre mí. Su pecho rozándome el seno derecho, su cuello pasarme por la nariz obligándome a apreciar su perfume masculino que me volvió loca. Casi me estiro y le estampo un beso allí. Por suerte seguía petrificada. Habría dado en su hombro o en el brazo, porque entre la oscuridad que no dejaba ver más que bultos y que en realidad fue tan rápido, ni habría reaccionado a tiempo.
—¿Escuchaste?
—¿Eh? ¡Ah! Sí. Hasta las once me deja dormir seguro.
—Bueno, vas a tener que distraerlo para que no me enganche bajando justo.
—Sí, capaz tenés suerte y no tenés que saltar por la ventana.
Manipuló su celular y puso la alarma.

Quedé casi temblando."¿Qué me pasa? ¿Cómo creo que me va a besar?"
"Si me hubiera besado, habría sido mi primer beso de adulta", reflexioné.

Nos habíamos aislado tanto, que andábamos los dos solos para todos lados. No teníamos chance de conocer a alguien que nos interesara tanto como para querer tener nuestro primer beso.
Yo no iba a tenerlo en un boliche con un desconocido que tal vez vería después o no. Yo quería enamorarme de alguien. Y por lo que sabía Milho pensaba igual que yo. Pero nunca lo hablamos abiertamente. Tal vez alguna vez se habría transado a alguno de los bombones que lo rodeaban sin que me lo cuente.
Nunca hablábamos libremente de esos temas. Éramos de esos hermanos celosos que charlaban de todo menos de enamorarse. Nos daba vergüenza. Bueno, a mí me daba vergüenza. Calculo que a él también.

—¿Alguna vez te tranzaste a alguien? —escupí antes de que mi cerebro tome control sobre mi boca.
—A vos.
—Naaa, daaale. Nosotros nunca chapamos.
—¿Cómo que no?
—Naaa, esos apenas eran picos y ya ni me acuerdo.
Nos miramos sonriendo.
—Dale contestame.
—Shhh señorita, esas cosas no se preguntan.
—Daaaaale, ¿por qué no?
—¿Y vos?
—Yo no. ¿Viste qué fácil? Ya está. Ahora vos.
—Tranzar, tranzar no. Una vez me costó sacarme a alguien de encima pero yo no quería que me bese.
—¡Hay gente zarpada! ¡Se van al pasto!
—Sí. —Pensó un minuto y arremetió—. Nunca te gustó nadie como para chapártelo. ¿No?
—No.
—Sí, a mí tampoco. No se me ocurre a nadie que me hubiera chapado.
—¿Vos también esperás a alguien especial?
—No sé si "espero". Hasta ahora no se dio. Si nos la pasamos pegados nosotros dos.
Me reí.
—Es cierto.
Silencio.
—¿No estaremos dándole demasiada importancia a un simple beso? —pregunté honestamente.
—Puede ser.
—¿No te daría vergüenza ser demasiado viejos para no saber besar bien cuando encontremos a esa persona especial?
—No lo había pensado... Pero de ser necesario podemos practicar juntos.
—¡¿Estás loco?! —exclamé.
—¡Shhhhh! Que al que van a matar es a mí.
—¿Estás loco? —susurré esta vez.
—Cuántas veces nos besamos. Es una cuestión de práctica de movimientos. Como bailar. Sólo que con nuestras bocas.

Evidentemente a él no le afectaba para nada mi cercanía y no le importaría tampoco besarme. Pero yo, de sólo escuchar salir esa propuesta de sus labios me mojé toda y se me disparó el ritmo cardiaco.
Me quedé en silencio. Mi pecho subía y bajaba por la excitación. ¿Qué pasaría si le dijera que sí ahora? ¿Me besaría? ¿O se escandalizaría por haber aceptado semejante locura? Seguramente me está probando.

—¿Te volviste a poner melancólica?
La verdad era que nunca me había abandonado el nudo que tenía en el estómago desde el amanecer.
—Sí.
—¿Qué te pasa?
—Tengo ganas de estar enamorada. ¿Vos no?
—¡Ah! ¿Es eso? Pensé que era algo más serio. Vení.
—¿Qué?
—¡Vení! —insistió poniendo su mano en mi cintura y girándome hasta quedar de espaldas a él—. Sabés que podés contar conmigo cada vez que necesites mimos.
Sí, lo sabía. Siempre podía contar con él.

Me abrazó. Podía sentir su pecho desnudó y firme en mi espalda. Sujeto mis antebrazos en un fuerte abrazo.
¡Qué bien se siente eso!

—¿No tenés ganas de conocer a alguien que te quiera?
—Yo soy feliz así como estoy. No me falta nada. Mirá que bien estamos ¿eh?
—Sí —asentí sonriendo.

Sentía su respiración en mi cuello. Me hacía cosquillas. Hacía años que no dormíamos así abrazados. Mi corazón tamborileaba. No se sentía como cuando éramos chicos. Esto era muy intenso.
—Ya vamos a tener tiempo para meternos en problemas.
—¿Por qué creés que serían problemas?
—Va a ser difícil encontrar a alguien con quien no haya ningún drama como entre nosotros. Estamos mal acostumbrados.
—¿Vos decís?
—Sí.
—No se me había ocurrido eso.
—Por ahora así estamos bien. Si llega alguien especial, se dará naturalmente. ¿No te parece?
—No quisiera desperdiciar mi primer beso en alguien que no se lo merezca.
—Ya veremos. Y si no, contá conmigo.

Esas palabras de nuevo. Con esa intención. ¡Dios! ¿Qué me está pasando con mi amigo? Yo para él soy como una prima a la que puede besar sin enamorarse. No tiene idea las cosas que me están pasando cuando me habla así. Yo no puedo separar lo físico de lo sentimental. Me están pasando cosas que antes ni pensaba. Haber probado una muestra en la comisura de mis labios de lo que me estaba perdiendo me afectó fuerte.

Ahora mi respiración subía y bajaba mi pecho con mucha intensidad.
Tenía miedo que lo notara.
Me tenía atrapada contra sí. Sus piernas se pegaban a las mías.  Su respiración aún la sentía fuerte en mi cuello que estaba deseando un beso suyo.

"¡Qué bien se siente esto!", pensaba.
"Cómo me habría gustado que no fuera gay. Lo habría besado yo".

Habíamos estado charlando por cerca de una hora hasta que finalmente nos venció el sueño.

Lo mejor no fue sólo yacer a su lado con esa tensión sexual que sentí todo el tiempo. Sino despertar abrazada a él y con un beso que estampó en mi cuello.

🛌🛌🛌🛌
      Con mi hombro atrapé apenas su mentón en mi cuello tratando de retener ese beso y la sensación que recorrió mi piel hasta mi cintura y mi pecho. Mientras mi cuerpo se despabilaba con pereza.
Quisiera seguir durmiendo hasta las cuatro de la tarde con él.
Intentó soltar su brazo de entre los míos y se los retuve evidenciando mi disconformidad.
—Vamos preciosa que tu papá me mata si me ve.
—Hacete el que llegaste recién...
—¿Estás loca? ¿Te creés que no se habla con mis viejos?
—¡Ufaaaa!
—Dale, levantate y abrime a ver si zafo de tirarme por la ventana.

Gruñí algo ininteligible y me fui al baño.
Luego fue su turno mientras yo revisaba la ubicación del objetivo a eludir.

Mi papá seguro se había ido a comprar facturas para desayunar. Los sábados dormíamos como mínimo hasta las diez de la mañana, sin importar la hora en que nos acostábamos.

"No hay moros en la costa" envié por what's up mientras cuidaba el frente de una emboscada.
Bajó ya vestido y me besó la frente.
—Hablamos —dijo y se escabulló entre árboles y plantas de las casas vecinas.

Zafamos de tener que dar explicaciones o recibir sermones.
Para mi viejo no importaba que fuera gay. Él debía saber cuándo se quedaba a dormir y debía hacerlo en el dormitorio de huéspedes.

Pasaron unos minutos hasta que llegó mi papá.
—Hola linda. ¿Cómo la pasaste anoche?
—Bárbaro como siempre.
—¿Te trajo Milho no?
—Sí, vinimos en colectivo.
Nunca le mentía a mi papá. Simplemente no andaba abundando en detalles innecesarios
Me entregó las facturas que había comprado y las acomodé en un plato.
—Bien. Nunca vengas sola a la madrugada ¿eh?
—Sí pa.
—Ni con un desconocido. Sino me llamás y te voy a buscar.
—Sí paaaa —dije impaciente. Siempre me daba el mismo sermón.
—Y mucho menos borracha. Ya sabés que anda mucho degenerado dando vueltas y borracha estás indefensa. No sabés lo que te pasa ni tenés las armas o la lucidez mental para defenderte.

Cada vez que decía eso me dejaba impactada por la frialdad de la situación. Conocía chicas que borrachas se dejaron hacer cualquier cosa y luego no sabían ni quién las había contagiado o embarazado. Lo peor es que nadie intervenía pues no sabían lo que ocurría porque ellas no pedían auxilio. Cobardes que se aprovechan de esas situaciones nunca faltan. Son miserables que creen que pueden salir impunes de cualquier cosa que hagan.

—Sí pa, no te preocupes. Casi soy abstemia y Milho también. Además nunca me deja a gamba. Siempre volvemos juntos.
—¿Sino me vas a llamar?
—Sino te voy a llamar. En serio.
Me bajé de la banqueta del desayunador y le enchufé un ruidoso beso en la mejilla.
Me sonrió embelesado.
Lo quiero tanto. Es mi luz. Nunca rehizo su vida desde que murió mi mamá. La extrañamos.
Aunque cada tanto me avisa que no vuelve a dormir a casa. Antes no sabía qué hacía. Pero ahora podía imaginármelo.

Lavé las tazas y acomodé el resto de las facturas en el envoltorio para atacarlas de nuevo en la merienda.

Tenía sueño. Subí a mi dormitorio y busqué la memoria del dron.
Milho me había encomendado descargar las imágenes para seleccionar las que podrían servir para el taller audiovisual.
Eran muchísimas horas de video pues tiene un disco SSD de gran capacidad de almacenaje que se extrae y se conecta a la compu por USB. Podría descargarlo por WiFi pero como ya dije son muuuuchas horas de vídeo.

Dejé la memoria descargando para cambiarla luego por la nueva que trajera Milho con los nuevos vídeos de su caminata ida y vuelta. En este momento lo estaba siguiendo a él solo. Nunca se sabía qué podía encontrarse en el camino.
Mientras descargaba, me puse a terminar un muñeco con los colores de Boca Juniors, el equipo de fútbol del que Milho es fanático. Era una bola hecha de medias rotas o corridas de nailon, a la que le pasaba lanas azules en una franja superior y otra inferior; y en medio una franja amarilla. Le agregué una nariz ovalada color roja que apenas se veía en el matorral amarillo y unos pies también rojos que tampoco se dejaban ver fácilmente entre las muchas lanas azules que colgaban.

Se lo regalaría junto a alguna prenda de vestir el día de su cumpleaños. Siempre pensé que hacer algo especialmente pensado y usando tus propias manos era mucho más valioso que cualquier otro regalo.

Me faltaba agregarle un cartelito con algún mensaje simpático. ¿Tal vez un mensaje oculto? ¿Un doble sentido? No lo sabía aún. Algo pensaría.
Tal vez le escondería entre los muchos mechones un texto escrito también en lana. Algo que no fuera fácil de ver, salvo examinándolo con detenimiento.

Un sonido me sacó de mis pensamientos. Era la tarjeta que ya había descargado todo su contenido en mi ultrabook.
Me pongo a revisar las imágenes.
Escenas de nosotros riendo, tomados de la mano, caminando, mirándonos furtivamente. ¿Me mira? Parecemos una parejita de enamorados. ¡Guau! ¿Qué estoy diciendo? Sin embargo, si no fuéramos nosotros, lo creería. ¿Siempre fue así o solo ahora lo noto? ¿Por qué todo me parece extraño últimamente? Como si hubiera algo distinto a lo que siempre pensé.

¡Ay! ¿Por qué tiene que ser gay? Ahora mismo estaría soñando con un futuro juntos. Bueno. Ya sé que tenemos un futuro juntos, pero ¡no un futuro juntos en su cama! ¡Y no de amiguitos! ¡Vos me entendés! Pero ni siquiera puedo ponerme a soñar. Simplemente lo descarto y listo. Últimamente tengo que descartar más seguido esa idea de mi cabeza. Antes ni se me cruzaba.
Parece que encendiera a cada rato como las velitas holográficas de las tortas de cumpleaños que se encienden solas con música a cada rato hasta que las soplás de vuelta. Son infinitas hasta que chasqueás los dedos tres veces y se desactivan.

Suena el teléfono. Es un mensaje de él.

Me dice: Ya te extraño.
¡Ay! ¿No es un tierno? Yo también lo extraño. Si desde que se fue que estoy haciendo cosas para él o pensando en él.
Quedamos que volvía a la noche. Tal vez hacíamos una previa en casa y después nos íbamos al boliche. Sino maratón de Volver al futuro o Star Wars.
Teníamos que planificar el domingo.



Capítulo 3:            Padres

Almorzamos con mi papá y me tiré a dormir una siesta porque los ojos no me daban más.
Me puse a escuchar un libro con mi teléfono que lee todo lo que se pueda ver en la pantalla y cuando me quedo dormida, los sensores lo ponen en pausa para continuar luego en cuanto me despabilo.
Me despierto con un mensaje de Milho advirtiendo que nuestros padres habían quedado en hacer un asado en casa.
¡Me tengo que cambiar!
Me bañé y empecé a buscar ropa.
¡Todo un dilema!
El placard desborda, pero nunca tengo nada para ponerme. Elegí una minifalda-short de un patrón en gris y blanco y una remera ajustada negra que transparenta mi corpiño de igual color con una textura que simula ser telas de araña. Reservé las botas negras de caña alta para el momento de salir.
Para el asado lucí unas zapatillas y me cubrí con un saco.
Me encontré arreglándome más de lo habitual. Ensayaba maquillarme los ojos para que resalte su marrón meloso. Trataba de recordar las veces que Milho me había halagado el look para imitarlo.
De pronto me daba cuenta de lo que estaba maquinando y sacudía mi cabeza tratando de desprender esos pensamientos.
No lo puedo creer.
¡No puedo estar pensando en seducir a mi amigo...GAYYY!
¡Dios!
Suena el timbre.
Bajo corriendo y recibo a Milho que llegó con la moto y sus padres lo siguen en el auto.
—¿Vamos en moto hoy?
—Obvio —contesta y me besa el cachete.
¡Awww! Se agacha seductor como sólo él y un joven Ricky en su época de esplendor podían hacerlo.
—¿Y tus viejos no tienen que quedarse en el negocio? —pregunto porque era raro que tuvieran el sábado libre.
—Hoy se lo dejaron a los encargados. Comemos, nos vemos una peli o algo y después nos vamos.
—¡Genial, dale!
Nuestros padres saben que Milho es muy responsable y que no toma alcohol. Por eso le confían que vaya en moto y además me lleve.
Mientras los viejos de Milho preparan la parrilla con mi papá, nosotros dos nos encargamos de las ensaladas.
Ya se puso a hacer dibujitos con los ingredientes de la ensalada rusa.
Encima son tréboles, florcitas, corazoncitos, pajaritos, patitos de pico de zanahorias y cuerpo de mayonesa.
¡¿Por qué es tan gay?!
Me chanta un dedo con mayonesa en la nariz.
Nos reímos y en cuanto se distrae le planto uno yo.
Antes de terminar enchastrados conjuramos el acostumbrado "pido gancho" y nos vamos al baño a lavarnos bien la cara
Algo pasó que lo incomodé y tuvo que disimular lo que fuera que estaba haciendo. Pero no pude darme cuenta y no me dio la cara para preguntárselo.
Algo está cambiando entre nosotros. ¿Estará notando lo que me está pasando?
Tengo miedo que mi cabeza termine dañando nuestro relación. Tengo que controlar mis pensamientos.
Pero ¡qué lindo es! No me canso de admirarlo.
Terminamos de limpiarnos, me pongo el saco que había dejado fuera para no mojarlo y volvemos a la mesa.
Los padres de Milho son un cago de risa. Sí, te cagás de la risa. Son dos cordobeses que como buenos cordobeses, se la pasan contando cuentos de borrachos, de gallegos, de santiagueños, de porteños, de lo que venga pero con representación y todo. ¡Son increíbles! Siempre nos divertimos mucho con ellos. Muchas veces más que cuando nos encontramos con nuestros compañeros de colegio.
Contaban el chiste ese del borracho que los compañeros circunstanciales de copas, lo tienen que llevar a su casa porque intentaban pararlo para que se vaya y no se podía mantener en pie golpeándose con cuanta cosa tuviera enfrente hasta que deciden llevarlo a la rastra y enfrentar a su mujer.
Casi me meo en el remate cuando el padre de Milho dice:
—Y la señora le contesta: "Mire, entiendo todo,  que este "culeao" haya tomado tanto y que lo tengan que traer a casa, pero ¿dónde dejaron la silla de ruedas?"
Pataleábamos tirados en el piso de la risa. ¡Llorábamos!
Lo mejor fue la representación del tipo arrastrándose para volver a la casa habiéndose olvidado que no podía caminar de lo "chupadazo" que se encontraba el vago.
Ellos sirvieron las achuras, costumbre arraigada por todos los argentinos y que heredamos de los esclavos negros que comían todas las partes de las reces.
No faltaron chorizos, morcilla, riñones, chinchulines y como corolario del asado más completo que exista, además de las deliciosas mollejas, rodajas de queso provolone en una vasijita de barro a la medida para poner sobre la parrilla con salsa de tomate y unos ajíes morrones asados encima. ¡Un lujo!
Comimos hasta que no dimos más.
Los platos se los dejamos a ellos.
Nosotros dos nos tiramos a oscuras en el sillón del comedor a escuchar música. Cada uno agregaba un tema al equipo desde su celular. Jugamos a decir el nombre de la canción y el autor.
Milho apoya la cabeza en mis piernas. Y con la luz que penetra por la ventana deja entrever sus firmes pectorales y anchos brazos marcadísimos por la remera ajustada que está usando.
Le acaricio el cabello y me ronronea como un gato. ¡Dios! Cada cosa que hace me gusta más. Apoyo una mano en su pecho y ronronea de vuelta.
—¡No podés!
—No puedo ¿qué?
—¡No podés ser tan mimoso!
Me ronronea de vuelta. ¡Dios!
Nos quedamos ahí un par de horas entre el postre y todo. De la nada, comienzan a sonar unos temas lentos.
¡Uy! ¡Qué melancolía! Yo acá con ganas de estar enamorada de alguien pero estoy con un chico que jamás me va a dar bola y ¡encima me ponen estos temas! ¡Me quiero chocar con un tren de frente!
Vienen los padres de Milho y atrás el mío. Escucho que uno le dice a otro:
—¿Y estos dos?
—¡¿Quién sabe?! —contesta.
Creo que hacen un gesto con los hombros. Pero me hago la giluna. Sí, la gila, la boba, la tonta.
Se ponen a charlar de la época en que en los boliches se bailaban lentos al final de todo y qué sé yo qué cosas más pasaban cuando ellos iban a la primaria.
De la nada uno invita al otro y terminan bailando en el comedor.
Mi papá se acercó y me sacó a bailar. ¡Qué tiernos! Pero ¡nada más aburrido que bailar lentos con tu papá! Así que hizo tres pasos y le cedió la pieza a Milho que no dudó.
¿¡Podés creerlo!? El aparato se pone a bailar conmigo como si fuera el último mohicano. Bueno, me refiero, ¡vos me entendés!
Y a mí me revoluciona todas las hormonas que ya tengo alteradas de por sí.
Siento el aroma de su perfume y me quiero morir ahí acurrucada en su cuello ¡¡por favor!! ¡Qué alguien acabe con mi miseria!! ¡Con esta tortura que se empeña en proseguir!
Encima el pecho firme que contemplaba un momento atrás y que apenas palpaba con el peso de mi mano sobre él, ahora lo siento en todo mi pecho.
¡Ay! ¡Qué ganas de apretujarlo contra mí! Le beso el cuello.
Suena "I don't want to miss a thing". Un clásico.
También siento sus piernas contra las mías.
Es un gay tan varonil conmigo que me confunde. Bueno, él no es del estilo mariposa. Es más bien de los varoniles aunque se le escapa la mariposa en la decoración en general.
Después de tanto arrumaco, me cambio las botas, me pongo la campera de cuero y salimos.
Otra vez más músculos para palpar. Esta vez su abdomen, cintura y espalda. Aprovecho para abrazarlo más fuerte.
Llegamos al boliche y me da la mano para entrar. ¡Este chico nunca va a conseguir novio si los sigue espantando conmigo!
Otra no le queda si tiene que llevarme de vuelta a casa igual.
Lo dejé solo un momento y me fui a bailar, mientras desintoxicaba de él mi organismo.
Se me acerca el mismo pesado de ayer.
—¿No sabe tu novio que no te tiene que dejar solita si no quiere que otro te robe?
—No podés robarme si no me dejo.
—Las pertenencias no se resisten. Necesitan a su dueño para que las cuide.
—Tal vez esta pertenencia muerde.
—Me encantaría.
—¿Estás seguro?
—Por vos me dejo morder todo. ¿Cómo te llamás preciosa?
—¿Siempre sos tan insistente?
—Mucho más. Esto no es nada.
—Canela.
—¿Te traigo un trago?
—No, los tragos me los pido yo.
—¿Y la canela?
—Yo, me llamo Canela. Pero ya me voy con mi novio —dije resaltando lo último.
—¿No querés saber cómo me llamo?
—No
—Damián.
—Me voy —amago a irme y me toma del brazo.
—Quédate, tu amigo está bien acompañado.
Lo miro a Milho y veo que lo abandona un bombonazo de esos como él y lo abordan un grupo de desubicadas.
—Seguro ya me extraña.
¡Qué creído este tipo! Aunque debo reconocer que es fachero. Buena pinta. No está nada mal. Y seguridad no le falta.
Me vuelvo hacia Milho que ya me reclama. Las chicas tienen razón. Con semejante bombón quién no haría el intento. Pero en cuánto me ven venir, se dispersan. Yo lo abrazo. No puedo evitar marcar territorio.
"Yeguas, este potro ya tiene amiga y soy yo la única para la que tiene espacio su amistad".
¡Dios quiera que nunca me cambie por otra!
—Se ve que me conocen —le digo y me sonríe.
—Eso parece.
Bailamos un poco.
Me hago la linda... Creo que no me sale bien. Ni me mira. Obvio. ¡Qué esperanza!
Un rato más tarde en que me puse a charlar con unas compañeras de inglés, lo rodean de nuevo. Ahí está mi tímido otra vez. Todos los bombones más lindos del boliche lo toquetean y lo acorralan. Él los esquiva como puede.
No entiendo cuándo va a aflojar con alguno que le guste y se lo trance bien tranzado.
Ese día ¡cómo voy a sufrir!
Mejor me voy haciendo a la idea.
Pero por fortuna ahí está mi señal de nuevo. El engreído de Damián me saluda con un trago en la mano.
Me acerco como una loba a Milho y le digo.
—¿Vamos? —miro a Damián que no me saca la vista de encima.
—¡Vamos! —confirma.

El viaje de vuelta no fue menos intenso que a la ida. Hoy volvemos cuando todavía es de madrugada.
Hermoso. La brisa fresca nos pega en el rostro.
Cuando llegamos, los viejos de él todavía están en casa y habían caído un par de amigos gay que esperaban saludar a Milho.
Me cuentan los padres de Milho que piensan mudarse cerca de casa. Están cerrando la compra de una casa vecina.
¡Qué suerte! ¡Lo voy a tener más cerca!
—¡No me contaste nada! —reto a mi amigo con un golpecito en las costillas que ataja haciéndose el que lo sufre.
—¡Ayhah! Porque todavía no está cerrado.
—Pero ya lo tenemos apalabrado —me confirma su padre.
Cuando se fueron nos quedamos con mi amigo en la puerta charlando de todo.
—Vos no me contaste qué quería el pesado ese del boliche.
—Nada... Saber mi nombre
—¿Y se lo diste?
Dudo en contestar. Usó un tono extraño. ¿Qué le pasa?
—Sí.
—¿Y él?
—¿Él? ¿qué?
—El nombre.
—Ah, Damián.
Silencio. Esta serio. ¿Qué estará pensando? No tengo ganas de un sermón. Ni le pregunto mejor.
—¿Ya se te pasó?
—¿Qué cosa?
—Ya sabés. Tu melancolía.
—¡Ah! ¿Eso? No.
—Vení.
Me abraza y yo me dejo. Me besa el cuello.
Uffff. Me tiene loca. Me va a hacer reventar.
—¿Querés que me quede hoy? Le digo a tu viejo.
—No, mejor no.
Yo sé por qué lo digo.
—¿Segura?
—No.
Reímos.
—¿Mañana nos vemos?
—Sí —¡ups! Demasiado desesperada sonó eso.— Tengo algo para vos. —Con eso capaz disimulo.
Creo que no llego a guardarlo para su cumple.
—¡Dámelo ahora!
—No, mañana. —Ya bastante lo anticipé. —Falta algo. —El mensaje secreto que no vas a ver.
—¿Para qué me dijiste? ¡¡Ahora me muero de ganas de saber!!
—Dale, dame un beso y andate que me voy a dormir.
Me agarra la cara sujetándome los labios con tanta presión que hace que forme una trompa.
Lo miro asustada.
—Vos me lo pediste.
Con una velocidad inusitada se acerca a mis labios y al último mili segundo esquiva mis labios y me besa el cachete.
Casi me da un soponcio, un surmenaje y un paro cardíaco.
¿Por qué me hace esos amagos? ¡¡Besame y ya!! ¡Partirme la boca de una vez! ¡Que se vaya todo a la m...! ¡Qué se vaya nomás!
Dormir fue un suplicio las imágenes de toda la noche, del lento, de todo me torturaron toda la noche. Me pongo a dejarle el mensaje oculto en el muñeco y termino los últimos detalles. IU.

👠👠👠

A la mañana siguiente todavía no me había despertado que ya lo tenía tocando el timbre. Venía a almorzar a casa.
Corro para asearme. Mi viejo le abre y se ponen charlar.
¡¡Ay!! Papá ¿no te gustaría de yerno? Ups... ¡Basta Canela! ¡Controlá esa mente!
Mi papá se mandó una pasta de lo mejor. Los ravioles son comprados en la fábrica de pasta. Pero el estofado de carne lo hizo él.
Las pastas rellenas... mmh... mi comida preferida. Más que el asado, aunque más de un argento quiera matarme.
Por fin hicimos la maratón de Star Wars. En orden cronológico de la historia.
El romance es lo que más me apasiona. Ni que hablar el dolor que me causa cuando él se enceguese tanto que traiciona a su amor y la hiere por celos.
Milho esta vez me abraza en el sofá.
¿Siempre nos abrazamos tanto?
¿Por qué antes no lo notaba? Antes me daba igual. Me encantaba pero ni me lo ponía a pensar.
Terminamos la saga entre chocolates calientes y pastelitos de dulce de batata y membrillo que nos sirvió mi viejo. ¡Un santo!
Para las fiestas patrias es más común que vendan, pero en la panadería de mi barrio tienen siempre y estaban irresistibles. Igual que él. Me la pasé mirándole los bíceps que apenas podía contener la manga de su remera y sus pectorales que asomaban de su cuello escote en V.
¡Cómo le encajaría un chupón!
¡Canela! ¡Degenerada controlate!
Sacudo mi cabeza para distraerme y antes de que se vaya lo llevo a mi dormitorio.
—Cerrá los ojos.
—¿Qué me vas a hacer?
¡Ay! ¿Qué no te haría? Pero huirías como una nena. ¿Lo dije o lo pensé? No, lo pensé.
—¡Nada!
Cierra los ojos y saco el Tío Cosa lanudo de Boca Juniors.
La cara de nene que puso es imperdible. ¡Parece que hubiera retrocedido diez años!
Lo agarró y con él a mí.
Me dio un abrazo tan fuerte que casi me parte.
¡Ojalá! Aunque no por un abrazo nomás.
Me estuvo abrazando extensamente. Tensamente después. ¡Uy! ¿Se habrá dado cuenta que me encanta?
Me sigue abrazando igual aunque ahora más suavemente, pero con firmeza.
Puedo sentir toda su extensión pegada a mí y sin darme cuenta tenía los ojos cerrados.
Estoy absorbiendo cada milímetro de contacto.
Cada sensación. Cada hormigueo.
¿Me está sobando la espalda? ¡Ay sí! Me encanta. Me aprisiona suavecito hacia él. ¡Qué lindo! Siento su respiración en mi cuello.
Se siente como el lento que bailamos en el comedor.
En mi mente es así.
Mi corazón comienza a darse cuenta que esto no es normal. Algo no anda bien.
Respiró con dificultad sobre su pecho.
De pronto abro los ojos...
¡In fraganti!
Me está mirando extrañado.
¡Ahora sí que la cagué!



Capítulo 4:            Clases

Por suerte zafé. Le dije con mi mejor cara que sí, que estaba disfrutando su abrazo ¿¡y!?
¡Y nada!
¿Qué me iba a decir?
¡No!, ¿no podés disfrutar de mis abrazos? ¿De ahora en más sos una planta y no sentís nada? ¡No puede!
Lo miré desafiante y me fui abajo.
Después me saludó y se fue. Estaba raro. No sé. Bueno. ¡Tampoco es para tanto!
Eso sí, mi cabeza no paró en toda la noche.
No sé qué le pasó a él, pero me escribió:
¿Me extrañás ahora que no te puedo abrazar?
Contesté:
¡¡Ay!! Todo el tiempo.
Borré.
Contesté:
Me volvés loca.
Borré.
Contesté:
¿Vos tenés idea lo que me hacés sentir?
Borré.
Contesté:
Te amo hermoso.
Borré.
Contesté:
¿Sabés lo lindo que sos?
Borré.
Contesté:
A vos que sos gay... ¿Te pasó algo?
¡¡Noo!! Borré.

Contesté:
¡Más vale! ¿Vos no? Te quiero amigo.
¡Rata traicionera! A tu amigo no podés hacerle lo que le estás haciendo.
Ya se me va a pasar.
¿Y este Damián? ¡Es un engreído el flaco!
Se me escapó una sonrisa.
Pero simpático.
Y lindo.
¡Está re-fuerte! Está fuerte de brazos. Está fuerte como un roble. Está fuerte la emoción que genera. Está fuerte. Punto.
Como el bomboncito que atocigaba a Milho también. Me pareció que tenía cara conocida.
Me dormí por fin.

💤💤💤

El día arrancó como siempre. Mi papá me despierta después de venir de la panadería. Desayuno liviano. Café con leche con tortitas negras mientras él toma mate. Mmmh!
Fui al cole 📚📕  en colec 🚎. ¡Jaja!
En la primaria teníamos nuestros amigos de nuestro mismo sexo por lo que ya les había contado de las "nenas radiactivas".
Pero desde que empezamos la secundaria, no nos separamos más.
Nos sentamos siempre juntos. La verdad que parece que estuviéramos pegados.
Todo bien. No pasó nada raro.
Excepto que todo era raro.
Seguro soy yo la que me siento rara, pero él está lo más bien. Es el día de clases en qué más atención prestamos.
Hablamos muy poco.
Las clases interactivas son las que más me gustan. En la clase de físico-química los pizarrones proyectaron simuladores con imágenes holográficas del Universo. Con los celulares podíamos incrementar la presencia de determinadas sustancias en las nebulosas como el hidrógeno (el combustible de las estrellas y el elemento más ligero) y fuerzas como la gravedad para ver la formación de estrellas. Me sentía Dios manipulando los elementos para empezar un sistema estelar nuevo.
Es fascinante ver cómo la gravedad hace que el hidrógeno se presione tanto que se caliente hasta que se encienden como una fogata y sin embargo es una fuerza tan destructiva y a la vez tan necesaria como nuestro Sol. La fusión en su núcleo generada por la presión que ejerce la gravedad busca volarla en mil pedazos y la gravedad la mantiene comprimida en una bola brillante de fusión. Es una batalla constante que mientras empaten, estaremos a salvo a su luz y abrigo.
En otras clases de esta materia nos mostraban las supernovas. Antes de explotar forman los elementos de la naturaleza. Hidrógeno, carbono, oxígeno, silicio y hierro. Empiezan a morir cuando la fusión en su núcleo que forma elementos cada vez más pesados crea el hierro. Y este absorbe su energía. Y ahí es cuando la gravedad gana y en la veloz explosión y extremo calor forma la plata, el oro y el platino. ¡Faaa! Por eso no abundan. Sólo se forman en el corto tiempo de la explosión de la supernova.
Pero lo más importante es que su espectacular muerte llena el espacio de polvo de estrellas. Nosotros somos esencialmente carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, ¡¡elementos que formó una estrella!!
¡¡Soy polvo de estrella!! ¡¡Sos polvo de estrella!!
Pronto iban a lanzar una aplicación para jugar a armar galaxias y formar metales preciosos en vez de aldeas y civilizaciones. Pero siempre lo más escaso termina siendo lo más valioso. Se iban a intercambiar elementos con otros jugadores en red. Si todos terminan haciendo oro, al final no tendrá ningún valor.
Como las estrellas forman la materia prima de la vida, estoy segura que el que descubra cómo crear vida va a ganar ese juego. ¡Estoy ansiosa por que salga!
¡Qué nerd soy! ¡Qué gay es mi amigo! Ah perdón. Es que lo estoy viendo y está haciendo órbitas con formas de corazón que generan explosiones estelares. ¡Dios!
En la clase de tecnologías futuras nos mostraron las ideas para manipular o interactuar con hologramas. Se busca cómo poder moverlos, ampliarlos o sostenerlos.
Pero en cuanto tuvimos el Taller Audiovisual se nos despertó el espíritu aventurero. Se nos pasó cualquier rastro de extrañeza entre nosotros.
Pidieron hacer parejas para producir y dirigir un corto de un género distinto cada una.
Milho y yo nos miramos ante las opciones y saltamos por obtener el de acción.
Por supuesto que lo obtuvimos.
No sé si porque siempre hacemos cosas interesantes o divertidas o porque casi nos arrodillamos frente a la profesora para rogarle que nos diera ese género.
Terminamos siempre haciendo tareas solos, pero por supuesto que charlamos con nuestros compañeros. En mi curso no hay ninguna loca desubicada que le ronde a Milho desconociendo que él es gay. Tampoco los varones se me andan lanzando encima a mí.
No es la típica película en la que no hay chico lindo que se libre de que lo acosen. Qué sé yo. Somos chicos normales que si no hay una relación fuera del colegio, no se da nada más allá. Y nosotros no teníamos relación con ninguno fuera del colegio salvo entre nosotros. Capaz que no se le lanzan encima a pesar de ser tan lindo y estar tan fuerte porque es tímido además de gay.
Por supuesto que si hubiera habido interés, siempre se genera ese marco externo para desarrollar alguna intimidad. Pero en nuestro caso no la había.
Tal vez porque no todos se animaban a venir al boliche gay que nosotros frecuentábamos y otras actividades nunca se dieron.
Tal vez nunca hubo nadie demasiado interesados por alguno de nosotros.
Hasta ahora.
Encima los profesores tenían la costumbre de pedir actividades de a dos.
Mientras salíamos del colegio comenzamos a tirar ideas en voz alta de todas las cosas que teníamos que filmar y la trama que abordaríamos.
Mi papá me hace una video llamada y le muestro a Milho. Me pregunta a qué hora llego hoy a casa.
—Tarde pa. Voy a inglés con Milho como siempre. No te preocupes.
—Bueno hija. Te espero con la comida caliente eh?
Mi viejo es ¡lo más! Lo más bueno. Lo más lindo. Lo más grande. Lo más copado. ¡Lo más!
¡Lo amo!
Caminamos al subterráneo para ir a clase de inglés. Es hora pico. Hay mucha gente. El calor es infernal por más que haya aireación y no estemos en pleno verano.
Como es la primera estación, sólo debemos esperar un tren vacío que llegan cada tres minutos. El problema son las siguientes estaciones, en donde se empiezan a llenar.
Conseguí asiento, pero subió un anciano y se lo cedí. Por suerte no tuve que insistirle. Lo peor es cuando se sienten ofendidos como si los tratases de viejos por el buen gesto.
Me puse al lado de Milho. Pero enseguida empezó a llenarse. Terminamos en la puerta opuesta en la que estábamos. Afortunadamente es el lado en que menos estaciones hay y se mantiene más tiempo cerrada.
¡Ufff! Tenía a mi amigo muy cerca, pero hubo una estación en la que Milho me tomó del brazo y me puso contra la puerta para evitar que me apoyaran.
Que me apoyaran todos menos él. ¡Qué cerca!
¡Dios!
¡Qué calor!
Apoya sus antebrazos contra la puerta y ¡tengo su cadera pegada a la mía!
Realmente no podemos hacernos lugar. La gente presiona y apenas podemos respirar. Encima el bamboleo del subte hace que nos refreguemos. Cualquier movimiento genera una presión y fregado aún peor. Hay algo que nunca había sentido en ese sector.
Milho respira con dificultad. Todos lo hacemos. Hace mucho calor.
Si doy vuelta la cara, le roso el cuello con mis labios.
Su boca está a diez centímetros de la mía y no podemos movernos.
Me mira.
Yo lo miro.
¡Ay Dios!
¡Ardo!

🎬🎬🎥🎥🎞🎞🚋🚋

Mi protector se despliega en todo su esplendor.
¡Dios mío!
Me protege tanto de los demás que es él quien está profanando mi inocencia. Involuntariamente. Pero lo hace. Y me encanta.
Respiro con dificultad pero no sólo por el calor y el ambiente sofocante de apretujones.
Su mirada me penetra.
Parece que nuestros cuerpos están a punto de fusionarse como la gravedad presiona en el núcleo de las estrellas.
Él subte será nuestra Supernova.
Polvo de estrellas es lo que va a abundar en cuanto esta tensión entre nosotros estalle.
Me clava la mirada. Algo me está diciendo con los ojos y yo no puedo pensar con claridad. Mis más primitivos instintos desean. Desean que me esté diciendo que le gusto y que está considerando la bisexualidad. Desean que mande todo a la mierda y se deje llevar por una vez aunque sea para probar. Desea que al menos un beso se le escape por no pensar.
Y me siento culpable otra vez. Justo cuando sus ojos serios y comunicativos se acercan, y toda ella, su boca, que se acerca a mi oído y rosa mi oreja diciendo algo incomprensible.
—¡¿Qué?! —grité pues el ruido de las vías con las ventanillas abiertas era ensordecedor.
—¡¡Perdoná!! —grita esta vez.
Me pongo roja y apenas hago un gesto. Él lo acababa de dejar bien en claro. Me estaba apoyando como nunca habría esperado y contra toda su voluntad.
¡Qué vergüenza!
Sin embargo me mira. ¡Dios! Si no fuera gay diría que me está comiendo con la mirada.
—¡¿En qué pensás Milho?!
—¡Nada!
¡En esto tenía que ser bien hombre!
Y me sigue mirando. Me hace poner más colorada de lo que ya estaba.
—¡Basta!
—¡¿Qué?!
—¡No me mires así!
—¡¿Por qué?!
—¡Me incomodás!
—¿¡No te puedo mirar!?
—¡No!
Si no me vas a besar después ¡no!
—¡Está bien!
Me sigue mirando, pero esta vez con una sonrisita seductora.
¡¡Ay!! ¡¡Me lo comería!!
—¡Bueno!
Por fin empieza a bajar gente y ya no estamos tan aprisionados. Sin embargo ahora me toma de la cintura y se apoya en un hombro contra el caño vertical que hace de sostén.
Me atrae hacia él para sacarme de la puerta ya que no deberíamos apoyarnos en ella.
¡Un peligro si se llegaba a abrir!
Ahora que está más despejado él apoya la espalda en el caño y me acerca para que me apoye en él.
¡¡Esta es una posición muy de novios!!
¿¡Por qué se comporta tan seductoramente conmigo!?
¿O siempre fue así y soy yo la que lo siento todo distinto?
Trato de hacer memoria para ver si alguna vez estuvimos en una situación igual.
No lo recuerdo.
Tal vez es eso. Que justo que yo empiezo a pensar cosas extrañas con mi amigo, aparecen situaciones nunca antes tan intensas.
Bueno, si no contamos todas las veces que se coló en mi cama para consolarme hasta que me quedaba dormida, cuando extrañaba a mi mamá.
Me dejé llevar y apoyé mi cara en su pecho. ¡Y eso que hacía calor!
Él inclinó su cabeza para mirarme a los ojos.
—¿Estás bien?
Gesticulé un silencioso sí con la cabeza mientras él acomodaba unos cabellos que me molestaban, tras mi oreja. Luego me besó la coronilla.
Estaba en su modo Milho-protector que es un submodo del Milho-seductor.
El modo tímido-Milho ya lo mencioné con los varones gays mayormente.
El modo Milho-divertido también es un submodo del Milho-seductor, al igual que el modo Milho-aventurero del que aún no les conté nada, pero ya se van a enterar.
Porque ¡lo que nos pasó para terminar donde terminé!
En fin, creo que en definitiva Milho es seductor en todo momento.
Sí. Otra vez estoy en las ramas. Me fui. Lo sé.
¡Qué despiste que soy!
El viaje de treinta minutos pareció eterno. Y sin embargo habría querido ir hasta China así con él.
Tuvimos la clase de inglés en la que al ingresar al edificio era como entrar a un territorio anglosajón.
Nadie hablaba otro idioma que no fuera el inglés, ni siquiera para hacer trámites.
¡Claro que los de los primeros años eran derivados a un piso superior donde tenían permitido hablar castellano.
Aprendimos con canciones y algunas partes de películas las conjugaciones más avanzadas y modismos típicos.
Cuando volvimos ya casi eran las diez de la noche.
Eran clases intensivas de tres horas.
La vuelta en subte no sólo fue más fresca y relajada sino más cariñosa.
A la ida lo habría comparado con un frenesí de pasión. Un arrebato desenfrenado.
A la vuelta eran los arrumacos enamorados.
Nos sentamos uno al lado del otro y de la nada mi amigo... Mi amigo gay... me sujetó una mano y comenzó a masajearla.
Me estiraba los dedos, palpaba la extensión de ellos. Ponía mi palma del derecho y la acariciaba y luego el dorso. Empalmaba su mano con la mía y comparaba. Luego de la nada entrelazaba sus dedos con los míos.
Eso se sintió más íntimo que nada de lo que les hubiera contado hasta ahora. ¡Ni siquiera el viaje de ida!
Y así como estaban las dos manos entrelazadas, giró mi brazo de manera que quede el reverso del codo a su alcance y comenzó a acariciarlo con su mano libre.
—Me encanta lo suavecita que es esta parte de tu piel.
¿Querés que te muestre otra parte suavecita de mi piel para que acaricies?
¿Lo dije o lo pensé? Lo pensé.
—¿Estás bien Milho?
—Sí ¿por?
—Por nada.
Entonces sólo soy yo.
No puedo acordarme si siempre hizo estas cosas y nunca les di relevancia hasta ahora.
Llegamos a la estación Vicente López. Sólo teníamos que caminar unas cuadras.
—¿Querés cenar en casa? —le pregunté.
—Me esperan mis viejos. Perdón.
—¡No! ¡No hay por qué!
Llegamos a casa tomados de las manos aún. Las íbamos mesiendo como dos nenes. ¡Eso sí recuerdo que lo hacíamos cuando éramos chicos! Cuando perseguíamos a nuestros padres que caminaban delante nuestro y no alcanzábamos sus zancadas por lo que teníamos que hacer el saltito típico de los niños que no pueden seguir el ritmo para no retrasarse. Ese que es similar al que saltás a la soga. Sólo que avanzando y cambiando de pierna.
Llegamos a casa y ¿a que no sabés quién pasaba por mi casa?
Damián.
—¿Vos le dijiste que vivías acá? —susurró.
—¡No!
—¡Hola! ¡Qué linda parejita! —saludó irónico.
—¿Viste? —respondí aún más irónica que él—. ¿Qué hacés por acá?
—Vivo por acá cerca. Recién bajé del colectivo.
—Nunca te vimos pasar.
—Porque no suelo venir por esta cuadra. Pero me enteré que vivías acá y pasé para chusmear.
—Yo ya tengo que ir a cenar. Me están esperando —advertí.
—Sí, yo ya me voy. —aclaró—. ¡Suerte! Nos vemos.
—Sí, suerte —saludamos.
—Este pibe no me gusta nada. —dijo Milho en un tono ¿celoso? —¿Cómo sabe dónde vivís?
—Ni idea.
—Tené cuidado.
—Milho, me la paso con vos. ¡Vos tené cuidado!
—Por las dudas.
Nos quedamos ahí hablando por un largo rato. De todo, nos contábamos las pocas cosas que no compartíamos juntos. Pareceres o puntos de vista sobre comentarios de compañeros o gente del boliche o de nuestros padres.
—Bueno, me voy a comer —me dijo cuando ya hasta a mí se me estaba haciendo un agujero en el estómago.
—Sí, dale. Andá que mi viejo debe estar muerto de hambre.
—Mañana ¿me ayudás a lavar el auto?
—¿Tengo que ir a tu casa?
—No, cuando volvemos del colegio lo lavamos acá en la vereda de tu casa ¿querés? Después hacemos una tormenta de ideas para el corto y me quedo a comer.
—Dale. No hay drama.
—Listo. Beso.
—Beso. Chau.
No solo lo dijimos. Me dio un beso. ¡Mmmh!
Pero me sujetó la cara y le hizo el amor a mi mejilla.
¡Bueno! Puede ser que exagere. Pero no sé qué me pasa que todo lo siento así ahora.
Tengo que parar con esto. Dejar de darle rienda suelta a mis alocados pensamientos porque un día me traicionan y termino confesando algo que no quiero y que va a terminar arruinando esta hermosa amistad que tengo con él.
Se va.
¡¡Qué bello ir que tiene!!

🚋🚋📚🚋🚋

El auto era una mugre.
Subí al Audi haciendo lugar entre latas de gaseosas, paquetes de galletitas, envoltorios de caramelos, chupetines o paletas, chicles o gomas de mascar, y un sin fin de hojitas de todo tipo de árboles.
Lo miro a Milho con reproche.
—Se me quedó con la ventanilla baja durante la noche en el jardín.
—Y en tus árboles florecen bebidas enlatadas. ¡O no! ¡Ya sé! Tenés árboles que dan semillas de pisingallo y con el calor reventaron por el aire en miles de pochoclos llenando de palomitas de maíz tu patio y el auto. ¡Cómo debe estar ese jardín!
—Dale, no me cargués. ¿Por qué creés que me dieron un ultimátum para hoy?
—Vamos a necesitar el contenedor del reciclaje completo para vaciar el auto. ¡Es más! Creo que van a subir las gomas cuando terminemos con el interior —dije mirando el nivel de las ruedas.
—Dale subite que quiero llegar de una vez para arrancar con las ideas para el corto.
Me subí rezongando y arrancó.
Era una primavera calurosa. El cambio climático estaba haciendo que Buenos Aires, que siempre había tenido sus estaciones bien marcadas, se estuviera volviendo una ciudad tropical. Por ello cada vez más pasábamos del invierno casi directo al verano. Un día hacía un frío de morirse y al siguiente te cocinabas con la misma ropa. Debíamos vestirnos encebollados. Capas y capas de ropa que pudiéramos ir desprendiendo conforme subía la temperatura. Cada vez que hacía mucho calor no pasaba mucho para que lloviese torrencialmente de manera pasajera y bajará la temperatura de golpe para volver a vestirnos con nuestras capas de ropa.
En otras épocas el otoño y la primavera era una época de transición hermosa, donde salían a la calle abrigados en pleno sol en la primera o con poco abrigo en la segunda, sin que te calcines. Ahora casi se pasaban de largo. Los inviernos eran menos crudos que cuando mis padres eran chicos. Ya no había escarcha en el pasto a la mañana.
Si bien cada tanto ocurría un invierno crudo, no era año a año como en otras épocas.
En el auto me calcinaba con el uniforme, así que empecé a desvestirme de a poco.
Me saqué el pullover que era acorde al frío de la mañana y al ambiente generado por aire acondicionado en el interior del colegio casi llegado el mediodía. También me quité la corbata roja. Me desabotoné la camisa hasta bien entrado el escote. Y me até el cabello mientras dirigía el frío aire del auto hacia el sector recién despejado, cerrando los ojos para disfrutar el fresco sin distracciones. Enseguida revolví bajo la falda que subía con descaro fuera del colegio, buscando las medibachas de nailon o panty medias. Con esfuerzo y tratando de no quedar sin ropa interior y totalmente al descubierto, las bajé no con mucha destreza.
Finalizado esto y elevando mi cabello para sentir el frío aire en mi cuello, abro los ojos y veo a Milho mirándome completamente azorado.
¡Uy! Tendría que recordar que no es una amiga tampoco.
—¡¿Qué?! ¿No te vas a escandalizar por eso? —me excusé.
Tenía la boca abierta. No sabía si me estaba cargando o qué.
Hizo un gesto de resignación, siempre seductor. Era imposible para él de otra manera.
—Yo no sé por qué todavía no tenés novio —escupió finalmente.
—¿Por qué creés?
—En él colegio estás toda tapada hasta el cuello.
—¿Vos viste por donde me subo la pollera a la salida?
—Son cinco pasos y nos vamos en moto o el auto. No te ve nadie. Encima salimos disparados siempre.
—Sí, y eso, "salimos" —enfaticé—. Estamos siempre pegados. La gente cree que sos mi hermano o mi novio.
—¿Deberíamos alejarnos?
—¡Por nada del mundo! Además, hasta ahora ninguno me atrajo como para intentar algo. Además, ¿qué querés decir? ¡Ahora que lo pienso! ¿Qué soy una mercancía que tengo que andar exhibiendo?
—No bueno... Pero sabés que a los hombres los gustos nos entran por los ojos.
—No es esa clase de pibe el que quiero.
—¿Y Mauricio?
—¿Mauricio? Mauricio es divino. Me habla cada tanto. Pero él es encantador con todas la chicas. Además a mí no me gusta. Es del tipo infiel. Pero, ¡pará! ¡Tampoco es cuestión de que me andés buscando candidato!
—No bueno... Yo decía nomás.
—¿Y vos qué además?
—En cuanto me des el primer beso, no me para nadie.
—¡¿Queeeeé?!
¡¿Queeeeeeeeeeeeé?!
¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?!
Sí, mi respuesta había sido contenida en comparación con lo que le pasó a mi cabeza.
—¿Seguís con eso?
—¡Jajaja! ¡Tendrías que ver tu cara! ¡Es impagable!
—¡Dale no me jodas!
No paró de reírse hasta casa. Diez minutos más tarde.
Todavía se reía cuando sacaba los baldes, mangueras y trapos para la limpieza.
Cuando habíamos terminado de tirar la mugre del interior y nos disponíamos a enjabonar el exterior, caen los dos pibes del boliche. Damián y otro más.
—¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo va?
Milho miró a Damián con desconfianza.
—¿Qué hacés Pablo? ¿Se conocen ustedes dos?
—Sí, es mi hermano Damián.
—¡Ahhhhh! —dijimos a coro Milho y yo.
Parecía ser que Pablo era el menor y era gay.
—¿En qué andan? ¿Los puedo ayudar? —ofreció Pablo muy comedido.
Lo miré con desconfianza. Mi mirada asesina no tuvo efectividad con Milho.
—¡Claro! —aceptó rápido mi amigo ofreciéndole su trapo y balde.
¡Cómo lo conozco! Ya se está librando de la tarea. Le encanta la decoración, pero la limpieza que la haga otro.
Pablito, tan lindo él, lo primero que hace es sacarse la remera y quedarse con sus esculturales y trabajados músculos a lo David de Miguel Ángel en exhibición.
¡Yo no puedo competir contra eso!
La mirada atónita de Milho me desencajó.
Esto no iba a quedar así. Será la única artillería pesada que tengo, pero la desplegaría toda en el intento.
Estaba a punto de ir a ponerme ropa cómoda.
No, no. Eso no sucedería ahora. Se sabe bien el fetiche de la colegiala.
Esta noche tendría que poner el uniforme a lavar y secar para mañana.
Mientras Damián charlaba con Milho, me descalcé, me arremangué, me abrí más la camisa hasta que se viera el borde de mi corpiño rojo a juego con el uniforme. Subí la pollera hasta que casi fuera una vincha en mi cadera y comencé a mojar el auto con la manguera, empapándome en el proceso.
Pablo, completamente ajeno a lo que sucedía realmente comenzó a divertirse mientras lo empapaba también a él.
El muy descarado, utilizaba esa mole de músculos con tanta dedicación sobre el techo del auto, dejando al descubierto sus calzoncillos en unos pantalones bermudas que se le caían a la cadera resaltando su trasero bien contorneado.
¡Por favor! ¡Piedad!
¡Por qué los hombres tienen tan buen culo!

Ante tal pericia, tuve que aplicar táctica ofensiva. De espaldas a los muchachos, subí apenas una pierna sobre el capó del auto para alcanzar el centro del parabrisas.
Esperaba que mi faldita apenas cubriera mi ropa interior.
Cuando Pablín decidió que el techo había quedado en perfecto estado, se dirigió hacia el vidrio que yo cubría de mi lado para completarlo del suyo.
¡Ah no! ¡Invasión de cancha referí!
Di la vuelta y quedando de frente a los muchachos, me arrastré sensual por el capó mojando toda mi camisa y llenándome de espuma el pecho insinuando apenas mis curvas. Sin embargo la camisa blanca transparentaba todo lo innecesario.
Los contoneos, puntas de pies, agachadas, movimientos sensuales que imprimimos tanto Pablo como yo en toda la rutina y luego en una guerra de agua y jabón que desplegamos fue a matar o morir.
Ya hasta me había olvidado cuál había sido el objetivo de todo ese jueguito. Lo único que quería era ganarle a "Pablita".
Ironías.
No me esperaba las reacciones que encontré al salir del frenesí competitivo en que me había inmerso.

💨💨💦💦🚗💦💦

Cuando volví en mí para darme cuenta que estaba compitiendo por la atención de un chico, ¡contra otro!, ¡ambos gays!... me encontraba empapada de pies a cabeza, la camisa embarrada y trasluciéndolo todo.
Pero no fue eso lo que me hizo reaccionar. El efecto que había causado no era el que hubiera esperado.
Al elevar la vista encuentro a un Milho impactado, aunque no justamente por mí. ¡¡Odio a Pablita!! Ya está, ¡¡lo dije! En realidad lo pensé.
Y para colmo yo había captado la atención de la persona equivocada. Damián me miraba atónito. No se le cayó la mandíbula porque la tiene pegada.
Fue un desastre. Tuvo el efecto opuesto a lo que me propuse. Logré que Milho fijara su atención en Pablita y Damián que me viera aún más atractiva que antes para que ahora sí no me dejara en paz y para colmo Milho me quiera matar porque su hermanita menor anda por ahí seduciendo tipos.
¡¡AGRGR!!
Se podía ver el fuego llameando de los ojos de mi amigo, con los que intentaba incinerar a Damián y su mirada lasciva sobre mí. Se lo quería comer crudo, aunque esta vez no de la misma manera que siempre hubiese querido hacerlo. Lo quería matar... literalmente.
¿Por qué todo suena con doble sentido ahora?
¡Ustedes me entienden!
Creo que se me fue la mano y Milho lo supo inmediatamente. Paseaba una mirada asesina de Damián hacia mí y viceversa. Una y otra vez. Nunca le había escandalizado algún comportamiento mío como esta vez.
—Nosotros ya nos vamos que tenemos que hacer tarea —dijo Milho agarrándome del brazo y arrastrándome hacia mi propia casa.
—Pero los bald...
—Ahora los entro.
—Y la canill...
—No te preocupes.
—El auto está abiert...
—¡Mientras vos te cambiás esa ropa, yo hago todo!
Fue tan autoritario que esta vez comprendí lo que era tener un hermano mayor y celoso.
Sin chistar, me fui a mi dormitorio. Busqué ropa limpia y me quité el uniforme. Envuelta en la toalla me fui al lavadero y lo puse a lavar y secar junto con otra ropa.
Marita, la señora de la limpieza venía sólo dos veces por semana, así que tendría que lavar y planchar el uniforme yo misma.
Al pasar por la cocina noté que mi viejo había programado el horno-heladera para que la bandeja con unos lomos al champiñón y papas noisette, pase del frío de conservación al calor. Ya empezaba a pitar iniciando el proceso.
Estaba por llegar en cualquier momento.
Hoy vendrían los papás de Milho a cenar y después tomar unos Fernet con Coca mientras jugábamos al pool.
Tengo entendido que tienen esta rutina ya inclusive de antes del casamiento de los padres de Milho, que fue anterior al de mis padres. Siempre se juntaban las dos parejas a pasarla bien. Desde que mi mamá murió lo siguieron haciendo igual y le reservaban un vasito de cerveza bien helada como le gustaba a ella.
En su honor. Todos tomamos un poco de su vaso hasta terminarlo.
Quedó como un homenaje. Para que esté siempre presente en los momentos felices.
Subí al baño y me dispuse a ducharme. No podía sacarme de la cabeza la imagen de Damián embobado y la de Milho celoso.
Una sonrisa se despliega por toda mi cara mientras me enjabono.
Ya fuera de la ducha, me envolví en una toalla y   husmeé por la puerta para asegurarme que no hubiera nadie y correr en toallón a mi dormitorio para cambiarme. Abrí la puerta y recordé.
—¡Uy! El celu.
Me volví, lo tomé y veo que tenía unos mensajes sin leer. Los voy abriendo por el camino cuando al traspasar la puerta a las corridas me choco de frente contra alguien.
Mi celular voló por el aire.
Nos quedamos helados, mirándonos atónitos, colorados hasta las orejas.
Milho me recorrió con la mirada de pies a cabeza en una fracción de segundo antes de disculparse y meterse al baño tras un portazo involuntario.
¡Carajo! ¿Todo se complota para que no pueda pensar en otra cosa que en tentarlo?
Me agacho a recoger el celular y justo otra vez abre la puerta para preguntar no sé qué cosa y ¡la cierra de un portazo! ¿Qué habrá visto?
¡Me muero! ¡Esta toalla no cubre mucho!
¡Ahh! ¡me quiero pegar un tiro!
Si ya le tenía fobia a las mujeres ¡lo traumé!
¡Ahora sí que no hay esperanzas!
Estoy segura que lo que vio no era estético. Me quiero morir ¡Qué vergüenza!
Me meto de una vez en mi dormitorio antes de que la siga embarrando. De mal en peor.
¡Ya veo que me termino avergonzando frente a todos los hombres que vienen hoy!
Me cambié en un santiamén. En eso golpean la puerta.
—¡Pase!
—Soy yo –dice Milho.
—Ah. Pasá.
—¿Me podés explicar qué fue toda esa escenita con el auto?
—Estaba lavándolo...
—¿Te vas a entregar así tan libremente al primero que se te cruza?
¡Cantá pri! ¡Vos te cruzaste primero! Si no tenés objeción, ¡dale me entrego!
¡No! ¿Qué estoy pensaaando? ¡Controlate Canela!
—¿Yoooooo?...
—¡Prácticamente te le tiraste encima!
—¿Cuándo?
—¡No te hagas la sota!
—¡Yo no me hago!
—¿Sos?
—¿Qué sería la sota?
—Dale boluda...
—Fue sin querer... —Aquí fue otra vez mi famoso pucherito. Además para que se calme pronto, incrementé la dosis haciéndole ojitos.
Mi hermanito mayor estaba muy muuy enojado.
—Hacete respetar. Si te regalás de buenas a primeras no lo va a hacer.
—Te juro que no fue para él.
—¡Vamos Canela! Yo no me chupo el dedo.
Bueno, ¿te doy el mío? ¡Shhhhh! ¡Cerebro indisciplinado y traidor!
Es que es tan sexy cuando se enoja. Si lo vieras. Se le hace una arruguita en el ceño al fruncirlo. Y se le juntan las cejas en un pico. Y pone los ojitos achinaditos de indignación.
Es una delicia.
No doy más.
Me lo tengo que sacar de la cabeza porque soy yo la que va a sufrir cuando me la dé contra la pared y entienda que nunca me va a mirar diferente a una hermana.

Logré que se calmara e hicimos las paces. Después de eso pasamos una noche genial.
Primero tiramos ideas buenísimas para el corto y acordamos el vestuario y el lugar para las
tomas.
Yo aproveché para tomar todo lo que nunca tomó en los boliches.
Él fernet con Coca fue la vedette. Se me subió un poco a la cabeza, pero estaba en casa.
Los padres de Milho lo nombraron conductor designado y debió abstenerse. Solo le permitieron beber un vaso de fernet para no pasarse del límite legal.
Después de cenar jugamos pool y reímos mucho.
Nos enteramos cuál sería la casa a dónde se mudarían. Estaba muy cerquita. Ya no necesitarían el auto para visitarnos.
Hicimos el ritual acostumbrado y bebimos entre todos el porrón de cerveza de mi mamá.
La noche no pudo ser mejor.
Milho me acompañó a mi cuarto y me besó en la frente. Yo balbuceaba boludeces a su oído que no me pregunten porque apenas me acuerdo de eso.
Después llevó a los padres.
Mañana empezaría a olvidarme de esta manera caprichosa que tenía mi mente de desearlo.



Capítulo 5:            Acción

Me estaba susurrando al oído.
—¿Sabés lo sexy que sos?... Me volviste loco...
Siento que me tiene abrazada de espaldas contra su pecho desnudo. Sus manos sujetan las mías sobre mis senos. Estoy excitada. Muy excitada.
Lo deseo.
—Quiero ir con todo con vos ¿sabés?
Yo estoy inmóvil. No puedo hablar.
Ahora siento su mano recorriendo mi pierna desde el tobillo mientras me besa la espina dorsal que se ramifica en una electrizante sensación de excitación que reverbera en todo mi cuerpo. Sólo atino a ronronearle.
Se apoya en mis glúteos. Estoy completamente desnuda... y él también.
Su mano suave y lentamente ahora sube por mis pantorrillas, luego la rodilla y se cierra hacia la cara interna de mis muslos.
Mi corazón se salta un latido. La excitación se incrementa. Respiro con dificultad y puedo oír que él también.
Toma mi cabello y lo recoge con delicadeza. Dejando un reguero de cosquilleos en mi cuello. Absorbo cada sensación al extremo. Lo besa.
Sólo gimo.
Recorre punto por punto mi cervical desplegando un mundo colorido de nodos que conectan con cada parte de mi piel.
No puedo hablar. No puedo frenarlo. Quiero más. Quiero todo. Lo quiero a él.
Su mano sube por el muslo interno muy muy lentamente.
Siento su aliento en mi oído.
Está agitado. Eso me excita más.
—¿Tenés idea lo que te deseo?
Sólo atino a negar con la cabeza. No puedo abrir mi boca. No puedo reaccionar. Sólo me dejo llevar por el momento. Solo lo dejo hacer conmigo lo que le plazca. Porque a mí me place también.
Estoy al límite.
Su mano sube por mi muslo.
Sube, sube, sube...
Se detiene... ¡No! Me frustra.
Vuelve a empezar todo de vuelta. Me deja una y otra vez al borde.
Me va a hacer caer en la locura. La razón está por abandonarme.
No lo puedo soportar más, necesito más.
De pronto ya no estoy de espaldas. Me encuentro frente a frente. Mis senos rozan su pecho firme. Ambos respiramos agitados. Siento su miembro presionar junto al mío.
Necesito sentirlo más fuertemente. Necesito aprisionarlo contra mí.
Parece que estuviera en mi cabeza...
Él lo hace.
Siento su bulto.
No es suficiente.
Tengo su cuello al alcance de mi boca.
Estoy segura que puede sentir mi aliento en su piel.
Estoy segura que mis gemidos disparan pulsos de sensaciones por toda su piel hasta allí abajo. Como a mí. Yo lo puedo sentir.
Estamos fundidos. Estoy segura que yo puedo sentir lo mismo que él y que él siente lo mismo que yo.
Ya no estoy inmóvil. Acerco mis labios a su cuello... le respiro jadeante apenas rozándolo. Aún no lo beso.
Está frustrado como yo. Gime.
Permanecemos allí, expectantes.
Podemos sentir la agitación en nuestros pechos.
Susurra a mi oído: —Te deseo...
Yo no puedo hablar.
Sus manos suben lentamente por mis muslos. Estamos de pie. Sólo puedo sentirlo porque mis ojos permanecen cerrados.
Agacha su cabeza y paga con mi misma moneda.
Respira en mi cuello y me frustra porque no me besa.
Puedo sentir también su aliento entrecortado.
Su mano comienza a desplazarse con delicadeza por mi cintura. Apenas rosa sus dedos.
¡Qué delicia dispara en toda mi piel con su suave tacto!
Estoy desesperada. Ya no resisto mucho más. Tengo que salir de esta inmovilidad.
Rozo mis labios en su cuello y me encanta lo que genera en él. Me excitan más sus gemidos. Ronronea.
Su voz grave, muy grave, más grave que nunca insiste: —Te deseo...
No puedo hablar, no puedo decirle que tiene rienda suelta para hacer conmigo todo lo que le plazca.
Siento miles de manos que me rozan todo el cuerpo.
Roza con sus labios mi cuello. Sube y baja por él dejando rastros de anhelo.
Necesito que me bese, lo necesito como al aire.
Él me entiende y sus labios cumplen.
Ya no puedo soportar más esta tensión. Digo basta. Él me entiende otra vez y sus manos bajan raudas a mis glúteos y los amasan con frenesí mientras una mano sube de vuelta a mi espalda y me aprisiona toda contra él.
Sus labios se acercan a los míos y me frustran una vez más. Se quedan allí inertes.
Sigo inmóvil.
Basta pienso de nuevo. Él me entiende y me devora con frenesí.
Mientras explora mi piel que arde, sus labios recorren los míos. Su lengua reconoce cada rincón de mi boca. Bailan una danza entrelazándose. Luego succiona un labio y después el otro. Los muerde con pasión contenida para no lastimarme. Me aprisiona con todo su cuerpo contra una pared cálida y mullida que me empuja hacia él mientras me besa con pasión, con frenesí.
No puedo pensar con claridad. Estoy a su merced. Necesito más. Necesito que apague este fuego que me incinera. Necesito que beba cada gota de mi cuerpo. Necesito que sucumba a mis encantos para siempre. Lo necesito.
Siento miles de manos que me acarician todo el cuerpo.
Estamos acostados.
Siento el peso de su cuerpo sobre el mío.
Estoy al límite. Me arrastra, me lleva una y otra vez hasta él y no me arroja. No me hace cruzar esa barrera. Necesito pasarla. Necesito caer. Caer en sus redes, caer en su abismo, caer al vacío de lujuria.
Sus manos abren mis piernas en un recorrido ascendente. Ahora baja a los tobillos y empieza a recorrerlos con la boca.
El reguero de besos que desperdiga por mi piel repercuten apasionadamente en mi punto G que me quema.
Estoy ardiendo.
Mi corazón galopa tan fuerte que temo morir.
Sudo pasión, deseo, lujuria.
Ahora está en mis rodillas y acaricia rozando con la yema de sus dedos mi otra pierna.
Sus besos suben por la cara interna de mi muslo.
Sube...
Yo me retuerzo con anticipación.
Sube...
Sube más...
Elevó mis caderas expectante.
Sube...
Pero se frena justo antes de llagar a donde lo esperaba, donde lo anhelo.
Otra vez me frustro y no puedo más con estas ansias.
Comienza nuevamente por mi otra pierna... todo el recorrido, paso por paso, imita cada movimiento, cada uno sin saltarse nada.
Llega nuevamente, y nuevamente me frustra.
Me abandona a la desesperación. Inmersa en un mar embravecido de pasión reprimida. Como un volcán humeante, rugiente. Ya no tardaría en explotar.
Ahora la anticipación es grande porque se eleva en todo su esplendor sobre mí. Se cierne, descansa su peso a lo largo de todo el mío.
Está cerca.
Más cerca. Tan cerca.
Jadea contra mi oído.
—¿Puedo? —dice, grave, muy grave.
No...
No no no no no no
No no no no no no no no no no no no
¡Justo ahora no!
No no no no no no no no no no no no
No me puede pasar esto a mí.         
No no no no no no no no no no no no
No puedo despertar justo ahora. ¡Noooooooo!

😈😈😈

Lucí todo el día los lentes de sol. 👓
No puedo ver a Milho a la cara. Para colmo Damián vino a la salida del cole y nos encontramos los tres ahí. Me pongo roja al verlos juntos. Estoy como un tomate. 🍅
¿Quién era el de mi sueño? No había podido verle la cara.
Era un hombre. Eso es seguro. Sólo veía sus manos y su cuerpo. Su olor. ¡Mmmhh! Ese aroma fragante de hombre. ¡Por favor!
Observo a Damián y me resulta más atractivo.
Lo imagino a él protagonista de mis sueños. 💤
¡Dios! ¡Estoy alzada!
¿Desde cuándo estoy tan caliente?
Disimulo, miro para abajo. Están charlando como si nada. No, retiro lo dicho. Milho acaba de fusilarlo con la mirada 👀 en cuánto Damián me fichó que llegaba.
Estoy segura que me vino a buscar a mí. ¡Pablita también estaba ahí! 💥 Pero ella no me vino a ver a mí.
Observo a Milho y lo imagino también a él en mi sueño.
¿Qué me pasa? ¡Dejá de pensar 💭 en tu amigo gay Canela!
Vuelvo la mirada a Damián que me observa. Me desviste con la mirada, me escanea.
¡Qué vergüenza! ¡Debe estar pensando en el lavado del auto de ayer!
¡Si supiera lo que yo estoy pensando!
Le dije a Milho que usaba los anteojos de sol por la resaca que me dio. Mentira. Ninguna resaca por suerte. Aunque los efectos secundarios se anticiparon a cuando dormía.
Se me moja la bombacha de nuevo. ¡Ufff!
El día está hermoso para caminar. No hace calor y el está a pleno. Ni una nube en el cielo.
Estuve todo el día callada, Milho no se había cansado de preguntarme qué me pasaba y de decirme que esperaba que no esté enojado con él por su reacción de ayer.
Comenzamos a caminar, y Pablita acapara a Milho que terminaron caminando delante nuestro. Cada tanto mi amigo se daba vuelta a ver en qué andábamos nosotros. Porque Damián hizo lo suyo para retrasarme con él.
Teníamos veinte cuadras de hermosas veredas anchas y arboladas por floridos jacarandás.
—Te darás cuenta que a mi hermano le cae muy bien Milton.
—Seh —digo con resignación. Aún escondiéndome tras los lentes.
—Te darás cuenta, que tengo claro, que Milton no es tu novio.
Lo miro detrás de las gafas. Como si toda yo estuviera allí detrás ocultándome.
—Seeeh... Es obvio ¿no?
—¡Más vale!
—Siempre jugamos esa carta para que no nos molesten.
—¿Te estaba molestando?
—No, perdoná. Es que estaba con mi amigo.
—Siempre estás con él. Por un momento llegué a dudar si estaba en lo cierto.
—Bueno, a él no se le nota tanto. Y somos amigos de toda la vida. Casi hermanos diría.
—Es evidente.
—Cane... me gustaría invitarte a salir un día de estos.
—Sos directo ¿eh?
—¿Por qué no lo sería?
—Cualquiera se aseguraría si hay agua antes de tirarse a la pileta. Se nota que sos muy seguro de vos.
—Jajaja. No acostumbran a rechazar mis invitaciones.
Es cierto. Damián está bueno. Me lo imagino a mi espalda rozándome como en mi sueño...
¡Caramba! Me mojé otra vez.
—Diría que me agarraste desprevenido la otra noche.
—Jaja. Perdón. Me encanta hacer eso. Jaja.
Me distrajo del grado de excitación al que estaba volviendo.
¿Podría ser él, el del sueño?
Tendría que verle las manos, el pecho.
Mi sueño desdibujaba todo. Otra vez volví a él. Es como si lo hubiera vivido.
Pispeo sus manos desde detrás de los lentes disimulando ver al frente. Retuerzo tanto los ojos que creo que voy a quedar bizca de por vida.
—Pero me vas a compensar ¿no?
—Si te compenso mantendrías el invicto. Y pierdo el invicto yo.
—Digamos que vos ganaste el primer encuentro. Ahora tendrías que darme la revancha y ahí vemos.
—¿Y qué haríamos?
—¡Ah! ¡Sorpresa!
—¿Sabías que estudiábamos acá?
—Sí, por el uniforme.
Me pongo roja de nuevo. Me encorvo toda como si pudiera caber dentro de los anteojos. ¡Trágame tierra! 🌎
¡Claro! ¡Ayer lo habría memorizado completo! Hasta la ropa interior.
—No me contestaste.
—¿Cuándo sería?
—Este finde.
—Este finde no puedo.
—El otro.
—Tampoco.
—Decime vos.
—No sé... Dejamelo pensar. Tengo que ver.
Tengo que ver si Milho no me va a dar pelota. 🏀 Pero ¿qué digo? Digo... ¡pienso!
—¿Te vas a echar atrás?
—Nunca te dije que sí.
—Está bien. ¿Me das tu celu?
Lo miro... lo imagino respirándome en el cuello.
Otra vez me mojé.
Le doy el celular con tal de no mirarlo más.
Se hace una llamada perdida. Y al devolvérmelo retiene mi mano en la de él y se las veo claramente. ¡Eran las de él! ¡Oh Dios! Mi subconsciente había memorizado sus manos y recorrieron todo mi cuerpo en el sueño.
Me mira fijo, seductor. No quiero verlo a la cara.
—Te escribo.
—Ok.
Me quiero morir. 💀
Estamos llegando. Milho lo mira con desconfianza.
Los saludamos y se van.
—¿En qué andás? —me pregunta.
—A pata ¿no ves?
—¡Ojo con ese, eh!
—Pablit...o te cae bien ¿y el hermano no?
—Es que no me gusta cómo te mira.
—¿Y qué puedo decir yo de Pablo? Además son de la misma familia. No creo que sean muy diferentes. Andan siempre juntos. Se nota que se llevan bien.
No me contesta. Lo agarré desprevenido con esa respuesta.
Entramos a casa y Marita está preparando unas milanesas con papas fritas ¡y puré!🍟 ¡La amo! ¡¡Hoy nos toca comida de la mejor!! Nos mejora el humor en mil por cien. ¡Primera vez en el día que me saco los anteojos!

Saludamos, nos lavamos las manos como buenos niños y nos sentamos ansiosos por la delicia casera que nos espera.

—¡Ahhhh! —dice Milho aflojándose el cinturón— ¡Quedé pipón pipón! ¡No doy más!
—Sí Marita. Estaban buenísimas las milas. ¡Estás aprendiendo!
—Me alegra chicos. Cane. Yo ya me voy ¿sabés? Dejé todo listo como siempre. ¡Ojo con lo que hacen!
—Sí Marita. Quédate tranquila. Hoy empezamos a hacer tomas para el corto que te conté.
—No rompan nada.
—¡No Marita! ¡Somos grandes!
—¡Buah!
Nos saludó con un beso y nos fuimos al cuarto.
¡Uh! El lugar me traía recuerdos. Los mismos que tuve todo el día. ¿Dónde quedaron mis anteojos? No, igual no da para usarlos dentro de casa.
—Hagamos las luchas que dijimos primero para ver cómo quedan en cámara 🎥 ¿Sí? —propone Milho.
—Ok.
Llenamos la habitación con celulares, cámaras y webcams. La mayoría sensibles al movimiento y con auto zoom.
Habíamos planificado una coreografía. Todo empezó como Kill Bill 6.
Patadas volaban del piso a la mandíbula.
Luego pasamos por la parte en que él me sujetaba de espalda y yo debía zafarme.
¡Ups! Ya no voy a poder estar nunca más de espaldas a él sin que venga a mi mente ese maldito sueño. 💭
Lo siento en mis glúteos como en el sueño también. Pero ahora forcejeamos.m y él ríe. ¡Qué hermosa risa! Me aflojo al pensar así y me reprendo por enésima vez. Forcejeo nuevamente para zafarme.
Logró entrelazar mi pierna con la de él. Fue peor. Ahora caímos al suelo. Pero él sigue sujetándome y ambos estamos magullados.
Termina siendo un round de catch. Tengo que aplicar la llave de judo para asfixiar.
Sólo que no me la sé y mis manos están en mi espalda.
Él ahora me rodea con las piernas también.
¡Ups! Otro recuerdo.
En el forcejeo se le levanta la remera y mis manos tocan sus abdominales. ¡No me acordaba de esa marquita!  Tiene una marquita allí... me recuerda algo... se había clavado una rama de un rosal.  🌹 ¿Por qué me resulta tan familiar ahora al tacto. Paso la yema de mi dedo sobre la suave piel que había cicatrizado aquella herida. ¡Oh no! ¡Los abdominales son los de Milho! No los de ahora. Obvio estos son de él. ¡Los del sueño!  ¡Esta marca! ¡Estaba en mi sueño!
¡Oh no! ¡El mambo que tengo en la cabeza!
—¡Me rindo! ¡Me rindo!
Basta no puedo seguir con esto.
Milho ajeno a todo se caga de risa.
Comenzamos a editar las filmaciones. Buscamos tomas buenas.
¡Vaya! ¡Qué sensuales damos en cámara juntos! Lo veo a Milho. Está serio. Embobado. Creo que siempre se pone así cuando edita.
Es muy lindo. Es el submodo Milho concentrado o trabajador.
¡¿Por qué tenía que haber sido gay?!
—¡Parece una porno!
—¿Qué?
—Solo falta que estemos desnudos. No da para película de acción. Tenemos que intentarlo en un lugar con más espacio. O donde podamos tirar y romper cosas.
—¡Ahhh! ¡Éso!
¡Ufff! Estoy perseguida. ¡Me siento perseguida!
—Bueno, mañana seguimos.
Se levanta. Lo veo algo aturdido. Peor que yo estaba hace un momento.
—Sí, vayamos al río. En la costa capaz hacemos algo mejor.
—Sí dale.
Bueno, ya tenemos el plan para el día siguiente. Espero que esta noche sea más tranquila. 👼

💤💤💤

Damián me escribió: Vas a decirme que sí. 👍 👌
Yo: 🤔
Damián: Te voy a 🚎 🚗
Yo: ?????
Damián: Bus Car
Yo: canchero!
Damián: Voy.
Yo: Estoy yendo al río. Vamos a filmar.
Damián: Mala 🍀 que hace dos años cuando estaba en tu curso no estaba esa materia. 👎
Yo: ¿Te gusta?
Damián: Claro!
Yo: Me voy.
Damián: igual podés escribirme.
Yo: Chau!
Damián: 😘
Este pibe ¡es un canchero! Me cae bien.
Fuimos al río en bicicleta. Llevamos nuestras cámaras y celulares para hacer más tomas.
Corrimos, lanzamos objetos, pelotas, simulamos disparos.
Ya estábamos agotados. 😴 Nos tiramos a ver el río de horizonte infinito.
Me había puesto sobre el short una pollera acampanada que cubría hasta mis rodillas y tenía mucho vuelo. La usaba para presumirla porque era la última moda.
De pronto el viento solpló. 💨 Mi pollera se voló descubriendo la mitad de mis muslos.
No sé bien por qué. 😳 Pero en vez de bajarla inmediatamente lo miré a Milho.
Me estaba relojeando la pierna. Sí, relojeando, como quien busca la hora en el reloj de otra persona disimuladamente. Me miraba.  ¿Esa fue una mirada gay?
Fue un segundo. En cuanto amagué a bajármela, Milho estiró su mano y sujetándola delicadamente la bajó lento, muy lento, mirándome otra vez de esa forma extraña.
Últimamente hay actitudes de mi amigo que no puedo dilucidar. No estoy segura de lo que ocurre, si soy yo la que veo todo distinto o si está todo distinto.
Milho se fue hasta el río a mojarse los pies. Justo cae "El Rulo" y me ve retozando en el césped bajo un ombú.
El Rulo es compañero nuestro desde chicos. Siempre tratando de llevarnos por mal camino. Él siempre se prendía en todas. En todas las malas. Andaba con mala junta. Sí, se juntaba con vándalos.
Empezó con cosas muy simples. Era un abusivo. Empujaba nenas, le pegaba a los varones.
Lo próximo que hacía era tratar de idiota a todos los que no fumaban como él.
—No podés ser tan boluda. —Me había dicho cuando le rechacé un pucho a los doce años.
—El boludo sos vos que te agarrás un vicio carísimo que no sólo te cuesta mucha plata sino salud.
—¡Ay! La nenita de papá que obedece todo lo que le dicen.
—Yo soy inteligente. No me meto en algo de lo que no voy a poder salir.
—Yo fumo porque quiero.
—¿No sabés que si querés dejar no vas a poder? Empezaste a fumar porque no te da la cabeza.
—Yo dejo cuando quiera.
—Ejemplo A —dije señalándolo.
—No quiero dejar sino te lo demostraría.
—Ejemplo B.
—Callate idiota.
—¡El muerto se asusta del degollado!
—Vos porque no sos "cool" como nosotros.
—A mí no me vas a correr con esa pelotudez. Jamás voy a ser tan tonta como para meterle venenos a mi cuerpo por propia voluntad para demostrarle a un Neanderthal como vos o cualquier otro que quiera que atente contra mi salud que estoy en "la onda". Eso tiene arsénico ¿sabías?
—¿Y?
—Te vas a morir.
—Todos morimos.
—¡Claro! Cuando tengas que arrastrar un pulmotor avisame. Hay que tener muy poco cerebro para agarrarte un veneno del que no tenés necesidad solamente para parecer "más piola".
—Sos una idiota.
—Ejemplo C. Seguís dando ejemplos de lo poco inteligente que sos en no darte cuenta que los únicos que ganan en eso son los de la tabacalera.
Esta discusión se iba repitiendo una vez por año con distintas sustancias.
La siguiente era el pegamento. Después un porro. Y últimamente eran pastillas de diseño (éxtasis, etcétera).
Si bien de chiquita mis argumentos eran bastante elaborados gracias a la insistencia de mis viejos en la importancia de que entienda del tema para que no cometa los errores que ellos habían cometido alguna vez, con el tiempo se complejizaron aún más.
—¿Cuando vas a dejar de ofrecerme pelotudeces boludo?
—¿Cuando vas a salir conmigo?
—Cuando dejes de ser tan pelotudo.
—Sin embargo del pelotudito marica ese no te quejás.
—¿No ves que sos un idiota infeliz?
—Pero en la Creamfield voy a estar re-puesto y la voy a pasar genial y vos no.
—Yo no necesito nada de eso para divertirme. Yo SOY divertida y puedo hacer las mismas locuras inclusive sin ni siquiera alcohol.
>>Vos porque sos tan pelotudo que para divertirte necesitás hacerle el negocio a los narcos que te usan de conejillo de indias para ver si el producto mata lo suficientemente lento como para que pases de la CreamField. De última te morís vos que no valés nada.
—Estos son de primera boludita.
—¿Sí? ¿Están certificadas por el ANMAT? ¿No ves que te comés cualquiera? ¿Sabés la cantidad de chicos que se mueren por tomar esas pelotudeces?
—Porque no toman agua.
—Jajaja Ejemplo A. Es como recomendarle alguien con cáncer que el agua le viva a hacer bien. Eso sí, seguro no se va a deshidratar.
>>No tiene nada que ver el agua. Lo que hacen esas pastillas es que los músculos se descompongan y queden las células muertas en la sangre que cuando pasan por el riñón lo hacen fallar y causan daño renal que aunque le metas agüita para que el cuerpo no levante temperatura, ¡la mierda esa no deja de destruir los músculos ni soluciona las células muertas en tu sangre! y si no te mata enseguida te deja usando pañales de por vida o haciendo diálisis ¡GIL! ¿No ves que sos vos el conejillo de indias donde prueban si solo mata a algunos o tiene altas tasas de muerte? En el último upgrade se murieron cinco pibes en la fiesta y a dos o tres les costó salir del coma y ahora necesitan diálisis de por vida. Y sólo la probaron una vez.
—Vos vení conmigo a la Cream y yo te doy de las buenas. ¡Son un flash!
—Sí, el flash va a ser lo que te quede de vida si no tenés suerte.
—Bueno vamos a tomar algo.
—¿Pero vos sos tarado o son todas las porquerías que tomás que no te dejan pensar?
—Ya vas a caer.
Por fin se dio por vencido. Claro que fue cuando lo vio venir a Milho.
—¿Todo bien?
—¡No! ¿Qué pasa conmigo que atraigo tanto pelotudo Milho?
—¿Te dijo algo? ¡Lo cago a trompadas!
—¡No! Nada en particular, lo de siempre no te calentés. Pero se me pegan todos los idiotas. Si no es este hueco que me ofrece pastillas, es Damián que es un mujeriego.
—¿Qué te dijo Damián?
—¡Nada! Quiere que salga con él. Pero es el Playboy del boliche. Se tranza a cuánta minita se le cruce. ¡Es un mujeriego!
—Bueno, no le des bola y listo. 🎱
Me quedé un rato pensativa y él lo notó.
—¿Qué te pasa Cane? Hace varios días que estás... distinta...
Ah, entonces él nota un cambio.
—Es que no es fácil decir que no cuando tenés tantas ganas de que te besen.
¡¿Lo dije o lo pensé?!
¡Lo dije! ¡Lo dije!
¡¿Cómo voy a decir eso en voz alta?!
¡Qué vergüenza! Va a pensar que soy una necesitada.
Me abrazó.
—¿Todavía estás con eso de querer estar enamorada?
— ¿Tan fea soy Milho que no se me acerca ningún varón decente?
—¿Qué decís?
—Cómo vos dijiste. A los hombres les entran las cosas por los ojos. ¿Tan fea soy que le entro a dos y uno es un desaste y el otro le entra a cualquiera?
—Nooo, no no no... Vos estás loca.
Me miró a los ojos.
—Vos sos hermosa.
Es tan sexy diciendo esas palabras. Ojalá no las dijera como un hermano.
—No saben lo que se están perdiendo Cane. Vos sos la mujer ideal. ¿No entendés?
—No lo creo.
—Lo sos... ¿Qué le dijiste a Damián?
—Que lo estaba pensando... Me daría mucha bronca darle el primer beso a un idiota que no lo valore y no se acuerde de mí en quince días.
Estoy segura que va a querer besarme en cuanto salgamos. Y no tengo las fuerzas suficientes para negarme.
—Cane...
Me tenía contra su pecho. Empezaron a saltarme lágrimas de los ojos. Más que nada por la impotencia que sentía.
Milho me miró. Me tomó de la barbilla e hizo que lo mirara.
—Sos hermosa ¿entendés? Yo lo sé bien.
Yo seguía llorando.
—Dámelo a mí.
—¿Qué cosa?
—Seamos nuestro primer beso. Nunca podríamos arrepentirnos de eso.
—Pero...
Me miraba los labios. Eso me silenció. Si no tenía fuerzas con cualquier otro ¿Cuánta fuerza podría tener con Milho?
Empezamos a respirar agitados. Comenzó a agacharse lentamente acercando sus labios. 👄 Los miraba ¿con deseo? ¿Podía ser? ¿Es gay? ¡Es gay! ¿Es?
Se acercó pausadamente. Hasta apenas rozar los míos y permaneció allí. No se movió más.
Podíamos sentir el aliento el uno del otro.
No me besa, se queda ahí.
No aguanto más. Mi corazón galopa con fiereza.
Necesito darle ese beso. ¿Qué más da?
¡No puedo perder nada!
Quiero que sea él quien lo tenga. Él es el único que lo va a valorar como lo que es.
Lo quiero. Tengo miedo. Lo quiero.
Mi corazón está hecho un nudo. Está compungido.
Realmente necesito este beso.
Dije basta Canela.
¡Lo besé yo! 💋💋💋

❤❤❤👄👄💋💋❤❤❤
Me aferré a su boca como a un salvavidas.
Fue un beso tierno, dulce.
Yo lo besé y me sentí en las nubes. Me deleité en sus labios cuánto pude. Los mordí, los saboreé, los degusté. Me embebí de ellos. Me refugié en ellos mientras duró. Reconocí sus rincones. Casi el último vestigio de Milho que desconocía.
Dejé de pensar. Me dediqué a sentir. Mi pecho se llenó de sensaciones. No quería pensar en él. No quería saber si él no lo estaba disfrutando. Si se sentía forzado o no.
Sólo recibir su lengua en la mía y acogerla allí. Dejarla explorar, acariciar. Me estaba transando él a mí también. Cariñoso, afectuoso, cuidadoso, caballeroso, mimoso.
Lo quiero tanto. ¡Tanto!
Milho.
Dios...
Dios mío...
Esto es el cielo.
¡Cómo me gusta!
Puedo sentir sus manos en mi mandíbula, acariciando con sus pulgares mis mejillas. Su tacto es suave, dulce.
Me saborea ambos labios, luego uno, después el otro.
Su mano ahora toma mi nuca y me atrae con más firmeza. Gira su rostro de un lado y del otro. Se incrementa levemente la pasión.
Una mano cae rozante hasta mi espalda baja y me atrae hacia él. Diría que está excitado. ¿Eso?🤔 ... no es un llavero. No no... no, estoy segura que no.
Se apoya en el ombú que nos cubre y deslizándose un poco hacia abajo, se sienta en una enorme raíz quedando a mi altura. Abriendo las piernas me cobija entre ellas y me atrae con más fuerza. Ahora lo puedo sentir mejor. Siento su erección en el punto en que mi cuerpo la desea. Firme y clara. Eso en el sueño no estaba. ¡Esto es mucho mejor que el sueño!
Ahora las sensaciones son claras en todo mi cuerpo. No estoy en una nebulosa indefinida. ¡Esto es real!
Mis latidos están a mil por hora.
Abro los ojos.
Él los tiene cerrados.
Tal vez no esté pensando en mi...
¿Por qué tuve que fijarme de esta manera en él?
Ya no puedo negarlo más... Me estoy enamorando...
Estoy perdida. Y ahora me siento perdida en un limbo de locura y pasión.
No me voy a arrepentir de este beso. No.
Es lo más lindo que viví en mi vida.
Voy a sufrir cuando vuelva a la realidad. No quiero volver. Quiero que sigamos así para siempre.
Por favor Milho, no te detengas nunca. Quedate en esta burbuja conmigo para siempre. No despiertes. No me mires. No te des cuenta que no soy lo que vos querés.
¡Dios! Ahora no puedo dejar de pensar en él.
Lo miro de nuevo. Parece disfrutarlo. ¿Y si no es gay? ¿Y si es bisexual? Después de todo, también es su primer beso en serio. ¿O no?
¡Ay Dios! ¡Voy a sufrir! Igual no me voy a arrepentir. Lo voy a sostener por siempre. Él es al único que quería entregarle este beso con amor. Porque él tal vez no me ame como yo quisiera, pero sé que lo hace y lo seguirá haciendo. Nuestro amor será infinito. No importa cómo.
Me muero de amor.
Me muero. Es tan tierno. Tanto o más de lo que podría haber imaginado.
Es el hombre ideal para cualquiera. Y más para mí.
Ay... se frena. Me aleja lentamente. Sus manos abarcan desde mi mandíbula hasta mi nuca. Abre los ojos despacio. Parece que saborea emociones. Me da un beso corto más.
Me mira nuevamente. Cierra los ojos y me da una seguidilla de tiernos besos más. 💋
Estoy en el cielo y en el infierno.
Aleja mi rostro nuevamente para observarme. Aún siento su erección. Potente. No puedo creer que yo pueda lograr eso en él. Me da un par de besos cortitos más y luego apoya mi cabeza sobre su pecho y me abraza con cariño.
Fuerte.
Mi oído está en su pecho. Siento su corazón latir con fuerza.
¡¿Y ahora?! No quiero salirme de sus brazos. No sólo porque son mi refugio. También porque ahora no puedo mirarlo a los ojos.
Me siento avergonzada. No pensé en lo que vendría después del beso. ¿Qué se dice? ¿Qué se hace? No tenemos futuro juntos de esta forma.
Me siento culpable. Él está tan seguro de nuestra amistad que nunca dudó en demostrarme afecto. Y yo desde hace rato que me la paso pensando cosas atrevidas. Lo induje a esto... ¿Qué diría si se enterara del sueño que tuve, de cuánto lo deseo desde hace un tiempo ya?
Imaginate si él fuera mujer y yo hombre.
¡Sería horrible que me aprovechara de su confianza para pasármela pensando cosas obsenas de ella! Y sin embargo yo lo hice y ahora lo llevé a este beso.
No, no me voy a arrepentir.
No quiero hacerlo. Nos amamos aunque sea de diferente forma.
Siento sus latidos que comienzan a acompasarse y me calman. Me relajan. Mis pensamientos finalmente dejan la revolución en la que se habían embarcado y se concentran en las manos de Milho que me acarician el cabello y los dedos de la otra mano se regodean en mi cintura donde mi remera les dejó una hendija de piel desnuda por donde se cuelan para rozarme suavemente.
Por fin dejo de pensar nuevamente.
Milho me besa la coronilla de mi cabeza y cuando estamos por separarnos, un tirón fuerte y la mochila de Milho se va en manos del ladrón que acaba de pasar por nuestro lado aprovechando nuestra distracción.
Lo corremos. Milho lo corre. 🏃
Son como cien metros hasta la calle.
Me canso y abandono. Me apoyó en las rodillas agitada, tratando de recuperar el aliento.
Milho sigue corriendo.
El chorro se sube a una moto donde lo espera su cómplice y salen disparados. 🏍
—¡La put* que te parió hijo de put*!! La conch* de tu hermana hijo de una re mil put*. Te voy a re-cagar a palos cuando te encuentre. No te vas a poder reconocer en el espejo hijo de put*
Beep... beep... beep beep. Beep... beep...
—Tranquilo Milho, tranquilo —le dije cuando logré alcanzarlo.
—¡Nooo! ¡El celular! ¡Las memorias! ¡Todas las filmaciones! ¡Las cámaras!
—¡Uy! ¡La put* madre! ¿Y ahora? ¡Son horas... días de trabajo!
—¡Me quiero matar! ¡Tengo todo en esa mochila! 🎒
—¿¡Qué vamos a hacer!?

❤👄💋🎒 🏃 🏃🏍 🏍




Capítulo 6:            Aventura

—¡No! ¡Cane! ¡Esa mochila en manos de cualquiera es un peligro, Cane! ¡Me las corto!
¡Ay no! ¡Qué desperdició! Solucionemos esto mejor.
-—¿Qué pasa Milho? ¿Por qué tanto problema?
—No, Cane, tenemos que recuperarla. Yo a ese hijo de "beep" lo tengo visto de algún lado. La p*"beep" madre que lo par"beep".
—Hagamos la denuncia Milho. Vamos.
—¡No! No tenés idea Cane. Estoy en el horno. Me van a comer crudo. Si llegan a ver lo que hay ahí adentro voy a estar en serios problemas.
Pará. ¿Te comen crudo o cocido? ¡Dejá de pensar pelotudeces Canela!
—Por unas filmaciones y unas tareas del colegio no podría pasarte nada tan grave. Vamos a denunciar el robo.
—¡No Cane! ¡En serio, no!
—Pero ¿qué tenías ahí tan problemático?
—¿Viste el taller de programación?
—Sí.
—Digamos que me extralimité en una de las asignaciones.
—¿Qué hiciste?
—Después te cuento. Ahora tenemos que ver la forma de recuperar esa mochila. ¿Lo viste? Yo creo que lo vi antes pero no me acuerdo. Ayúdame a hacer memoria.
—Memoria...
—Sí, alguna pista que nos muestre por donde seguirlo y agarrarlo al vuelo. Antes que se escape del todo
—Memoria, seguirlo... vuelo.
—¿Qué estás pensando?
—¡El celular Milho!
—¡Claro! ¡El celular! ¡Vamos a casa! Busquemos la tablet.

Volamos a su casa en las bicis 🚲 . Tenía todas las cosas a medio embalar para la mudanza. Revolvió entre algunas de sus cosas y sacó la tablet.
Busco en la aplicación del dron y ahí estaba.
—Míralo al hijo de "beep" este. La p "beep" que te re-parió ¡forro! ¡Te agarramos!
Cuando se pone así de varonil me re-calienta. Y después de lo que acabábamos de vivir y que estemos en esta situación con tanta adrenalina me daban ganas de tirarlo a su cama de golpe y arrancarle la remera a mordiscones.
Papito. Está furioso. Con el ceño fruncido buscando verle la cara a la rata inmunda esa...
—¿Me podés decir por qué no pudimos ir a la policia Milho?
—¡Miralo! ¡Decime si no lo vimos antes!
—Sí, hace diez minutos.
—No, no —dice haciendo caso omiso a mi ironía—¡Ya sé! En el boliche. Yo lo vi algunas veces ahí.
—¡A verlo!
Lo miré con detenimiento. No estaba segura. ¡Pero si el lo decía!
—Milho, poné a grabar. Por las dudas que no recuperemos el dron.
—Tenés razón. Aunque al dron lo puedo manejar desde acá y traerlo de vuelta. Pero no lo vamos a hacer, sino nunca vamos a poder recuperar ese teléfono donde tengo el software.
—¿Por qué no lo tenías en la nube?
—¡Estás loca! ¡¿Qué parte de ilegal no entendiste?!
—¿Ilegal? ¿Qué hiciste?
—Estaba casi terminado. Cualquiera lo cierra y está listo para testeo.
—¿Qué cosa?
—Es un software para entrar en la base de datos de cualquier Banco y resetear cualquier usuario y clave. Cualquier boludo que lo encuentre no tardaría mucho en llegar hasta mí. ¿Quién me va a creer que pensaba vendérselo a la seguridad bancaria?
—¡La p "beep" madre Milho! ¿Lo encriptaste?
—Sí, pero... cualquiera con un poco de conocimiento lo puede desencriptar. Eso lo iba a trabajar en cuanto lo terminase. Encriptarlo y desencriptarlo a cada rato para programar es un dolor de huevos. 🍳
—¡Ah! ¡Sos un boludo importante! ¡Sos el presidente de los boludos! ¡El encriptado es lo principal para que no te roben la idea, ni que decir el software completo!
—Tengo copias, pero lo importante es que no caiga en manos de delincuentes.
—¡Ah! Me quedo más tranquila. Menos mal que nos lo robó una persona ¡¡honesta!!
—¡No es que no estuviera encriptado! Ya te lo dije. ¡No me hagas repetírtelo!
—Bueno, bueno, calmémonos. Pensemos qué vamos a hacer. ¿Dónde está ahora el tipo?
—Está en un café en medio de una villa de emergencia. Se sentó en una mesa afuera.
—¿Y el otro? ¿El de la moto? Si vamos a esa zona, en cuanto nos vean... no volvemos con vida Milho.
—El que manejaba no está. Tenemos que planear bien qué hacer. ¡Uy no!
—¡Lo va a vender! No importa, podemos seguirlo con el dron.
—Si le cambia el chip ¡no!
—¡La Puta madre Milho! ¿Y ahora qué hacemos?
—Ya sé. Dame un min...u...to...
Se puso a manipular la aplicación del dron en recovecos del menú y de la configuración que nunca había visto siquiera.
—¡Ya está! Le hice reconocimiento facial al chorro y al comprador. En cuanto alguno de los dos se vaya con el celular, cambio a seguimiento facial. Es más fácil que lo pierda... pero algo es algo. Sino después lo hago volver on line con las coordenadas del GPS.
—Ay ¡no! Le está mostrando el celular.
—Roguemos por que no lleguen a un acuerdo. Mientras no le cambie el chip, aunque lo tenga apagado el estado latente en el que se encuentra, hace que el dron pueda seguirlo. Pero si lo cambian estamos perdidos. Si después se deshace del celular y no estamos vigilando, lo vamos a perder. Con suerte lo resetean y lo borran.
—¡Sacó el celu! ¡Ay no! Se lo dio.
—Pará, sólo lo está mirando.
—Ahí está. ¡Se lo devolvió!
—¡Zafamos! Lo apagó y se lo guardo. Debe creer que apagado no lo pueden rastrear.
—Pero y ahora ¿qué vamos a hacer? ¿Nos vamos a pasar todo el día controlándolo?
—Tal vez. Hasta que veamos la oportunidad de sacárselo. Tenemos que pensar en algo. ¡Mis viejos me matan!
—Algo vamos a hacer. Tenemos al dron. Hagamos algo. Definamos estrategias.
Número uno: ¿Estamos dispuestos a entrar en la villa?
—No - Sí —dijimos al unísono.
—¿Estás loco?
—Si es necesario voy a entrar. Con el dron tenemos ventaja. Aunque sea lo busco al Rulo. Y si no me ayuda ¡lo cago a trompadas!
Agrgrgr. Me lo como con papas al horno. ¿No es sexy cuando habla así? Debe ser porque siempre me pareció tan gay hasta hoy. Ay Dios. ¡Qué beso me dio! ¿O le di? Nos dimos. Me muero. ¿Ya se habrá olvidado de eso?

—¡Cane!
—¿Eh? ¡Ah! ¡Sí! Eso podría ser. Ok. ¿Qué más?... Número dos: ¿Cuándo deberíamos ir?
—Si vamos a irrumpir en su casa, tendrá que ser de madrugada o cuando no haya nadie.
—Sí, de madrugada. Van a estar todos los delincuentes robando.
—Puede ser. Pero primero tenemos que estudiar el movimiento del lugar.
—Tendríamos que turnarnos. Estudiar las grabaciones sería una pérdida de tiempo.
—Exacto. Anotemos todo. Hora de entrada, salida, rutinas que tenga.
—No va a tener rutinas —interrumpí—. ¡Si es un delincuente!
—Alguna rutina puede tener.
—¿Te quedás a dormir esta noche en casa?
¿Eso es una invitación? ¡Ah! ¡Por la vigilancia!
—¡¿Estás loco?! Mi papá nos mata y hasta que no larguemos todo en lo que andamos no nos van a dejar en paz. Mejor no levantemos sospechas. Llevemos la tablet a mi casa.
—Claro, sí, mejor.

Nos miramos un momento. ¡Qué lindo es! ¿Estará pensando lo mismo que yo? Dormir juntos...
—Vamos a tener que turnarnos para dormir, como bien dijiste.
—Claro, sí. —Sí, estaba pensando lo mismo, sólo que en cómo evitarlo.
—Hoy es jueves de trampa. Tal vez vaya al boliche.
—¡Ah! Cuando van todos los infieles a engañar a sus parejas con la excusa de salida de amigos ¿no? El dron tiene la función de obturador automático activada para la luz nocturna ¿no?
—Sí, te capta hasta la luz de las estrellas. Quédate tranquila. Cambiémonos para estar listos por si tenemos que salir —propuso—. Me baño así cuando vamos a tu casa te ponés linda vos. Aunque más de lo que sos, no sé si sea posible.
¡Aaahhh! Me sacó una sonrisa. ¿Me parece o la está jugando de galán?
—¡Dale! Perfecto. —Me hago la boba.
—Estamos juntos en esto ¿no? —Me dice ofreciéndome su puño 👊 a modo de saludo.
—¡Por supuesto!—confirmo y chocamos con un  golpecito como si brindáramos con porrones de cerveza 🍻 y luego un vaivén de dedos al azar 🖐 se rozan dorso con dorso alejándose.
Sólo que esta vez nuestro legendario "saludo-travesura" nos dio una descarga electrizante que ¡me paró los pelos de punta!

🎒🎒 🏃 🏃🏍 🏍

Desde que nos robaron hasta ese momento Milho había estado realmente preocupado. Pero desde que con el saludo-travesura se me electrizaron todos los pelos de la manera menos sexy que una chica pudiera desear, no paró de cargarme.
Se burló de mí toda la noche. Cada vez que creía que se había calmado con el tema, empezaba a reírse solo.
No me entiendan mal. Me alegro mucho de haber contribuido a mejorar el ánimo de mi amigo que ahora se había vuelto mucho más optimista. Pero ya me estaba poniendo los pelos de punta... Exacto, este mismo era el basamento de la gastada que me estaba pegando.
Toda la noche me llamó "Electra". Me decía:—¡No te calentés! ¡No es que quiera ponerte los pelos de punta!
Me volvió loca en definitiva. Para mí era una traición. Después del momento que habíamos vivido, hacerse el desentendido completamente y tratarme como a una hermana a la que se molesta con saña, me estaba llevando al limite de tolerancia. Ya parecía un bobo.
Llegamos al boliche escapándonos de casa para no tener que dar explicaciones. En la puerta saludamos a los patovicas que custodiaban la entrada, Milho les dice algo al oído, les muestra la tablet y pasamos sin hacer cola, como siempre. Preguntó si habían visto al tipo que buscábamos.
—¿Les dijiste que nos avisen si lo veían?
—Sí, pero no puedo decirles que lo retengan o van a empezar a hacer preguntas. Les dije que no le digan nada a mis viejos de que estábamos acá.
Estuvimos atentos a la tablet continuamente. Nos mezclamos entre todos los que bailaban. Hoy habían bailarinas de escasa ropa seduciendo hábilmente cada una a su caño. El seducido era frío, pero todos los que miraban el showsito estaban que ardían.
—¡Tu papá Milho!
—¿Dónde?
—¡Agachate o nos mata!
—¡Y le cuenta a tu papá!
—¡Vamos para la otra punta!
Formamos un sendero fantasmal entre la gente que no entendía quien la golpeaba, pisaba, chocaba. Fue un caos. Fuimos trazando un camino de personas dándose vuelta para reclamarle sorprendida a la nada hasta que volvían la vista hacia abajo y reconocían dos infelices gateando como animalitos por el piso.
Por fin nos alejamos lo suficiente cuando la tablet emitió una alarma.
El dron estaba en movimiento. Seguía al delincuente que se movilizaba moto.
Parecía que estábamos viendo la final de un mundial por el grado de concentración. Saltábamos cada vez que amagaba a ir hacia otro lado y suspirábamos con alivio cuando retomaba el camino hacia nosotros.
Festejamos cuando llegó al estacionamiento.
—Vamos a la entrada y lo agarramos con los patovicas. Ellos me van a hacer la gauchada.
—¡Macanudo!
Sí, volvieron esas expresiones gauchescas hacía un tiempo atrás.
Empezamos a caminar entre la gente cuando de pronto se armó una fiesta de espuma. El descontrol fue total. Todo el mundo se patinaba impidiéndonos el paso. Se caían y se sostenían de lo que encontraran. Más de una vez nos encontraron a nosotros dos y terminábamos despachurrados por el piso, llenos de espuma.
De pronto Pablita se aparece a los aullidos de euforia, toda feliz ella y nos entorpece la retirada.
Confiábamos que el patova que nos dio su palabra lo retuviera. Pero al llegar a la entrada, no estaba, había dejado su lugar a otro y por lo visto no habían reconocido al delincuente que justo lo enganchamos entrando.
—¡Paralo! —gritó Milho a uno de los patovas.
Pero el grito alertó al delincuente que se metió en la disco y se mezcló entre la gente.
Empezamos a buscarlo y le dije a los muchachos que me había robado el celular para que me ayudaran a atraparlo.
Nos mezclamos entre la gente a los codazos y empujones, pero estaba tan lleno que no pudimos dar con él. Cuando de pronto nos avivamos de ir a esperarlo en la puerta con la tablet.
Limpiamos la pantalla llena de espuma aún.
—¡Ayy! ¡Qué cool! Milhi! —dijo Pablita al ver la entrada de la disco en el dispositivo.
No le dimos bola.
—¡Esperémoslo en la puerta!
—¡Qué pasa chicos! ¿Necesitan ayuda?
Lo ignoramos mientras corríamos, o más bien patinábamos hasta la salida.
Habían varias puertas y debíamos estar atentos.
No nos daban los ojos para dividir la atención entre la puerta y el dron que se movería en la pantalla en cuanto percibiera la cercanía del celular aunque yo no viera al sujeto.
Efectivamente eso ocurrió. El dron se movió y alertamos a todos.
—¡Está acá!
Cuando todos estuvieron atentos el delincuente comenzó a correr como un desquiciado y Milho intentó atraparlo entre la gente, pero el tipo quedó fuera de su alcance.
Revisó en un segundo la pantalla del dron y notó que estaba inmóvil en la puerta del lugar.
Nos miramos con Milho sin entender lo que había sucedido. El celular estaba aquí en alguna parte y el delincuente había huido.
Fue Pablita quién había manoteando la mochila de Milho que llevaba el ladrón y la traía cuál trofeo en alto.
—¡Me pareció que está era tu "mochi" Milhi!
Y Milho le dio un beso en la mejilla y le pegó un abrazo que me hizo odiar más a Pablita de lo que ya la odiaba.
Igualmente debo reconocer que nos salvó la vida.
El chorro se había cagado en las patas al ver que toda la seguridad y la mole de Pablita lo persiguieron.
Milho revisó por arriba la mochila y sacó su celular, borró el software al instante y se lo guardó. Tuvo que darles una buena propina a la seguridad para que no nos delaten con sus viejos. Los muchachos no hablarían. Sería mejor no contar nada a sus padres ya que estaba todo solucionado.
Si ya Milho me traía enervada con sus gastadas, que Pablita haya salvado las papas del fuego la empeoró. Estaba que explotaba.
Nos despedimos de todos y nos fuimos en la moto a casa.
Esos minutos sólo con el sonido de la moto, bajo las luces de la ciudad que corrían presurosas hacia nuestras espaldas, potenciaban la sensación que me daba ir abrazada a la cintura de Milho. Era mi oportunidad preferida para palpar sus abdominales disimulando sostenerme.
¡Qué delicia! Ya relajada luego de tanta tensión, podía disfrutarlo con calma. Presionaba mi cuerpo contra el suyo. Sentía mis senos en su espalda. ¡La campera de cuero negro le quedaba tan sexy! ¡Y la moto ni te cuento! Además, después de ese beso, y de percibirlo tan varonil mientras duraba la persecución en sus distintas etapas.
Él ni se inmutaba. Para él era cosa habitual entre nosotros y nada que le atrayese.
Entramos a hurtadillas pero mi papá había salido así que teníamos la casa para nosotros solos. Teníamos que revisar las memorias y cámaras que nos habían robado. Revisamos en uno de las divisiones del bolso y allí estaban todas. No hizo falta revisar los miles de recovecos que posee.
—¡Qué genio Pablo! ¿Viste como le manoteó la mochila? Le rompió las tiras, se las voy a tener que coser, pero ¡cómo zafamos!
—Seh.
—Menos mal que estaba ahí.
—Clah...
—¡Creo que ni Electra con sus súper poderes de cabellos electrizados habría logrado semejante actuación!
—¡Sos un pelotudo! ¿Sabés?
—Jajajaja
—¿En serio me vas a seguir cargando con eso? ¡Sos el idiota más idiota que existe en... en... la ciudadanía, en... la Tierra, en el Universo!
—¡Jajaja! Electra ¿está enojada?
—¡Idiota!
Me di media vuelta y haciendo puchero me empaqué con él como hacía diez años no hacía.
—Ayyy, nooo, Electra no te enojes, dale... —me rogaba todavía irónico. Yo no le hablé más. Había cruzado mis brazos en clara señal de haberme cerrado completamente.
Insistió algunas veces más hasta que de pronto, lo inevitable. El único remedio, la única solución posible a mis empaques desde siempre... Cosquillas...
De pronto me vi avasallada por un Milho que sujetó de los brazos y llevándome hasta un rincón me atrapó con su cuerpo mientra recorría con dedos traviesos mis puntos más cosquillosos. Las costillas, el abdomen, el cuello, las axilas. Fue imposible resistirme. Era infalible. Reí. Reí mucho.
Pero yo también ataqué en cuanto recobré fuerzas.
De pronto, mientras me tenía presionada contra la pared con todo su cuerpo, siento que con los nudillos de la mano rozan mi seno y se detuvo.
Su cuerpo aún me apresaba. Mi risa iba menguando lentamente.
Lo vi serio. Agitado su pecho, respiraba con dificultad. Seguramente el esfuerzo de las cosquillas a muerte que acabábamos de disputar.
Me mira la boca, esa misma que lo había besado varías horas atrás. Y de pronto lo recordé todo. Todas las sensaciones. Todas las emociones. Todo el placer.
Me miraba ¿qué estaba mirando? ¿Donde me había rozado un momento antes? ¿Eso es gay?
El roce fue tan sexy. Tengo su cuerpo aprisionándome arrinconada entre la pared y un mueble. Mis manos intentaban cubrir mis zonas cosquilludas pero las consecuencias son catastróficas. Desde su altura mis senos se ven rebosantes por acción de mis brazos que los aprisionan para evitar sus manos en mi cintura aún efervescente.
Mi cuello se cierra en torno a su boca que me baña de vapor electrizante y reverbera las sensaciones en todas las áreas sensibles a esa feliz tortura.
Mi risa ya calma, al notar la seriedad impuesta en su comportamiento, se apaga totalmente. Sólo se va difuminando lentamente una sonrisa remanente en mi boca.
Sube la vista lentamente y ahora sí me mira a los ojos. Estamos agotados, transpirados de toda la acción de la noche, incluida la de recién.
Parece no importarle porque deja un beso suave en mi cuello cuya onda expansiva recorrió toda mi piel cual bomba atómica.
Su cuerpo me aprisiona aún más. Creo que está excitado otra vez. ¿Cómo puede ser? Me olvido. Quiero disfrutar el momento.
Cierro los ojos absorbiendo el placer. Parece que ronronea en mi cuello.
Abro los ojos y me estaba mirando. Parece indeciso. Quiero ayudarlo, pero me siento impotente. No puedo forzarlo a hacer algo que cambie nuestra relación para siempre si no está seguro. Mi respiración está agitada y también la de él.
Sigue mirándome, me recorre de la boca al cuello y los ojos. Luego a la boca otra vez.
Comienza a aflojarse, se está alejando mientras mira hacia abajo, como resignado. Me mira una vez más y me devora entera con la mirada.
Ya no sé si es lo que pasa o son mis deseos.
Está recorriendo todo mi cuerpo. Esto ya no se trata de cosquillas.
Otra vez sus ojos en mis labios... y de pronto...  se abalanza sobre lo poco de mi cuerpo que faltaba aprisionar y en el forcejeo me sujeta los brazos sobre la cabeza a la par que arrebata mis labios desesperadamente. Me apoya todo su cuerpo.
Mis pechos se aprisionan en el suyo. Esto es muy excitante. Es muy sexy.
Sujeta con una mano las mías.  Su otra mano baja por mi brazo, mi omóplato, mi espalda, mi cintura... cada vez baja más lento mientras me come la boca.
Quiero tocar su pecho, sentir su corazón... Necesito saber si está tan acelerado como el mío... Quiero sentirlo en mis manos... Me libero de su agarre y bajo lentamente hasta su hombro...
Aún forcejeamos con frenesí.
Su mano sigue camino hacia mi espalda baja a la vez que la mía quiere sentir su pectoral y en el momento en que mi mano toca su pecho y su mano mi glúteo, se detiene de repente y se aleja un paso. Como quien hizo algo malo.
¡Noooooooo! ¿Por qué? ¿Por qué?
Me deja ahí, apenas respirando.
—¡Perdoname!... Perdoname, perdoname.
—Per...
—Ya sé... ya sé, me fui al carajo, me zarpé, perdoname, estuve mal. Yo... no tengo derecho... perdoname. Hagamos que no pasó nada... por favor... disculpame Cane por favor.
¿Que no pasó nada? ¡¡¡¿Que no pasó nada?!!!
¡¡Éste no tiene idea!! ¡Me va a volver loca!
Me da un último beso que intentaba ser casual, pero acertó en la boca otra vez. Nos miramos otra vez, como sorprendidos.
Él con cara de susto. Cara de "se me escapó"
—Perdón, mañana nos vemos —me dice y se va.
Así nomás.
Mi cabeza es un torbellino. Camino de un lado al otro de mi cuarto.
Sé que es algo que él tiene que resolver. No puedo hacer nada y eso me desespera.
No sé si está pasando por alguna especie de crisis de identidad, algún conflicto existencial o por una fase experimental. Y a esta altura estoy tan caliente que no me importaría experimentar con él.
Estoy tan desesperada que creo que me dejaría cortar en pedacitos por él si me dijera que es un asesino serial.
¡Dios! ¡Qué difícil!
Me comí las uñas hasta que una empieza a dolerme.
Creo que dejé un surco en la alfombra.
Me calmo un poco y me acuesto en la cama.
Mis pensamientos no dejan de ir del beso en el río al beso de recién.
Parecía una eternidad entre uno y otro. Y solo habían pasado unas horas.
Tengo miedo que nuestra relación no vuelva a ser la de antes. No quiero que cambie.
Suena un mensaje.
Corro, debe ser de él.
Nop. No es.
Dami.      
💍💍                    23:45
¿Qué le pasa a este pibe?
Yo: ??? ¿Te equivocaste? ¿Te estabas declarando a tu novia? 23:45
Dami: No! era para vos.     23:45 ✅✅
Yo: ???????  23:45
Dami: ring ring H🌊!!       23:45 ✅✅
JAJAJA La verdad que Damián me hace reír. Al menos es insistente.
Yo: Jajaja... sos un pelotudo atómico! 23:46
Dami: 🐝p 🐝p                   23:46✅✅
Yo: y eso?                             23:46
Dami: es la censura a tu lenguaje. Beep beep.     23:46 ✅✅
Yo: jajajajaja ¿Siempre usas estas estrategias con las chicas?     23:46
Dami: Obvio! Es un 🍖 de 🦁💅     23:47✅✅
¡Ah! ¡Bueh!
Me rio.
Yo: qué?!????!!!!  23:49
Dami: es un gol-aso  de Lio-nail       23:49✅✅
Yo: jajajajaj gol de Lionel Messi Jajajaja
¿Y no se espantan? 23:49
Dami: Noooo.. Firmes como un 🎲  en 🌏 🏍 y con 🐒⛸           23:50✅✅
Yo: soldado en terremoto y con monopatín!!
Jajaj esa la agarré!     23:50
Dami: 👌 quedan ️️a mis 🇦🇷➕  23:50✅✅

Yo: Me perdiste! 23:55
Dami: Más perdió el 👑 🚲 👶 que lo perdió todo!! Jajajajaj        23:57✅✅
Dami: Era: Bien! Quedan ancla-dos a mis
AR-MÁS. jajajja
Y recién Más perdió el Rey visi-godo que lo perdió todo.               00:00✅✅
Yo: Ahhhh jajajja ¡¡Sos original al (-)!! 00:01
Dami: Sí 👍! No son muy 🇺🇸✌️️     00:02✅✅
Yo: USA DOS JAJJAJA       00:02
Dami: Quería saber si no te habías 🐐✌️️que no escribiste más.     00:03✅✅
Yo: Yo? Noooo!  00:04
¿En qué momento me voy a cabrear? ¿Mientras me transaba a un gay? o cuando perseguíamos a un ladrón ¡¡haciendo inteligencia criminal!!
Dami: Uy! Es 🍐         00:04✅✅
...
Dami: ¡De 💪 (mús) no tiro el 🚪.
Del bochinche desperté a Pablo.   00:10✅✅
Yo: ???       00:10
Dami: De culo (músculo sin mús) no tiro el vela door.             00:10✅✅
Yo: Pablita....  (Borro borro)
Yo: jajajajaj ¿Pablito duerme con vos? 00:12
Dami: Sí. Somos muy com 📌de toda la vida. Charlamos mucho antes de 💤.  00:14✅✅
Yo: No habrá in🗑ahí no? (Borro borro)...
Yo: Así que com-pinche... ¿Siempre se cuentan todo?                00:14
Dami: Casi siempre. A veces. 🚫 💿  00:15✅✅
Yo: ¿Qué cosas no cede?  00:15
Dami: Por ejemplo hace un 🐭 🍷y le pregunté dónde andaba y se puso r 👀 como un 🍅. Cuando me miente parece 📌8.  00:19✅✅
Yo: jajaja 😂 Pin-ocho!   00:20
¡Un momento! ¿¡De dónde vino!? ¿¡Con quién estuvo!?
Yo: ¿Recién? No le sacaste nada nada?? ¿Qué creés que estuvo haciendo? ¿Con quién? ¿Algún candidato?  00:20
¡Ay no! ¡No no! ¡¡Eso no debí mandarlo!!
Parezco una loca metida ¡y desquiciada!
Dami: ? Vos también creés que estuvo con Milton? 🤔     00:24✅✅
¡Ah me mueeeeeerooooo! 😤



Capítulo 7:            Celos

¡¡¡Me muero "muerta"!!!
¡Lo mato!
¡Me muero muerta 💀, resucito "viva", lo mato bien muerto y me muero muerta otra vez!
Y después... ¡Lo ahorco! Lo acogoto con mis propias manos.
¡No se habrá atrevido!
¡¡Me va a oír!! ¡Acá se le arma!
Cuando me dormí, mi cerebro se había cansado de emitir amenazas mentales. Pero mi poder mutante no se había despertado aún. Así que nada llegó a destino.
No sabía lo que iba a hacer al levantarme.
Me despertó la alarma para ir al colegio.
Prácticamente no le dirigí la palabra a Milho.
Me rondaba como un perrito que se portó mal. Con la cola entre las patas y lloriqueando.
A la tarde nos tocaba gimnasia en el mismo predio deportivo, pero practicábamos distintos deportes.
Yo hago túnel de viento, así que en el predio entrenamos sólo para estar en forma.
Milho hace hockey sobre césped.
Siempre lo veo desde donde esté porque la cancha de hockey es imposible de ignorar pero él a mí no. A las chicas de viento, la vez por semana que vamos al predio, nos ponen en algún rincón con pasto y ahí hacemos elongación, abdominales, corremos, sentadillas y demás.
Siempre a la salida voy a buscarlo para volvernos juntos. Pero hoy no quería ni cruzármelo.
Él me encontró a mí.
Tengo que saber qué hizo anoche pero no pienso preguntarle nada...  ya me voy a enterar. Ahora quiero dejarle bien en claro que estoy muy enojada. Si después de lo que me hizo se fue para hacer lo mismo con Pablita...

—Anoche... Papá Indio me preguntó dónde estuve —me dice tratando de sacar conversación mientras volvemos caminando a casa que normalmente nos lleva diez minutos. Hoy no creo que dure cinco.
—¿Y?
—No... bueno... le dije que estuve con vos.
—¿Eso sólo? —¡Opa! No me aguanté.
—Sí. No le iba a contar que estuvimos en la disco. No sé si nos vio... ¿No te preguntó nada tu papá?
—No.
—Espero que nadie le cuente todo lo que pasó en la puerta.
—Mhm.
Monologaba mientras me miraba de tanto en tanto de refilón. Yo caminaba rápido mirando al piso.
—Sino hoy cuando vengas a ayudarnos con la mudanza nos van a volver locos.
¿Mudanza? ¡Encima lo tengo que ayudar con eso! ¡Ay no puedo zafar!
—Mmh.
—Nos va a ayudar Pablo y Damián.
—¿Va Pablit...o?
Sí. Se me escapó. No soy buena con la táctica de la indiferencia. 😐
Veo que se alegró de que abandone las oraciones unimembres.
—Sí. Le había comentado y se ofreció a ayudarnos. Mejor. Así tardamos menos.
¡Encima la invitó a su casa! ¡La que yo todavía no conozco!
Respecto a Milho quiero acapararlo todo. Quiero ser la primera. Quiero ser la única. ¿Estoy para el psicoloco?
Entré a casa sin saludarlo siquiera. Pobre... ahora me da lástima. Me siento culpable.
—Te paso a buscar con el camión.
¡No lo puedo creer! ¿Por qué se comporta como si no hubiera pasado nada?
Me la pasé dando vueltas hasta que Marita me avisó que estaba la comida.
Después seguí dando vueltas.
Llegó dos horas más tardes. Cuando me vio, su expresión me demostró que debí recordarle que no estaba todo igual que antes.
Me había puesto unas calzas y un top para el infarto. Eso esperaba al menos.
Se le trabaron las palabras al empezar a hablar.
—Pasamos por los chicos y ya vamos. Mis viejos hicieron la mayor parte porque con el negocio, los fines de semana están más que ocupados. Sólo queda mi cuarto, pero está todo embalado.
—Mhm.
Me mira aún como pollito mojado. 🐣
Hizo un par de cuadras y llegamos. Ahí estaba Pablita toda emocionada. Con una remera ajustadísima. Yo creo que apenas respira adentro de eso.
Creo que podríamos tener una clase de anatomía directamente sobre su remera.
¡Ahh! ¡Cómo lo detesto!
Empezamos a cargar cajas. Lo primero que hace Pablita es tratar de ayudarme a cargar la primera a la que apunto.
—¡Dejá! Yo puedo sola.
¡Minga podía!
No iba a darle el brazo a torcer a Pablita, que me miraba con cara de superada.
¡Pará un poco! ¡Espartano! ¡Volvete con tus 300!
Pero si eso es lo que le gusta a Milho... al menos voy a poner todo de mí. Si le gustan los varoncitos yo le demostraría que puedo ser como cualquier varoncito. Bueno, uno flacucho, de poco músculo tal vez.
Me agaché sacando culo. Obvio. Lo malo es que no me podía levantar. Tuve que dejar el culo de lado y tratar de usar piernas y abdomen. Eran treinta centímetros cúbicos de plomo. No sé qué le habían puesto adentro.
Creo que me lesioné la columna de sólo levantarla.
La humillación fue tremenda. Estaba transpirando como un cerdo. Creo que no podía verme menos sexy. ¿Tal vez sexy como un varoncito poco sexy?
¡Ay! ¡Pero! ¡¿en qué estoy pensando?! ¡¿Cómo se me ocurre esto de ponerme a competir de igual a igual con un chongo tan fuerte como está Pablo?!
Tanta testosterona me estaba afectando. Músculos por aquí, músculos por allá. Culpa por aquí, culpa por allá. La verdad que estaba rodeada de unos bombones impresionantes.
Pasaron unas chicas por la calle y me miraron con una cara de odio. Pura envidia. Son gays mamita. ¡Seguí camino, dale querida!
¡Dios! Estoy perdiendo la poca cordura que me quedaba.
Cargamos todo al camión. Comencé a elegir mejor mis batallas. Empecé a tomar las cajas más livianas y en todo lo que Damián o Milho me ofrecían ayuda, las aceptaba. Por supuesto a Pablita no le acepto ni un vaso de agua.
Llegamos a su nueva casa. Sólo a tres cuadras de la mía y a cinco de la de los chicos.
—¡Hola papá, hola. —saludó Milho a sus viejos—Estos son Damián y Pablo.
Se saludaron. Los padres se deshicieron en elogios por Pablita. Grgrgrgr.
—Hola Indio, hola —saludé—. ¿Dónde dejo esto? —les pregunté al borde de la hernia.
—Dejen todo por acá —indicó Milho—. Este va a ser mi cuarto... Eso espero... Yo después desembalo todo.
Era un cuarto hermoso y lo mejor era que, como el mío, daba a la calle en primer piso y tenía una rama firme a la que se podía trepar para acceder desde afuera. Así continuábamos con nuestras escapadas furtivas cuando queríamos.
Terminamos todo y Milho me frena.
—¿Vamos al boliche hoy?
No sé qué decirle. Le tendría que cortar el rostro y no hablarle por un tiempo para que aprenda.

🚚🚚🚚

Me di media vuelta y lo dejé pagando.
Ni bien lo hice, me sentí para el diablo (por no decir para la mierda). Podía ver en mi mente su mirada confundida. Su arrepentimiento. Su necesidad de que estemos bien.
Era la misma que la mía. Necesitaba ordenar mis pensamientos. Ahora no podía hablar o terminaríamos peleados. Estaba muy enojada. Encima él trae a su amiguita a su casa. ¡Eso me terminó de sacar!

Caminé a casa y Damián me alcanzo corriendo.
—¡Esperame! ¿Estás bien? —preguntó algo extrañado.
—Sí, claro.
—Ah, es que estuviste un poco rara todo el día. Sobre todo con Milho.
—Sí... nada grave. Ya se me va a pasar.
—Pasa algo entre ustedes. —Creo que mi cara le dijo todo porque se corrigió al toque—. O sea.. siempre se hacían los novios y eso. ¿Alguna vez salieron?
—A todos lados.
—Naa, dale, vos me entendés. ¿Fueron novios alguna vez? Digo... antes de...
—No. Nunca. Yo jamás lo habría mirado de esa manera.
¡Bueno! En realidad mirado, mirado, lo miré de tooodas las maneras y muuucho. Pero jamás lo habría considerado distinto a un amigo.

—Anoche ¿te dormiste?
—¡Ah! ¿Eh?... sí, creo que sí.
—Con razón. Después de lo de mi hermano no contestaste más.
—Claro, fue eso..
Poneeeele. Hagamos de cueentaa que fue eeeesooo.
Espero que mi cara no me venda. Creo que me delata sola.
—¿No te contaron lo que hicieron? A mí ya sabés que no me contestó ni una pregunta.
—¿Qué le voy a preguntar? "Che... Milho... ¿que hiciste anoche con Pablit...o?" No da... A mí no me da la cara al menos.
No quiero imaginarme todas las posibilidades. ¿Lo dije o lo pensé? Lo pensé. Uff. 😅
—¿No son tan buenos amigos?
—En este momento no estoy segura.
¡Y vaya si no lo estaba! ¡¿Qué corno somos?! ¡¿Qué corno le pasaba?! ¿Qué le pasaba conmigo? ¿Qué le pasaba por su cabeza? ¿Qué le pasaba con esta cuestión gay que jamás le había avergonzado ni había ocultado?
¿Por qué ahora estaba haciendo lo que hacía? ¿Por qué me involucró a mí también? ¿No se dio cuenta que podemos salir lastimados? ¿Que  podemos perder lo más valioso que tenemos que es nuestra amistad de toda la vida?

Nos sentamos en el porch de entrada. Nos quedamos charlando por bastante rato. Me contó de su familia, de sus planes de estudio, de su hobbie que es la regata. Nos reímos un poco también. Por un momento me hizo olvidar lo mal que la estaba pasando con esta inquietud.
—Cane... —me dice de pronto. Me mira muy cerca y se me acerca más. Cada vez tengo su torso más encima. Me frena la pared y ya no puedo retroceder—. Me gustás mucho...—me habla mirándome a los labios.
¡Ay Dios! ¡Qué tentación! ¡Tiene unos labios tan seductores!
Empiezo a sentir todas esas emociones tan fuertes que me pasaron con Milho. El corazón se me acelera. Tengo muchas ganas de dejarme llevar. ¿Esto será lo que le pasa a todo el séquito de mujeres con las que chapa continuamente este engendro?
¡Ah noooo! No voy a caer solamente en el segundo round.
Lo miro a los ojos.
—¿Te dije que me gusta ser la primera vez de los engreídos como vos?
Se queda mudo y se incorpora contrariado.
—¿La primera vez?
—Sí.
—Nuncaaa....
—La primera vez que se sienten rechazados.
—Ahh... eso...
Sí, nene. Lo otro también pero no me interesa discutirlo con vos ahora.
—Comprenderás que si te permito seguir avanzando, perdería toda la diversión.

Me mira y se ríe con buen humor.

—¡Es cierto! Todavía me debés un segundo round.
—Yo diría que acabás de perderlo. En todo caso estás pidiendo un tercero.
Se ríe más fuerte.
—Cane, ya tengo toda la pelea perdida, hermosa.
¡¿Eh?! ¿Eso qué significa? ¿Me está diciendo lo que yo pienso?
No,no ¡Cane! ¡Es un gaaanaaadooor! Este pibe la tiene re-clara. Te dice todo lo que querés oír. ¡No podés caer en sus redes así nomás! El fin de semana que viene está tranzando con alguna otra.
—Seguro se lo decís a todas ¿no?
Se ríe.
—¿Cuándo?
—¿Cuándo qué?
—¿Cuándo salimos? Vayamos a otro boliche. Siempre vas al mismo.
—No.
¡Ese "no" va a durar tan poco!
—A tomar algo a algún pub.
—No.
—¿Qué te gusta hacer? ¿Un museo?
Me río.
—¿Un museo?
—Dale, lo que sea, vos y yo solitos.
—Acá estamos solitos.
—¿No vas a aflojar?
—Por ahora no. —¿Lo dije o lo pensé? ¡Lo dije, lo dije! ¡Tonta, tonta!
—Me gusta que sea por ahora nada más...—Tonta, controlá tu lengua—. ¿Hasta cuándo?—me pregunta con una expresión de sufrimiento.

Ayyy... es muy tierno cuando me mira con esos ojitos... Son verdes cristalinos. ¡Qué belleza de ojos!
—¡Basta Dami! Así estamos bien.
—No, no estamos bien... Mirame, estoy herido de muerte —se toma el pecho como si le hubieran pegado un balazo.
Balazo...
Eso me recuerda a Milho. ¡¿Por qué tiene que ser gay?!
¿Qué le voy a contestar? ¿Hasta que defina lo que me pasa con mi amigo gay y qué le pasa a él conmigo?

—Si querés vení esta noche y vemos unas pelis.
—¿A qué hora?
—Cuando quieras... yo voy a estar en casa.
—¿Y Milho?
—Hoy iba al boliche.
—¿Y tu viejo?
—No pasa nada. Mi viejo es re-pata. Siempre me hace la gamba con todo.
Al menos nunca me hace problema con Milho que lo conoce de toda la vida y es gay. Pero eso no te lo voy a decir.
—Nooo, pero no lo conozco.
—¿Y qué hay? Yo te lo presento. Es eso o nada.

Cómo me estoy divirtiendo con las caras que pone Damián. Jajaja. Si creía que la iba a sacar gratis de arriba.
—Bueno... si vos lo decís...

Nos despedimos y se fue no muy convencido. Habría que ver si venía. No sé si le gustó mucho que vaya a tener que enfrentarse con mi viejo. Pero a mí me va a divertir mucho verlo transpirar.

Tal vez deba darle una oportunidad a Damián y sacarme de la cabeza a un imposible.

Me fui a dar una ducha y comí algo mientras veía la tele.

Cuando se hicieron las nueve de la noche cayó Damián.
—Hola.
—Hola. ¿Tu viejo?
—Debe andar por el fondo.
—Si fuera tu mamá le traía flores. Pero como es tu viejo, le traje un vino. Espero que le guste.
—Sí, seguro que sí. Gracias.
Nunca tocamos el tema de mi mamá con Damián. Creo que en cuanto lo dijo se arrepintió. Pobre. No lo voy a hacer pagar por ese comentario. No fue con mala intención.
Nos pusimos a escuchar música mientras preparábamos una picada y elegíamos películas para ver.
Yo quería ver una 3D y él una común porque decía que le hacía doler la cabeza el 3D.
Mi papá se apareció un momento y se presentó muy serio. Tendrían que haberle visto la cara al pobre Dami. Creo que se ensució un poquito los calzoncillos jajaja.
Mi viejo es re-gamba. Nos dejó solos toda la película y ni nos molestó. Se puso a trabajar en el taller con sus aparatitos electrónicos con los que le gusta jugar a inventar cosas.
En un momento ya ni mirábamos la película. Estábamos charlando de boludeses cuando hizo algo que hasta ese momento sólo Milho había hecho conmigo.
Se acostó en mis piernas.
Yo lo dejé. No sé. Me dio nostalgia de estar así con Milho.
Más tarde, casi al final de la peli, empieza a incorporarse para hablarme. Yo me agacho y le pongo el oído. No sé qué me dice, pero me hizo reír porque me dio cosquillas y me recorrió todo el cuerpo.
Me puso su mano en mi mentón y me giró la cara.
Quedamos frente a frente. Sólo tenía que incorporarme y estaría fuera de su alcance.
Pero no pude. Esa atracción me mantenía ahí.
Me corría la adrenalina. Como si fuera algo prohibido. Domesticar al mujeriego.
Comenzó a acercarse.
No sé qué decía, no estaba pensando con claridad.
Fue un milisegundo cuando lo oí a Milho detrás nuestro.
—¡Cane! ¡Tenemos que hablar!

📺 📺📺

—¡Sólo estábamos viendo la peli!
¿¡Lo dije o lo pensé!? ¿¡Lo dije o lo pensé!?
¡Lo dije! ¡Lo dije! ¡Dios! ¡Tengo que controlar esta bocaza, getona!
—Sí, ya veo. —dice Milho desaprobador.
Damián se había incorporado y ambos lo mirábamos con incredulidad.
—¿Qué hacés acá Milho? —pregunto indignada.
Después de la escenita del otro día no vendría a hacerme planteos. ¿No?
—Es urgente. Tenemos que hablar.
—Ya te dije, estamos viendo una peli.
Señalo la pantalla envolvente que ya está deslizando los títulos hacia arriba.
Voy a tener que volver a poner esa película.
—Es sobre la mochila.
—¿Qué mochila?
—La de ayer.
Me hacía unos gestos incomprensibles para mí. Tendríamos que diagramar algún tipo de código secreto para estas situaciones.
De todas maneras creo que sólo está poniendo excusas.
Aunque... lo miro bien y tiene el labio partido.
¿Qué? ¿Ahora Pablita le deja marcas también?
¿Le partió la boca literalmente?
—Es por lo del celular Cane... me olvidé la mochila acá.
—¿Qué? ¿Pero..?
—Caneee, tenemos que hablar. Por nuestro amigo, el que encontramos con la mochila.

No entiendo nada. Eso ya había quedado todo resuelto. Se anda tranzando a Pablita por ahí y me viene con excusas porque no se aguanta los
celos de hermano mayor.
—Milho, me parece que...
—A solas Damián. Necesito hablar con Cane a solas.
Nos miramos con Damián. Realmente lo interrumpió de una forma que grgrgrgr. Quisiera partirle la boca yo ahora.
—Andá Dami. Dejame que tengo que hablar con él yo también.
Damián nos miraba azorado. No entendía nada.
Agarró su campera, me saludó de una manera un tanto posesiva, que puedo decir que descolocó a Milho, y se fue.

—¿Cómo entraste?
—Tu papá me abrió. ¿Estás saliendo con él? —me agarró fuerte del brazo y me habló muy cerca de mi rostro. Nunca lo vi tan celoso.
—¿Y vos? ¿Qué tenés en la boca?
—¿Qué tiene que ver?
—¿Vos venís acá a hacerme planteos y yo no puedo decirte nada?
—¿De qué me estás hablando?
—¿Qué te pasó en el labio?
Me soltó despacio.
—Ya te dije. Es por el chorro. Me encontró a la salida del boliche.
¡¿Se chapó al chorro también?! ¡Ay no! ¡Canela concentrate! Siempre por las ramas. ¿Como se va a chapar al chorro?
—¿Qué? ¡Ay Milho! ¿Te pegó?
—¡Si!
¡Ay pobre! Y yo que le estaba haciendo una escenita de celos.
—¿Pero y la seguridad?
—Fue a la vuelta. En el estacionamiento.
—¡Hijo de puta! ¿Te estuvo esperando?
—Sí.
—¡Qué vengativo hijo de puta! Vení que te pongo agua oxigenada en esa herida.
—Después ahor...
—Ahora el agua oxigenada.
Me puse a revolver el botiquín de primeros auxilios.
Lo hice sentar en la banqueta alta del desayunador, mientras preparaba todo.
Comencé a pasarle suavemente el agua oxigenada. Él me miraba. Te juro que se me mojaba la bombacha.
Me puse muy cerquita de él. Apoyaba mi cadera en su pierna. Más que la cadera era mi pelvis. Me clavaba la mirada desde arriba con la cabeza inclinada hacia atrás haciendo algunas muecas de dolor.
Él levantó su mano y me la puso en la cintura. ¡Ay! ¡Qué sexy!
Te digo que Dami fue muy tentador. Tiene unos ojos que son una delicia. Está para partirlo al medio como un queso. Pero lo que siento por Milho... es mil veces más poderoso. Ahora mismo sólo de tenerlo cerca se me aceleró el pulso. Me pone nerviosa sólo la cercanía. Mi pecho sube y baja excitado. Me tiembla la gasa con agua oxigenada. Encima la herida es en los labios, que me dan ganas de curarlos a besos.
—¿Estás saliendo con Damián?—pregunta muy celoso haciendo algunos gestos de dolor que se intensifican cuando aprieto más la gasa contra su labio inferior.
La ofensiva fue contraproducente porque doblar hacia abajo ese labio hinchado fue muy excitante. Daban ganas de morderlo suavemente como a una frutilla 🍓. Creo que una fresa no sería tan apetitosa. Comenzó a corretear mi corazón. Se me agitó la respiración y empecé a balbucear la respuesta.
—No, solamente veíamos la película.
Silencio. Me miraba con atención cada movimiento.
—No estaban muy atentos.
Nuevo silencio... seguía cada suave roce de la gasa.
—Es la primera vez que salgo con él. ¡Y ni siquiera fue una salida!
Me sujetó más fuerte de la cintura y me atrajo hacia él. Estaba siendo posesivo.
—¿Te besó? —preguntó en un ronroneo lleno
de ira contenida.
Yo que lo conozco podía decir que quería explotar.
—No... —Hice una pausa y lo miré. Nos comíamos con la mirada. Creo que él tenía tantas ganas de que lo besé como yo. Pero ¿cómo me iba a arriesgar a hacer algo así después de cómo se arrepintió la última vez. Además con la decisión tan importante que él debe tomar y en la que yo no puedo interferir. Nuestra amistad ya no va a ser la misma si cometemos un error tan grosero—. No me besó.
—¿Vos?
—¿Yo qué?
—¿Vos sí lo besaste a él?
Hice una larga pausa antes de contestarle.
—Yo tampoco. No hubo besos en esta casa hoy. ¡Al menos hoy no!
¡Uy! Espero que no se dé cuenta que me refería al beso con él.
—¿Pero otro día sí? ¿Te besaste con él alguna otra vez?
—No Milho. —zafé. Si se dio cuenta no hizo nada que nos pusiera incómodos otra vez.
—¿Segura?
—¿A qué viniste? Esto podrían haberlo hecho tus padres.
—Vamos a buscar la mochila. —me dice y salió disparado a mi cuarto.

Subió los escalones de dos en dos a las corridas. Entramos y le doy la mochila.
La abre y revisa cada sector. No sabía para qué. Ya habíamos sacado todas las cámaras y memorias. Abre un bolsillo grande y saca despacio un envoltorio.
Pesaba como medio kilo.
—¿Eso es...?
—Cocaína...

🚔🚨🚔🚨🚓🚔🚨🚓🚔🚨🚓🚔🚨🚔



Capítulo 8:            Chantaje

—¡Milho! ¡¿Sos narco?!
—¡No Canela! —me dijo con unas ganas de matarme que me di cuenta al instante la barrabasada que estaba diciendo—. El chorro además es narco y cuando recuperamos la mochila no iba a gritarle a los de seguridad y a todos los que lo rodeábamos que le devolvamos la mochila que él se me había ganado "honradamente robando" y con "su droga" dentro.
—Claro, disculpá. Milho,
—Cuando vinimos saqué nuestras cosas y no seguí revisando. Este bolsillo no lo había visto.
—¿Qué vamos a hacer? ¿Te acompañó hasta acá?
—No. Jamás lo habría permitido. Si quería su droga tendría que esperar a que se la lleve.
—¡Esto es muy peligroso! Tendríamos que llamar a la Policía.
—Pero me tiene amenazado. No sé qué hacer Cane. Te tiene fichada...
Ay... es tan tierno. Está realmente preocupado. Lo quiero tanto... Me da un ataque de ternura y lo abrazo.
¡Como extrañaba estos brazos tan fuertes! Me llenan de paz. Su pecho es tan mío. Su aroma me infunde seguridad. ¡No puedo quererlo tanto!
—Además no hicimos la denuncia. Esto se puede complicar mucho.
—¿Por qué me creerían que no es mía? Van a acusarme de vender en el boliche. Los van a implicar a mis viejos como si fuera un negocio familiar.
—¡Esto es un desastare! ¿Y cuándo vamos a hacer la devolución?
—¿Vamos? No, de ninguna manera. Voy yo solo. No te voy a exponer así.
—Pero Milho...
—No. Además... vos me podés ayudar a mí por si algo sale mal.
—Me da mucho miedo —le digo apretándolo más fuerte contra mí. Lo digo en serio.
—Ya sé. Pero no me queda otra.
—¿Ya sabés cuándo va a ser?
—Sí.

🎒🎒🎒

Milho se encontraba en el lugar asignado a la hora asignada. Yo lo seguía con el dron desde mi celular a unos cuantos metros.
No se veía ni un policía en la zona.
Tenía mucho miedo. Estaba activado el seguimiento nocturno y el obturador automático para ver todo y el micrófono ambiental para no perderme nada de todo lo que ocurriría.
Se había colocado un auricular en el oído que no se veía a simple vista y tenía el celular abierto para estar comunicados continuamente.
Sólo tenía que entregarle la mochila con la droga y listo.
Eso es lo que nosotros pensábamos. Pero no es lo que ellos tenían planeado hacer.
El delincuente se acercó con otro tipo más.
—¿Así que sos vivo "vo"? ¿Te pensá que esta te va a salir tan barata gil?
—Flaco... te juro que ahí está todo como te prometí.
—Te "vi'a" quemar gil a "vo" ¿me entendé gil?
—Milho llamo a la policía.
—¡No!
—¿No qué gil? Te pensá que con "nosotro" "va'a" joder "vo" gil?
—No, te juro que te traje todo. Mirá, te traje todo. Déjame ir y quedamos a mano.
Milho le entregó la mochila y el delincuente la abrió, sacó el paquete y no conforme con eso, lo cortó un poco y con una navaja sacó un poquito, se lo llevó a la nariz y la aspiró.
Se rió con una risa maligna y desdentada.
—¿Sabé una cosa flaquito?  Me parece que no es a mí al que tendrías que pedirle perdón. Hay alguien que tiene algo mucho más interesante planeado para "vo".
La desesperación que me agarró no me dejó pensar con claridad. Salí corriendo a la plaza. Subí a la bicicleta. ¿Qué iba a hacer yo en esa circunstancia?
Fue una locura.
—Te vas a venir con nosotros flaquito. Vas a ver que no te vas a poder resistir a lo que tenemos para proponerte.
Veía y escuchaba todo como si de una película se tratase.
Estaba a dos cuadras cuando llegando a la plaza veo que meten a Milho en un auto dos tipos y se lo llevan.
El dron me va dando las coordenadas.
Decido llamar a la policía sin dar demasiada información sobre el suceso.
—911 Si usted desea hacer una denuncia en curso marque uno. Si desea...

111

—La puta madre ¡atiendan!
—Emergencias buenas n...
—¡Acaban de secuestrar a m ... a un chico!
—Tranquilícese señorita. Dígame dónde ocurrió el hecho.
Les pasé toda la información y les dije hacia dónde se estaban dirigiendo.
Sólo esperaba que me hicieran caso. Si no los veía volvería a llamar haciéndome pasar por otra persona y avisando la nueva ubicación.
Los seguí con la bicicleta según la localización del dron.
—Milho, Milho por favor, haceme algún sonido para indicarme que estás bien. ¿Me escuchás?
—Mhm. —Escucho del otro lado.
—¡Ay Milho ! ¿Qué hago? ¡¿Qué hago?! No sé qué hacer. Por favor en cuanto veas movimiento raro tirate al piso o salite del radio de tiro por favor.
—Muchachos, déjenme ir por favor. Les juro que no sé nada. No los voy a buchonear. No sé quiénes son.
—Quedate piola ahí ¿me "entendé"?
—Ay Milho, por favor Milho. No hagas ningún movimiento brusco por favor. Quédate tranquilo por favor, que no se vayan a poner violentos.
Entraron en la Villa y ya no podía seguirlos en la bicicleta.
Me quedé en la zona esperando oír las sirenas.

—Dame tu celular desbloqueado nene.
Parece que Milho obedece. No puedo verlos dentro del auto—. ¿Este es tu e-mail, tiernito? Jaja, te vamos a mandar algo re-lindo para que veas.
—¡Ay no! ¡Cómo esperábamos!
—Cane, me dejaron solo en el auto y entraron a una casa. Se llevaron el celular de señuelo. Al menos ahora la policia tiene la denuncia de que me secuestraron. Me van a creer.
—Milho cuidate por favor. Estás cerca de la entrada De la Villa por cualquier cosa. No quiero que estés en el medio si hay un tiroteo.
Milho, ¿qué hacés? ¿Por qué te acercás al tipo? ¿Estás loco?
—Flaco, ya cumplí, yo me voy.
—¿Qué cumpliste? ¿Te "pensá" que no le "vamo" a sacar el jugo a esto?
El narco le pegó un golpe en el estómago a Milho que lo dobló en dos y se sujetó del mismo tipo.
—¿Qué hacé? ¡marica! Salime de encima.
Lo empujó y lo tiro al piso.
—¿Milho, Milho estás bien? ¡Por Dios Milho! ¿Cómo hiciste eso?
Milho se empezó a arrastrar hacia un pasillo lateral.
El corazón se me hizo un nudo. Casi me muero. Necesitaba pedir socorro. Justo en ese momento se escucha:
—¡Alto policía!
Veo que Milho se incorpora pero ya no lo tengo en la mira. Algo pasa con el dron que no lo está siguiendo.
—Milho, no te escucho.
Me hace señas.
—¿Vos me escuchás?
Asiente exageradamente con la cabeza, de manera que lo veo desde donde está el dron.
Ese pasillo al fondo. Agarralo y veo que la entrada está a 4 cuadras. El dron se quedó inmóvil en la entrada de esa casa a la que entraron los narcos.
Me hace gestos y mientras la policía comienza a tirarse con los narcos, Milho se aleja por la otra punta. Perdí la comunicación con él.
Veo por el dron que el narco se aleja por los techos mientras la policía se tira con los cómplices y otros que estaban dentro.
Me volvió a llamar en cuanto se sintió seguro sin embargo la desesperación me invade por los quince minutos que tardó Milho en llegar adónde le indiqué que estaba.
Corrí hasta él y lo abracé tan fuerte que creo que le saqué todo el aire.
Me puse a llorar por la tensión acumulada.
—Ya está Cane. Ya estoy acá. Perdoname. No tendría que haber pensado que todo iba a ser tan fácil.
—¡Milho! —le dije con lágrimas bañando mi cara—. Si a vos te pasa algo yo no sé qué haría. Yo me muero.
—Ya está Cane. Ya está. Ya estoy bien. —Me decía acariciando mi cabello.
Nos subimos ambos en mi bicicleta. Él me llevó en el caño hasta la estación de tren. No podía separarme de él.
Llegamos a casa y lo abracé una vez más en la puerta.
Me miró de una forma tan tierna.
—Tengo miedo de que te vayas solo a tu casa.
—Ya se fueron.
—El chorro se escapó. Capaz se dan cuenta que fuimos nosotros los que llamamos a la policía.
—Quedate esta noche por favor.
Suena una alerta en el celular de Milho.
—¿Qué es?
—Un mail. —Desbloquea el celular y lee—. "Sonría, lo estamos filmando. Si no nos ayudás a entrar al boliche con nuestra mercadería, esto va directo a la policía gil".
—¿Así que sos vivo "vo"? ¿Te pensá que esta te va a salir tan barata gil?
—Flaco... te juro que ahí está todo como te prometí.
—Te "vi'a" quemar gil a "vo" ¿me entendé gil?
—¡No!
—¿No qué gil? Te pensá que con "nosotro" "va'a" joder "vo" gil?
—No, te juro que te traje todo. Mirá, te traje todo. Déjame ir y quedamos a mano.
Sniifff.
Jajajajaja
—¿Sabé una cosa flaquito?  Me parece que no es a mí al que tendrías que pedirle perdón. Hay alguien que tiene algo mucho más interesante planeado para "vo".
🚔🚨🚔🚨🚓🚔

—¡Nos tienen agarraros de las pelotas!
—¿Qué vamos a hacer?
—Acá dice: "Esperá nuestro contacto"
—¡Tengo miedo Milho! Capaz que ya saben dónde vivimos.
—Espero que no.
—Vamos adentro. Tengo miedo de estar acá afuera.
—Sí, andá, mañana hablamos.
–¿Mañana?
—Sí mi vida, mañana nos vemos.
—Milho... ¿no te quedás?
—No Cane, mañana.
—Pero...
—Cane... no puedo quedarme...
—¿Por qué?...—Mis ojos empezaron a lagrimear. Mis gestos afligidos intentaban disimular el dolor que sentía en mi pecho. Pero las lágrimas burlonas no se pueden disimular si caen en cascada.
Me secó una mejilla y después la otra. Me miró con ternura ¿o era lástima? Me tomó de la mano.
—Vamos adentro a charlar —dijo decidido y me arrastró de la mano.
Mi cerebro había perdido la batalla contra mis emociones. No podía pensar con claridad. Todo era una marea de conflictos internos que pugnaban por salir. Nada era claro. Sólo sentía una desazón interna. Algo se había roto. Se había terminado todo. Quería morirme ahí. No había nada más que tuviera sentido. Estábamos en peligro, la mafia narco nos tenía en la mira, habíamos pasado algunas horas de la noche en el barrio más peligroso que conociéramos y todo confluye en esta desazón de que además de todo eso, se acabó una etapa con mi mejor amigo que ya nunca iba a volver seguramente. Ya nada sería igual.
Y aquí estoy llorando en el sillón. No puedo parar. Milho me abraza, trata de consolarme pero no tengo consuelo. Me quiere tranquilizar pero cada vez lloro más desconsoladamente. Es una catarata de emociones lo que me pasa y no puedo controlarla.
—Tranquila Cane. Es por tanta tensión.
Lo oigo y no puedo creer lo que me dice. No tiene ni idea lo que me pasa. Puede ser que la tensión acumulada haya explotado todas las
emociones que tengo reprimidas, pero son otros temores los que desencadenan como explosivos sincronizados los ataques de llanto.
—Ya estamos seguros acá Cane. No te asustes.
Me acaricia el cabello. Me tiene abrazada contra su pecho y pienso que ya no podré volver a disfrutar de sus abrazos. Ya no podré disfrutar de dormir acurrucada con él. No podremos estar todo el día juntos. Ya no me va a poder consolar como hasta ahora. Nos iremos separando de a poco hasta ser casi extraños. Ya lo había visto yo en otros amigos que salieron y se pelearon y nunca más volvieron a ser los mismos. Hoy necesitaba retenerlo, necesitaba hacer de cuenta que nada había pasado para que todo siga como antes. Para que pueda abrazarme sin tapujos.
—¿Por qué? —pregunto entre sollozos.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué no te querés quedar? —confieso mi preocupación componiéndome un poco.
—No puedo Cane... —se frena. Hay algo que me quiere decir y no cruza sus labios. Nunca lo confiesa. Siempre fue igual. Nunca lo dice abiertamente.
—¿Por qué? Antes te quedabas sin problemas —recrimino y los sollozos se incrementan. No los puedo controlar.
—Vení. Vamos a charlar a tu dormitorio que si tu viejo te ve llorando así no sé qué le vamos a decir.
Me lleva de la mano al dormitorio y no puedo parar de llorar.
Sé que esto es una despedida. Nunca se había negado a quedarse a dormir en mi casa. La última fue más atrevida porque fue en mi cama. Pero podría hacerlo en el colchón de siempre. Sin embargo prefiere irse. Sé que antes su casa era más lejana. Ahora apenas está a dos cuadras. Pero eso también influirá en nuestra relación. Tengo una certeza desesperanzadora.
Entro a la habitación y no tengo fuerzas ni para sostenerme. Me arrojó boca abajo en la cama sofocando los sollozos desahuciados que no puedo evitar.
Milho se acerca y se sienta a mi lado. Comienza a acariciar mi cabello y mi espalda.
—¡Tranquila Cane! Nunca te vi así. Ya vamos a solucionar todo. Vas a ver que vamos a salir bien librados de todo este tema de la droga.

Lloro más fuerte.
—¿Por qué llorás así Cane? —lo escucho acongojado como yo lo estoy.
Me incorporo y lo enfrento. Debo tener los ojos rojos y la cara hinchada. No me importa un carajo.
—¿Por qué no te querés quedar Milho?
—Ya te dije mi vida... no puedo...
Otra vez ese silencio que me desgarra. No me lo puede confesar.
—Ya está ¿no?
—¿Qué cosa?
—Lo arruinamos ¿no? ¡Lo arruinamos todo!
Las lágrimas eran imparables recorriendo mis mejillas, tan abundantes que mojaban mi cuello y llegaban al escote.
—¿Qué arruinamos?
—¿Arruinamos nuestra amistad? Ya no va a ser nada como antes ¿no es cierto?
Otra vez los sollozos incontrolables y me arrojo a la cama para sofocarlos nuevamente pues no puedo evitar que sean con una angustia escandalosa.
Siento a Milho que intenta decirme algo a mi espalda. Pero se frena. Siempre se frena. Me acaricia el cabello.
Se va a ir, siento que el colchón recupera su estado natural porque se levantó. Sé que se va a ir y me da un ataque de llanto más fuerte.
No puedo evitarlo. No quiero crecer. No quiero separarme de él, de mi papá, de mi mamá... Quiero volver a tener diez años cuando era completamente feliz.
Cuando creía que ya se había ido, siento que me saca las zapatillas y me levanta en andas.
Aparta la ropa de cama y me acuesta. Vuelvo a llorar. Se va, se va... no puedo hacer nada para retenerlo.
Sin embargo, detrás mío, siento las sábanas abrirse y sus cálidos brazos me abrazan y me ciñen a él. Y yo quiero morir ahí.
El llanto no me abandona. Ahora lloro con desahogo. Pero aún sé que lo arruinamos.
Tal vez esta sea la última vez que pueda sentirlo tan cerca, tan íntimo.
—Pensé que te ibas —le digo triste.
—No Cane. No... Te quiero.
Con esas palabras lo dijo todo. Lo voy a hacer por vos. Me quedo por vos. Porque te quiero, pero si fuera por mí no estaría aquí, porque todo cambió, porque es cierto, nada será igual.
—Yo también te quiero.
Me siento tan segura en sus brazos. Mis sollozos se van calmando poco a poco. Estoy enamorada. Esto es una certeza. Estoy perdida. Perdidamente enamorada de mi amigo gay confundido que ahora ha recapacitado. No quiero soltarlo. No quiero que haya recapacitado. No quiero dejarlo ir. No quiero. Sé que estoy siendo caprichosa.
Quiero permanecer así por siempre. Ya sé que lo dije antes, pero es lo que realmente deseo con toda mi alma. Ojalá si lo deseara con todas mis fuerzas se hiciera realidad.
Milho me acaricia el cabello con su mano libre. Me dice cosas lindas al oído hasta que me duermo.
Me despierto en medio de la noche. No sé cuánto tiempo pasó.
Él me está besando el cuello suavemente. Me recorre una electricidad por todo el cuerpo y lo amo más.
—Mi vida... ¡cómo te quiero!
Me encanta oírlo. Lo dejé que siga hablando. No quería interrumpirlo.
>>Creeme que es una muy buena razón la que me complica seguir con todo esto... Si fuera por mí...
Se me estrujó el corazón. Otra vez quiero llorar de impotencia. Yo sé su razón. Aunque si fuera por él ¿qué?
>>Yo te quiero y vos no querés entender cómo te quiero...
>>No puedo hacer más esto... no soy tan fuerte como parezco... No sabés lo que me duele... me vas a matar...
>>No tenés idea lo que me cuesta...
Me abraza más fuerte.
>>Si vos supieras...
Esperé, quería oír qué era eso que yo no sabía, esa confesión que nunca se animaba a hacer... pero nunca llegó.
Me dormí.
Desperté sola en mi cama.
Me dejó una carta de puño y letra.
Cane:
Sabés que te quiero mucho. Te voy a extrañar, pero tengo miedo que te pase algo. Los que ya sabés tienen información sobre mí, pero tal vez no sepan nada de vos. Va a ser mejor que no te vean conmigo hasta que se solucione todo.
No me escribas ni me llames porque no sé cuánta tecnología puedan tener. No sé qué tan poderosos puedan ser.
Le voy a pedir ayuda a Pablo y Damián para que estén con vos y te cuiden.
No te asustes.
Siempre vas a estar en mi corazón. Nadie va a poder terminar con este cariño.
Tal vez nuestra relación deba madurar en algún momento y ya haya llegado el tiempo. No sé.
No es fácil para mí seguir así y ya no podemos seguir evitando un cambio.
Tengo que hacer algo y también estoy un poco perdido sobre qué es eso.
Te quiere.
Milho.
Quiero llorar. Sé que esto significa un adiós. Se había terminado.
Era lógico ¿no? Si no íbamos a estar juntos ¿qué pareja iba a aguantarnos que estemos todo el día pegados y hasta durmamos juntos?
Yo tampoco puedo evitarlo.

📝📝📝📝📝

Pasaron un par de meses en que no nos hablamos.
Lo extraño tanto. Lloré mucho. Los exámenes finales fueron una tortura estudiarlos sin él. Estaba tan triste. Mi papá me preguntaba continuamente por Milho y también se hablaban preocupados con sus padres.
Damián se me pegó como una mosca.
Seguramente Pablita estaba con él todo el tiempo. Los veía a lo lejos en el
colegio porque procurábamos estar separados. Solamente en el salón de clases permanecíamos a corta distancia.
Todo el mundo sabía que algo nos pasaba. Jamás nos habían visto así. Creían que nos habíamos puesto de novios.
Con Damián hicimos de todo. Me invitó a  pasear en kayak por el río.
Fue muy divertido. Él es muy divertido. Se cree mil, pero es divertido. Me ayudó un montón y me respetó mucho mis tiempos.
Eso sí, quiso besarme, varias veces. Una de esas tantas fue a la salida del colegio y Milho estaba rondando.
Yo estaba un poco enojada con Milho porque creo que exageró por demás su papel de desconocido.
Creo que se estaba desintoxicando de mí.
Así que dejé que Damián avance un poco. Y sé que él nos vio. Pero creo que le saqué un peso de encima.
Un día algo debió haber pasado que empezó a llamarme insistentemente.
Ya les dije. Estaba muy enojada.
Se me apareció en casa desesperado.
—¡No atendías! ¡Me preocupaste!
Me abrazó y casi me deshago en sus brazos.
¡Cómo los extrañaba. Su perfume bañaba mis sentidos. Su cariño inundaba mi corazón. Su abrazo era de alivio. El mío era de desesperanza.
Hubiese querido decirle tantas cosas. Que me confiese tantas otras. Que me quiera distinto.
—¿Ahora sí nos conocemos? —pregunté desafiante.
—Perdoname, tengo que hacer unos trámites en una escribanía. Ya me voy.
Ese fue todo el contacto luego de dos meses.
Caí nuevamente en un llanto desconsolado. Pero vino Damián que cuando le abrí la puerta y me vio así, me acompañó como en todo el último tiempo. Enjugó mis lágrimas me atendió. Estuvo ahí. Yo eso lo valoré mucho.
No me imaginaba a Damián así de cariñoso y compasivo. No me lo imaginaba haciendo esto por las otras chicas con las que lo había visto.
Pasaron varios días más hasta que tuve el ánimo de volver a salir.
Damián me invitó a ir al boliche de siempre al menos. Yo no había aceptado ir a la Cream Field aunque un tiempo atrás me moría de ganas de ir. Ahora no tenía mucho sentido para mí.
Acepté porque extrañaba el lugar, la gente de siempre. Tenía que salir. Damián se merecía que hiciera un esfuerzo por él.
Estuvimos como hasta las 4 AM.
Nos encontramos a Pablo ahí. Finalmente decidimos irnos. Nos tomábamos de la mano cuando salimos a la calle y vemos a Milho discutiendo con ¡el chorro! en la esquina.
El delincuente saca una navaja y lo amenaza.
—No pienso ir con vos a ningún lado ¿entendiste?
Llegamos corriendo Pablo, Damián y yo.
—¡Hijo de puta somos tres un poquito más grandotes que vos! —dijo Pablo al flacucho individuo y me miró a mí—. Tres y medio.
—No vas a zafar ¿me oís? —dijo el tipo dirigiéndose a Milho—. Si no me hacés entrar con la droga y me garantizás vía libre le mando ya este video a un policía que me debe varios favores. Mirá justo sólo puede verse tu cara. ¡Qué lástima! ¿no? ¡Y qué bien se ve la droga cuando abro el paquete!
—Si hacés eso, el que la va a pasar mal sos vos.
—Ustedes no se van a animar a matarme y sólo así evitarían que mande esto.
—Yo que vos antes averiguo qué está pasando en este momento en la Villa.
Se escucha un audio que proviene de la tablet que sostiene Milho.
—¿De qué hablás?
—Escuchá, escuchá. Está en vivo.
—¡Alto policía!
—¿Qué es eso?
—Mirá. La policía está allanando todo el edificio de tus jefes.
—No puede ser, nadie sabe dónde queda.
—¿Estás seguro? Mirá.
Damián, Pablo y yo nos miramos sorprendidos.
No podemos creer lo que está diciendo Milho.
—Hijo de puta ¿Los vendiste?
—¿Yoooo? Noooo, yo no fui. Fuiste vos. Desde el IP de tu computadora y la geolocalización de tu casa.
—¿De qué estás hablando? ¡Yo no mandé a la policía!
—¿Te conté que hackear es lo mío?
—¿¡Qué hiciste pendejo!?
—Yo nada, ya te dije fuiste vos. Mirá que lindo saliste en cámara entrando a la comisaría y tranzando con tu amigo policía.
—¡Ese no soy yo! No es una prueba válida. La van a descartar enseguida.
—Bueno, podrías tratar de convencer a tu jefe de eso. Pero no creo que te dé tiempo antes de matarte.
De pronto reinó un silencio atroz. Todos acabábamos de comprender su estrategia. Lo tenía agarrado de las pelotas.
—Puedo demostrarle que es mentira.
Hubo un silencio tensionante.
—Tal vez este video sí sea mentira. Pero tengo algo mucho más realista para convencerte de que te conviene borrar ese video mío y no meterte conmigo nunca más.
Todos nos quedamos boquiabierta.
—No te creo nada pendejo.
—¿No me vas a negar que no saliste lindo en cámara? ¿Qué estás haciendo ahí?
—¡Yo sabía! ¡No tenés nada! Ahí estoy trabajando para mis jefes.
—Es cierto. Veo que siempre te manda a cobrar con sus patovicas ¿no? Pero ¡uh! ¿No te das cuenta que el dron te estuvo siguiendo los últimos meses? ¿Qué otras picardías estuvo haciendo el señorito? —dijo con exagerada ironía—. ¡Uy! Mirá. Ahí no fuiste con los patovicas. ¿Qué le cobraste a esa pobre gente? Porque salís con el mismo tipo de sobres de las cobranzas. ¿No me digas que a tu jefecito se le pasó enviar a sus patovas para cuidarte? ¡Qué desconsiderado! ¡Uy! Y acá también. Y acá. Y acá, y esta vez, y está otra. ¡Ufff! ¡Cómo estuviste trabajando esa semana eh! ¡Cuánta platita habrás cobrado! Y durante el mes. ¿Qué son? ¿Apuestas ilegales, extorsiones para que no les roben? Decime, ¿cuánto tiempo le puede llevar a tu jefe corroborar esta información? ¿Una llamada telefónica? Apuesto a que tu jefe no estaba al tanto de estas actividades tan provechosas que hacías. ¿No?
—Ahora está en la cárcel gracias a vos.
—¡Claro! Cómo si de la cárcel no pudiera realizar llamadas ni manejar todo el negocio.
¡Nuestras caras de satisfacción eran un poema!
Pero el dealer no aflojaba. Le faltaba un empujoncito más.
—Claro que si no es nada, entonces que le caiga a la mafia y listo. Creo que no se compara el riesgo de unos años de cárcel de mi parte contra el riesgo de perder la vida por la tuya... Después de todo, yo no tengo antecedentes y puedo explicar perfectamente lo ocurrido a la policía. Tengo testigos. Mis viejos tienen bastante plata con su boliche. Creo que tengo su correo electrónico por acá...
Amagó a buscar algo en la tablet.
—¡No! No, está bien nene. Está bien.
Bajó el cuchillo resignado.
—Si no devolvés ese video, lo enviamos a la mafia y si alguna vez sale a la luz lo enviamos a la mafia y si me llega a pasar algo a mí o a cualquiera de mi familia, lo enviamos a la mafia y si nos pasa algo a todos juntos, lo enviará un escribano a la mafia, y si le pasa algo a él también, este video sale disparado sólo a la mafia, a la policía, a la DEA, a Interpol y se publica en YouTube y cuanta red social existe. Porque si yo no pongo mi dedo vivo, con su temperatura corporal, humedad e impulsos eléctricos intactos en mi celular o en cualquier dispositivo con lector de huella dactilar con mi usuario y contraseña cada seis horas, este video se va a autopublicar solito. ¿Entendiste bien flaquito? ¡Vas a estar cagado en las patas hasta de que no me olvidé el celular en ninguna parte!
Milho hizo todos los arreglos con el tipo. Le exigió que le entregue su celular contraseñas y usuarios y todos los dispositivos que tenía encima. Iba a buscar en la nube todo rastro de ese video y lo iba a hacer desaparecer como pudiese. Iba a registrar todo el historial, iba a hackear cualquier cuenta que hubiese usado. Iba a meterle un pulso electromagnético virtual a toda la red mafiosa para hacerles tambalear sus sistemas y borrar cualquier rastro del video que pudiera quedar.
El tipo se fue corriendo derrotado. Huyendo como rata por tirante.
Lo que no sabía aún es que la policía ya tenía un video de él negociando con ese policía corrupto la entrega del handy con que operaba la policía, chalecos y armas. Pronto caería en cana.
Abracé a Milho con tanta alegría que se me había pasado toda la rabia.
Damián nos miró celoso.
—¡Por eso el dron no respondió más cuando te secuestraron!
Nuestras caras irradiaban felicidad.
—¡Claro! Supe que tenía que sacarles ventaja de alguna forma o no me dejarían tranquilos. Cambié los celulares y les dejé el que me seguía. Después configuré el dron para que lo siga por reconocimiento facial también. Y cada vez que se perdía lo mandaba a su casa a esperarlo. Tengo infinidad de delitos que hacían en la villa y fuera de ella.
—¡Sos un genio Milho!
—Tuvimos suerte también.
—Milho —interrumpió Pablo.
—Estoy bien... después hablamos de todo.
— ¿Por qué no celebramos esto? —propuso Damián. Vamos a tomar algo. Nos merecemos relajarnos de una vez ahora que ya sabemos que salió todo bien.
—¿Qué te parece Cane? —preguntó Milho.
¡Estaba tan feliz! Tenía una euforia como hacía rato o sentía.
—¡Dale! ¡Tenés que contarnos todo!
Cómo íbamos a tomar con ganas, nos fuimos en taxi de Costanera sur a Costanera Norte, Punta Carrasco.
Estamos en un pub tomando algo y no puedo dejar de compararlo con Damián. ¡Es tan lindo mi amigo! Estaba muy asustada. Recién ahora puedo respirar tranquila.
Nos fuimos a caminar hasta el amanecer.
De pronto me empieza a bajar la euforia y empiezo a recordar cómo cambió todo.
Damián me toma de la mano y Milho me mira ¿sorprendido? Lo conozco tanto pero ya no sé lo que está pensando. No puedo leerlo más.
Pablo le pasa el brazo por los hombros a Damián y a Milho. Creo que está marcando terreno. No deja de ser un macho "mea territorio".
El sol comienza a hacer su aparición cerca del Club de pescadores.
Mañana será otro día. ¡Hoy ya es otro día!
Pero no puedo dormir. No paro de pensar en esos brazos fuertes. En esa carita de sorpresa. ¿Celos?



Capítulo 9:            Tu confusión y la mía

Y bueno, eso fue todo. Así fue como nos metimos en problemas y zafamos también.
¿Qué?
¡Ah! ¡Claro! ¡Qué despistada! La aventura no era precisamente lo que los tenía atrapados acá.
¡Me olvido donde estoy y por qué les estoy contando esto!
¿Ustedes quieren saber cómo llegué a este cuarto en este momento inoportuno?
Es que quise saber por qué Milho me había besado al menos la segunda vez. Y eso fue todo.
¿Más detalles?
¿Ustedes se acuerdan dónde estoy en este momento?
Bueno, se los resumo porque tengo que salir de acá.
Ya había pasado el peligro. Al otro día nos enteramos que habían detenido al chorro.
Pero ya no iba a ser nada igual.
Cuando volvimos del boliche, no pude dormir. Nunca había estado tanto tiempo alejada de él y volver a abrazarlo, a compartir una salida con él revivió todo lo que me pasaba.
No podía parar de pensar en Milho. En las cosas que me decía, cómo me miraba, todo su cariño de siempre. Como había crecido tan rápido y se había convertido en ese hombrecito tan sensual. En su voz ronca cuando me hablaba al oído. En sus manos y cómo me acariciaron tantas veces. Me calmaron, me curaron, me mimaron. Me excitaron. ¡Mmmh! Recordé ese primer beso. Fue sensacional. Tan tierno y excitante. Las sensaciones que experimenté. Lo que creía que sentía él. El abrazo posterior tan dulce hasta que nos robaron el momento y la mochila.
¿Como saber si estaba en lo cierto? ¿Cómo saber si realmente a él le había pasado algo?
Y después el segundo beso. Ese beso fue completamente innecesario y aún así bienvenido. ¡Mmmh! ¡Delicioso, sensual!
Yo no lo había pedido.
Es cierto, mi cuerpo lo pedía a gritos por mí. Pero jamás lo dije en voz alta. Si yo no estaba equivocada, él se había excitado.
No sé si será común en un varón excitarse con un beso, apasionado, pero un beso al fin. Y aún más, aunque esté con alguien que no le guste. Sobre todo si un homosexual varón está con una mujer. Después de todo la mayoría está con mujeres antes de cambiarse de bando. Capaz era normal.
Pero fue él quién me provocó ese día. ¿Por qué lo haría? ¿Estaba experimentando? ¿Conmigo?
¡Dios! Tenía que sacarme estas dudas que me venían carcomiendo todo este tiempo.
Pero lo que más me tenía intrigada eran esas palabras que me había dicho la última vez que durmió conmigo.
Tenía que saber qué era lo que le costaba tanto. ¿Por qué no podía decirlo y ya?
Aunque ya no podría pasar nada entre nosotros necesitaba saber.
No se podía ofender por preguntarle.
Como ya había cambiado todo, no tenía nada que perder.
Así que simplemente, salí de mi casa en medio de la noche, me fui hasta la suya y empecé a arrojarle piedritas a la ventana. Pero no me escuchaba. Ni siquiera se me ocurrió escribirle del apuro que tenía.
Trepé el pino y me arrastré por la rama que daba a su balcón.
La ventana tenía una hendija abierta y me metí. Estaba oscuro. Apenas entraba la luz de la calle.
Cuando estaba por encender la luz, escucho que suben la escalera a los trompicones.
Se notaban muy excitados y me dio mucha vergüenza el papel ridículo que estaba haciendo.
Así que volví a entrar y me tiré al piso. Logré arrinconarme acá. Y acá sigo.
Mejor me voy y después les cuento como termina esto. Estos dos maúllan como gatos.
Me muero de celos.
Tengo ganas de sacarle a Pablita de encima y revolearla contra un mueble.
Empiezo a reptar cuál víbora que soy por el veneno que me hace destilar Pablita.
Llegó a la puerta que quedó abierta y me arrastro por la escalera.
Sólo ruego a Dios que las llaves hayan quedado como siempre las dejaban en la casa anterior. Puestas en la puerta de salida.
La abro y encorvada como intentando ser invisible, cierro la puerta con suma delicadeza y salgo corriendo, cuando choco con una mole y me caigo al piso.
—¡Cane! ¿Qué hacés acá?
—¡Milho!
—¿Venís de casa?
—Sí, pero... vos... yo... estaba... subí por el pino y... tu cuarto...
—¿El pino? ¡¿Qué hacías en el cuarto de mis viejos?!
—¿Ese no era tu dormitorio?
—Era, lo cambiamos al final. El mío es el del otro lado.
Miro azorada al otro extremo del chalet de dos plantas donde se despliega la misma amplia ventana en simetría sobre un jardín florido al frente y sin rejas.
—Pero, ¿esos eran tus viejos? ¡Pensé que estaban trabajando en el boliche!
—Hoy es su aniversario de casados y lo dejaron a cargo de sus empleados.
¿Qué?
¿Qué les resulta extraño?
¡Ah! ¿Cómo? ¿no les dije? ¡¡Un momento!! Retrocedamos al principio.
Si esto fuera una película empezaría así:
Primera imagen: un nene y una nena aprendiendo a caminar, uno al lado del otro, sostenidos de la pared, la nena se cae y arrastra al nene haciéndolo llorar, mientras ella ríe feliz y desinteresada.
Enseguida padre al rescate del niño llorando y el otro padre se lo retira para consolarlo también.
Enseguida padre al rescate del niño llorando y el otro padre se lo retira para consolarlo también
Siguiente imagen, ambos nenes de alrededor de tres años, en la playa
Siguiente imagen, ambos nenes de alrededor de tres años, en la playa. Ella le arroja arena y él llora escupiendo borbotones que habían colmado su boca. Ella ríe feliz.
Acto seguido, el padre alzando al niño que llora y el otro padre le limpia la carita y la boca ayudándolo a escupir la arena.

Más tarde, una imagen de ella con alrededor de cinco años creando un Picazzo de maquillajes en la cara del niño que llora desconsoladamente al comprobar los resultados en un espejo. Ella, ríe feliz.
 Ella, ríe feliz
Luego llega el padre aconsejando al niño que llora sobre cómo lidiar con las niñas mientras el otro padre limpia su cara y argumenta sobre la falta de conocimientos de ambos sobre el tema
Luego llega el padre aconsejando al niño que llora sobre cómo lidiar con las niñas mientras el otro padre limpia su cara y argumenta sobre la falta de conocimientos de ambos sobre el tema.
Ustedes dirán... ¿Cómo la madre no iba a saber sobre niñas? La madre biológica seguramente sí. Pero recuerden que ella había dado en adopción a Milho y no había ninguna otra alrededor. Sólo sus dos padres gays.
¿Qué? ¿Olvidé mencionar ese detalle?
¡Upsiii!
¡Pero les dije que soy muy despistada y me voy por las ramas! ¿No?
—¿Quiénes pensaste que eran Canela?
—Pensé que estabas vos con Pablita...
—¿Le decís Pablita? ¿Y por qué no saludaste?
—¡¿Estás loco?! Estaban con sus cosas. ¡Eso me va traumar de por vida!
—¡Guacala! ¿Estás loca? ¡Me la paso huyéndole a los clientes gays de mis viejos y vos creés que podría estar con uno?
—¿Te la pasás huyendo?
—¿Y por qué creés que siempre te pedí que me rescates? ¡Yo no puedo desairar así nomás a los clientes de mis papá en su boliche! ¡Todos me conocen!
—¡Pero nunca tuviste una novia!
—¡Vos tampoco! ¿Y por eso tengo que pensar que sos gay? Mirá Canela —Oh, oh, nombre completo. Estoy en problemas—. Yo siempre fui de de mente súper abierta. ¡Mis viejos son gays por Dios!
—Supongo que también íbamos siempre al boliche gay porque es gratis...
Sí, confirmado. Estoy en problemas. La terminé de embarrar. Hice enojar mucho a mi amigo que dice que no es gay.
¿Ustedes también con eso? ¡Por supuesto que nunca hablamos abiertamente de eso! Yo no iba a sacar ese tema! ¿No te dije que es muy tímido? Sí, salvo conmigo. Es cierto.
Pero ¿no era obvio? Bailamos en boliches gay todo el tiempo y ¡siempre está rodeado de homosexuales!
¿Qué iba a decirle?
Milho contestame unas preguntas para conocernos mejor:
¿Qué preferís?
a) Un plato de almejas bien jugosas o
b) Una salchicha con chucrut.
¿Qué frase usás más seguido con un amigo en problemas?
a) ¿Qué tan dura está la cosa?
b) Vamos a un puticlub.
¿A qué fruta sos más proclive?
a) A los melones o
b) A la banana.
Cuando ya sirvieron el último plato en una comida.
a) Pedís un pedazo extra o
b) Estás satisfecho y te quedás solo con la almeja.
¿Qué letra de canción te identifica mejor:
a) Qué más da que me llamen el bala perdida.
b) Me gusta ese tajo de los Redonditos.
¿Qué instrumentos preferirías?
a) Darle a los bongó o
b) La flauta traversa o
c) Las maracas.
En un boliche ¿qué preferirías?
a) Que yo te baile en el caño o
b) Armar un baile con alguno en su caño.
Yo no iba a andar haciéndole preguntas así ni ninguna por el estilo a mi amigo.
—¡Pendeja de mierda!... me vengo bancando por ¡aaaños! que me hayas encasillado en la zona de la amistad, pero ¡no me voy a bancar que además creas que soy gay!

Me agarró de la cintura, me sujetó el cabello de la nuca y me miró a los ojos con un deseo desaforado como hasta ahora no se lo había visto jamás.
Me arrinconó contra la pared del porch y me partió literalmente la boca en un laaargo beso.
Me lamió los labios, me hizo sentir toda su virilidad en su gran esplendor completamente desatado.
Me aprisionaba contra los ladrillos a la vez que hundía su lengua, succionaba, chupaba, mordía
Me aprisionaba contra los ladrillos a la vez que hundía su lengua, succionaba, chupaba, mordía. Dejó salir a la fiera que tenía enjaulada. Me deseaba, me estaba consumiendo. Me arrebató en el aire como un animal feroz a su presa.
Mis latidos estaban revolucionados
Mis latidos estaban revolucionados. Temía que se salieran de control. Mi sangre fluía arremolinada. Mis sentidos se habían agudizado. Su pecho firme aprisiona mis senos. Me está demostrando que es bien hombre y yo le creo. Le creo, le creo. Te creo Milho. ¡Por Dios! Esto es el cielo. Es una paz infinita. Siento que soy feliz. Siento que empieza el resto de mi vida. Quiero volverlo loco de amor.
Su mano derecha comienza a bajar de mi quijada a mi cuello y luego... ups. Eso no había ocurrido hasta ahora. ¡¡Me está tocando una teta!! ¡Mi ex amigo ex gay! ¡Mejor dicho nunca gay!
¡Ay! Me está volviendo loca. Este frenesí me tiene desesperada.
Me aprisiona, me vuelve a reconocer la boca, la lengua. Pasa la suya por mis dientes, por mis labios de nuevo. Me besa el cuello ahora mientras con la otra mano baja al glúteo.
¡Ay Dios! Estoy muy excitada. Me falta el aire. Respiro con dificultad. Me aprisiona desde mi culo contra su erección tan manifiesta. Creo que puedo dar fe de que lo excito.
Estoy ardiendo. Quiero que me lleve a la cama ya. Creo que no puedo más soportar tanta lujuria cuando de pronto comienza a calmarse de a poco. Me acaricia con deseo aún. Sube su mano desde mi culo a mi cintura y comienza a meterla por debajo de la remera. La mano que está en mi seno sube a mi mentón y sus besos se apaciguan lentamente mientras sus dedos rozan la piel de mi cintura que desencadena un torbellino eléctrico en toda mi piel. Sus besos se vuelven tiernos, suaves. Despacio va ganando terreno el cariño por sobre la pasión.
Me acaricia la mejilla. Me mira a los ojos. Me vuelve a besar. Saborea un labio, lo muerde lo estira, me mira de nuevo. Cierra los ojos y comienza a saborear el otro labio. Cuando sacia toda su sed (y la mía), me abraza contra su pecho firme como una roca. Tan sensual. Su corazón sigue loco y desenfrenado. Mi oído está pegado a su pectoral y puedo oírlo con claridad. ¡Qué ternura! Estoy enamorada y quiero gritarlo a los cuatro vientos.
¡Dios! ¡Qué difícil! ¿Qué se hace ahora con Damián, con Pablo?
¿Por qué tuve que complicarla tanto?
Es cierto, siempre lo encasillé como gay, como amigo.
Eleva mi rostro desde mi barbilla.
—Cane —Me mira directo a los ojos. Están húmedos. ¿Por qué está triste? ¿Qué es lo que nunca me dice?
—Decimelo de una vez. ¿Qué es eso que tanto te cuesta?
Me tenía sujeta de la barbilla. Me miró serio. Tenía dolor en su rostro. En su mirada. Estaba sufriendo. ¿Por qué? ¿Por qué esa angustia? Comencé a sentirla también.
Parecía resignado.
—Toda la vida estuve enamorado de vos Cane. Sos el amor de mi vida. Te amo. ¿Ahora me entendés? Toda la vida —remarcó con rabia contenida—. Jamás pude verte solamente como una amiga.
Me miró a los ojos. Su mirada paseaba de un ojo al otro.
Quedé atónita.
Me soltó lentamente y depositando un último beso en mis labios, comenzó a alejarse de su propia casa, de mí, de nosotros.
Se fue.
Estoy atornillada a este lugar. No sé qué me pasa. No puedo reaccionar.
¡Reaccioná Canela!
Tenía que hacer algo. Mi amigo, el que yo ahora sabía que amaba, el que había deseado todo este tiempo me dice que me ama y que siempre me amó. Y no como una amiga solamente. Él me desea. Me quiere para él. Pude sentirlo. Pero se va. Se resignó y ahora me deja acá sola y se va.
Yo no lo quiero como mi amigo.
Tengo que hacer algo. ¡Puedo hacer algo!
¡Eso es lo que voy a hacer!
¡Lo voy a rescatar de esa zona de amistad!
Continuará...


No sólo ser, hay que parecer



Trilogía MILHOJAS #2



 Capítulo 1:         La gran confusión

¡Es frustrante! Mi amiga sexy, de la que estoy enamorado hace años, la que siempre me vio como a un hermano y me tiene encasillado en la zona de amistad, ¡¡además cree que soy gay!!
¡Sabía que me arrepentiría!
¡Sabía que no debía haberme dejado pintar las uñas aquella vez! Ni permitirle maquillarme aquella otra. Ni ponerme los vestidos de la madre. Y mucho menos usarle todos los zapatos de taco alto.
¡Pero yo lo hacía porque a ella le divertía!
Porque ella era feliz así. ¡Si es la luz de mis ojos! ¿Cómo no voy a aceptar cualquier cosa que la haga reírse a las carcajadas? Así nos reímos juntos y yo soy feliz también. Además yo no tengo ningún complejo en que me confundan con un gay.
Lo que yo siempre supe es que uno se enamora de un ser humano. No importa la raza, religión o sexo que sea.
Mis viejos me enseñaron todo lo que creo. Papá Ale es decorador y le gusta cocinar. Siempre me dejaba ayudarlo en la Cocina. De él aprendí el gusto por la estética. Papá Indio es el sociable y emprendedor. De él aprendí a relacionarme con todo el mundo y a ser respetuoso por sobre todas las cosas.
No es que tenga un padrastro y un padre. Tengo dos papás porque mis viejos son gays. Siempre los volví locos a preguntas al respecto como cualquier chico. Ellos trataban de responderme de la mejor manera para que yo pudiera comprender de acuerdo a mi capacidad.
—Papá, ¿por qué yo no tengo mamá? —Fue una de las primeras preguntas directo al punto que hice mientras decorábamos una torta para el cumpleaños de papá Indio.
—Tu mamá, estaba en una situación muy difícil Milhi, y quería que a vos nunca te faltase nada. Por eso fue a un lugar donde las personas buscan nenes hermosos como vos, a encontrar a los papás más grandiosos de La Tierra —mis viejos son re humildes como buenos argentinos y cordobeses que son—, y nos eligieron a nosotros dos para que te cuidemos y no te falte nunca jamás nada de nada.
—¿Y por qué Cane no tiene dos papás como yo?
—Bueno, ¡porque no fue tan suertuda como vos que tenés dos! Pero Cane tiene a su mamá que la tuvo en su panza. Así que tiene a dos padres igual que vos. Sólo que una mamá y un papá.
—¿Y vos me tuviste en la panza?
—Nooo, yo soy un varón por eso soy papá y no mamá. También papá Indio. Los varones no podemos tener bebés en la panza.
—¿Y por qué?
—Porque así es la naturaleza.
—¿Y por qué Nahuel no buscó otro papá para Cane?
—¿Y por qué la gallineta dijo Eureka? —lo miré a mi papá. No entendía nada. Después ese chiste lo hizo muchas veces más. Era copiado de un nene preguntón de Les Luthiers. Finalmente resignado contestó—: Porque se enamoró de Loana.
—¿Y Loana?
—¿Si ella se enamoró? —yo asentí con mi cabezota de 4 años—. Claaaro.
—¿Y vos no te enamoraste?
—Sí, yo me enamoré de papá Indio.
—¿Y papá Indio?
—Y papá Indio se enamoró de mí.

Y yo me enamoré de Canela.

¿Cómo no me voy a enamorar? Si es mi alma gemela. Siempre estuvimos juntos. Siempre nos defendimos mutuamente. Nunca nos enojábamos. Nuestras peleas siempre se solucionaban con cosquillas y jamás duraríamos enojados más de un rato.
Nunca tuve ojos para nadie más. Era mi heroína.

De chiquito la acosaba todo el tiempo hasta que ella se cansaba y me mandaba a volar.
Al principio era mi amiguita que me hacía maldades y yo le andaba atrás como un perrito faldero buscando agradarle. Ella me quiere. Yo lo sé. Siempre lo hizo. Pero no podía evitar las travesuras. Y yo siempre fui un caballero como me enseñaron mis padres.

En la escuela empezaron a cargarnos por lo besos que nos dábamos. Yo no quería que la avergüencen por mi culpa. Así que traté de evitarlos en público.
Con mis papás sí lo hacía. Cada tanto lo recordamos y nos reímos. Ella cree que yo la esquivaba como si hubiésemos estado mirando un partido de tenis. Pero yo la quería besar.

Ella me podía. Todo lo podía conmigo. No había cosa a la que le dijese que no. Me dejaba hacer lo que ella quisiera. Terminaba usando los mismos brillos que ella.
Es que en el barrio no había muchos chicos de nuestra edad. Y los del colegio no nos juntábamos a jugar seguido.
Al principio era mi amiguita que me hacía maldades y yo le andaba atrás como un perrito faldero buscando agradarle. Ella me quiere. Yo lo sé. Siempre lo hizo. Pero no podía evitar las travesuras. Y yo siempre fui un caballero como me enseñaron mis padres.

En la escuela empezaron a cargarnos por lo besos que nos dábamos. Yo no quería que la avergüencen por mi culpa. Así que traté de evitarlos en público.
Con mis papás sí lo hacía. Cada tanto lo recordamos y nos reímos. Ella cree que yo la esquivaba como si hubiésemos estado mirando un partido de tenis. Pero yo la quería besar.

Ella me podía. Todo lo podía conmigo. No había cosa a la que le dijese que no. Me dejaba hacer lo que ella quisiera. Terminaba usando los mismos brillos que ella.
Es que en el barrio no había muchos chicos de nuestra edad. Y los del colegio no nos juntábamos a jugar seguido.
También le llevaba a su mamá Loana, porque algún día sería mi suegra. Yo sabía cuál era la que más le gustaba. Siempre se paraba frente a cualquier árbol de Ceibo que nos cruzáramos y nos contaba la leyenda de la indiecita Anahí.
Pero nunca llegaba a esas flores tan altas. Siempre deseaba crecer tanto como para alcanzarlas y poder llevarle un ramillete.

Era lo más cercano a una mamá que yo tenía. Era muy cariñosa.
Cuando crecí un poco más empecé a idear la forma de trepar al Ceibo de ramas más bajas que conocía. Pero ese árbol estaba en la casa de doña Clelia. Y yo le tenía terror a doña Clelia. Yo y cualquiera en el barrio.

Era la mujer más temida. Siempre que alguna pelota de los chicos más grandes caía en su jardín, volvía pinchada. A ella se le atribuían leyendas de mascotas desaparecidas, de rituales de sangre y hasta de niños perdidos y convertidos en almas en pena. Su jardín estaba descuidado y sucio. Nadie se le acercaba. Era aterrador.

Sin embargo lo intenté una vez. Justo cuando había tomado coraje y me trepé al árbol, doña Clelia inició su recorrido de salida hacia la calle.
Nunca experimenté tanto miedo. Me tiré del árbol doblándome el tobillo y con la adrenalina a flor de piel corrí por mi vida a refugiarme en casa de Cane.
Esa noche me quedé a dormir en el colchón que ponía su papá Nahuel en su cuarto. Se me hinchó el pie y me lo vendaron.

Por desgracia no llegué a tiempo a crecer hasta la altura del árbol para arrancar esa flor.
Todos sufrimos mucho cuando Loana murió.

Ese día mis papás me explicaron lo que ocurrió y me dijeron que Canela iba a estar muy triste. Así que todos teníamos que ayudarla para que se sienta bien.

Cuando llegamos a su casa, sólo pensaba en esas malditas flores que no había podido tomar a tiempo. Las lágrimas me saltaban de los ojos. Debía agotarlas antes de que me viera Canela. No quería hacerla llorar.
Cuando llegamos a la casa me guardé el terror de esa luz tenebrosa que salía desde la ventana de la casa de enfrente y corriendo, me trepé al Ceibo que lucía sus flores rojas orgulloso de su victoria por no haberme dejado llegar al trofeo a tiempo para Loana.
La rabia me embargaba y las lágrimas saltaban con fuerza y con fuerza me las apartaba con el puño del rostro.
Logré componerme después de un ratito. Mis papás me abrazaron fuerte. Ellos disimulaban, pero lloraron conmigo.
Nos acomodamos y nos dispusimos a entrar.
Cane recibió las flores con la tristeza que ellas representaron. Pero sabía que mi corazón iba con ellas.
Mis papás me pidieron que me quedara a dormir. Nahuel me puso un colchón al lado de la cama de ella en vez de en el cuarto de invitados.
Pero los dos estábamos muy triste y necesitábamos un abrazo. Así que me pase a su cama y la abracé.
Dormimos muchas veces más así. Hasta que la tristeza se fue transformando en recuerdos lindos.
Ya no estaba tan triste como al principio y cada vez se ponía más linda.


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