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viernes, 9 de septiembre de 2016

¿Me enamoré de mi amigo gay? Capítulo1: In Fraganti

Capítulo 1.1: In fraganti

Mi amigo es gay. Siempre lo fue. Todo en su vida SIEMPRE ha sido gay.
Y a mí me gusta.
¿Qué voy a hacer?
Es como si tu amigo de toda la vida fuera Ricky Martin...
Sólo que siempre ha sido gay. Toda la vida. Nunca lo dudaste. Jamás contemplaste otra mínima posibilidad. Ni siquiera albergaste una mínima luz de esperanza.
Igual, ¿a quién no le gustaría?



Pero por supuesto que eso no significa que me esté enamorando ni nada. Ni que no lo deje hacer su vida o me muera de celos. Es el típico ejemplo de los que dicen "¡Qué desperdicio!". Sobre todo para las chicas. Porque lo que son los hombres, "¡pasen y vean!". Una fila de chicos uno mejor que el otro y que sólo están pendientes entre ellos. A mí jamás me darían bolilla. Qué bola me van a dar si no soy su "target". Además, con el camión con acoplado que tienen delante, me eclipsa en un instante. Sí, camión con acoplado. Onda que se lleva puesto a cualquiera, lo arrolla, lo pasa por arriba, lo destroza. Nadie sobrevive a su belleza. Yo creo que muchos ni siquiera eran gays hasta que lo vieron. Y si se hacen amigos, se enamoran. Es así. Es muy copado, buena onda. Es divino.
¿Te resulta anticuado mi lenguaje? Eso es porque todavía no sabés cómo se habla en el año 2032. Y recordá que el lenguaje es cíclico muchas veces y muchas palabras que estaban en desuso se vuelven a usar con el tiempo.

¡Ah sí! Siempre me voy por las ramas y me olvido de lo que estaba hablando. Me despisto con mucha facilidad.
¡Está bien! Les contaba de mi amigo.

El boliche bailable al que vamos, es una disco gay. Pero va cualquiera. Normalmente no hay mucho para mí. Milho siempre tiene que estar conmigo para sacarme de encima a alguien. (Desubicados hay en todos lados).

A él siempre lo rodean varios bombones. Tiene muchos conocidos. Pero no sé por qué nunca se transó a ninguno. Transó, chapó, besuqueó. Lo que sea. (Que yo haya visto al menos). Es cierto que es muy tímido. ¡¡Cómo Ricky!! Y tiene mucho de romántico también. Es que somos dos románticos incurables. Siempre esperando el momento y la persona correcta. Bueno, es verdad que además siempre estamos juntos y no me va a andar dejando a mí sola, pagando. No pagando literalmente. Es una metáfora. Vagando por la madrugada en soledad. Es un caballero.  Gay, pero un caballero al fin.

No te creas yo también lo soy. No gay, lo otro. Yo también tuve que salir a su rescate cuando él no se dejaba avasallar por alguno que le quería meter un chupón de prepo. Es que algunos no entienden.

En fin... acá estoy.
En cuclillas y arrinconándome contra un mueble, en medio de la oscuridad.
¡Y escuchando cómo se están matando!
Si hasta a mí me excita esto.
¿Se metieron gatos? Ah, no, fue uno de ellos.
¡Dios! ¡Qué ardientes!

Una vez que me decido a colarme yo en su habitación, lo encuentro entrando a los besos con un hombre y tirarse a la cama entre jadeos.
¡Dios!  ¡¿Qué voy a hacer?!

¡Ah! ¿No les dije?
Mi nombre es Canela. Cinnamon para los espanglish. Bueno, dije caballero... Sería caballera, o una dama. Aunque no se aplica igual. Milho es mi mejor amigo y se llama Milton. Pero le decimos Milho porque cuando era chiquito se comió a escondidas un milhojas él solito. Bueno, una parte.
Pero les decía.. Acá estoy arrinconada en medio de la oscuridad.
Me tengo que escabullir sin que me vean. ¡Qué papelón! ¡Qué vergüenza!

¡Me muero si me ven!

¡Antes!: que el Centro Nacional de Investigaciones Científicas clone a una manada de mamuts, y vengan en estampida y con cistitis a mearme de parados hasta extinguirse de nuevo.

Tengo que aprovechar el momento justo. Pero ¡como me llamo Canela, que no me van a ver!
No sé si hacerlo entre los gruñidos de uno o los  (voz de Gatúbela en celo) "Me gusta cómo te hacés rogar" del otro.

¿Cómo terminé en esta situación?
¿Cómo pudo ocurrírseme dudar así de la virilidad de mi amigo? ¡Si siempre fue obvio que no tiene ninguna! ¿Cuándo perdí toda la cordura que me quedaba para llegar a este incómodo momento?

¿Dijo: "dámelo todo papi"? No me imaginaba a Milho así de cursi. Debe ser el otro.

¡Ah! ¡No entienden nada! ¿Quieren saber lo que ocurrió?

Bueno, les voy a contar "cómo" ocurrió:

Si esto fuera una película, se escucharía una música alegre, como la de....

La de...

La del trailer...



 Y un titular señalando el año 2018. El año en que nacimos.

Luego imágenes de un nene y una nena aprendiendo a caminar, uno al lado del otro, sostenidos de la pared, la nena se cae y arrastra al nene haciéndolo llorar, mientras ella ríe feliz y desinteresada.



Siguiente imagen, ambos nenes de alrededor de tres años, en la playa. Ella le arroja arena y él llora escupiendo borbotones que habían colmado su boca. Ella ríe feliz.

Más tarde, una imagen de ella con alrededor de cinco años creando un Picazzo de maquillajes en la cara del niño que llora desconsoladamente al comprobar los resultados en un espejo. Ella, ríe feliz.



Luego la imagen de ella con alrededor de  diez años de edad arrastrándolo de la mano hasta un grupo de niñas. Ella empujando a una de las nenas que está de espaldas, ésta se da vuelta y le pega un cachetazo ¡al nene!  Ella se burla de la agresora por no haber acertado.

Otra imagen de ellos a los trece años. Ella haciéndose la enojada, y él arrinconándola contra la pared para hacerle cosquillas a muerte y terminar con su farsa. La niña patalea. La tortura se ve insoportable, hasta que tras rogar un: "Me meo, me meo" repetitivo, se retuerce y conjura un "pido gancho el que me toca es un chancho".

Finalmente lo próximo que verían, es que ambos crecimos, y la joven Canela de dieciséis años, (o sea yo) se acerca a donde Milho es abordado por unos muchachos.

Por supuesto me pide auxilio como cuando me abordan imbéciles y él debe socorrerme a mí.

Lo tomo de la mano sin siquiera dudarlo y lo arrastro lejos de allí, con un despliegue de celos nunca antes visto. ¡¡Un Óscar para mí por favor!! Graciaaas.

Pero, ¿cómo terminé dudando?

Todo empezó mucho antes de darnos ese primer beso de prueba...

👠👠👠👠👠💅💅💄💅💅👠👠👠👠👠

Hola amigos lectores!!
Si les interesa esta historia, déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!!
Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 ( voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!!

Capítulo 1.2: In fraganti

De chiquitos éramos como hermanos. Nuestros padres son amigos de tooooda la vida. Se conocen desde el colegio secundario. Y nos criaron juntos.

A todos lados donde iba con mi familia, venía la familia de él. Si estábamos de vacaciones, era con ellos. Si íbamos a un paseo, estábamos juntos. Si nuestros padres salían, nos dejaban en una u otra casa. Siempre juntos.



Hasta dormíamos juntos...



A veces todavía lo hacemos. Pero eso es por otra cosa. Ya te contaré.

Nuestros saludos eran besos en la boca.

No, eso ya no lo hacemos más. Lo hicimos hasta que alrededor de los seis años, en la escuela primaria, los nenes se pusieron en la edad de no mezclarse con el sexo opuesto. El lema sería: "las nenas contagian radiactividad".  Y ahí empezó a avergonzarse porque lo cargaban conmigo. Le decían 🎼🎤"¡tiene novia, tiene novia!".

Bueno, él nunca salió de esa edad y jamás volvió a mezclarse con el sexo opuesto. ¡Va! Sólo conmigo, pero es lo mismo que nada. Sería como decir que se mezclaba con una hermana. Nunca había dejado de mezclarse conmigo en todo caso. Solamente ya no me besaba más. Así que se volvió algo incómodo cuando nuestros padres nos decían (voz de: "dale papá tengo cinco años, no me hables como a un boludo"): "Dale un besito a Cane",  "Dale un besito a Milhi". (Sí, humillante como suena, ya de chiquito los viejos le decían "Milhi". Y lo que es peor... aún lo hacen).
Era incómodo porque al saludarnos, nuestras caras giraban desesperadas hacia un lado y otro tratando de evitar el temido contacto boca a boca. Parecía que mirábamos un partido de tenis en la cara de nuestro amigo. Sólo respirábamos una vez que la coordinación era perfecta y el movimiento justo para acertar en el cachete.

Porque besos en el cachete... obvio que sí. Tampoco se puso maleducado. ¿Quién en Argentina no te va a saludar con un beso en el cachete? Hasta cuando conocés a alguien te dan uno. No importa si son entre varones o mujeres. Yo siempre digo que los varones que son bien seguros de su virilidad no tienen ningún miedo de darle un inocente beso en el cachete a otro a modo de bienvenida o despedida. No va a sentir nada extraño por saludar a su congénere de esa manera. Ahora si sintiera algo extraño... debería comenzar a planteárselo.
Acá ya es una cuestión de honor. Si no personalizan el saludo (mínimo la mano entre hombres) viene la pregunta obligada "¡Che! ¿Te hice algo que no saludás como corresponde?"

Creo que esta costumbre que incluye besos entre hombres empezó alrededor de la década del '80 en el siglo pasado. Antes apenas se daban la mano con o sin choque de pectorales. ¡Bien macho recio! Las generaciones de los setenta y ochenta empezaron a suavizar la relación con los padres. Tratarlos de vos. Antes, con mis bisabuelos en los años '50 era todo usted aquí, usted allá. Pero siempre dependiendo de la familia y la confianza que se tenían.

 ¡Ah sí!  Otra vez me fui por las ramas ¿no?

Buen, ¿qué querían saber? ¡Ah sí!

El caso fue que nos fuimos a bailar al mismo boliche de siempre. La pasábamos de diez ahí. Tiene unos láser de última generación y siempre proyectan hologramas. Nos encantan las películas que arman sobre la pista llena de danzarines indiferentes al espectáculo.



Milho y yo nos quedamos en el reservado de primer piso que tiene vista al Río de la Plata y donde el show de láseres y hologramas queda justo a nuestro nivel.

Para Halloween ponen distintas películas de hologramas con fantasmas, pájaros de mal agüero y monstruos. Mi preferida es una de mitos autóctonos con la luz mala que acechaba a los indios y gauchos en las pampas. Los duendes malvados. Ésas, como son autóctonas, me sugestionan tanto que creo que de vuelta a casa en la oscuridad de la madrugada, me va a aparecer algo en cualquier momento. ¡Los monstruos extranjeros nunca llegan acá! Las brujas, Jack el destripador, It, Chucky, Drácula, Winnie the Pooh... ¿Qué? A mí me da mucho miedo que ese oso salame se popularice en mi país. ¡Por Dios! ¡Winnie the Pooh se llama! Hasta que entendí que eran muchas horas de vuelo para que esos monstruos horrorosos vengan a asustar a unos porteños tan insignificantes, ¡tan de morondanga! ¿Qué monstruo nos juna a nosotros? Ninguno sabe que existimos acá en el sur. Ni saben que nos la pasamos controlando que a ninguno se les escape en el hemisferio norte.

Además si llegan a venir, se pierden en migraciones. ¿Qué explicación le va a dar Drácula al oficial del sector? "Vinimos para el sur porque hay un exceso de chupasangres de dónde vengo y me dijeron que acá tenemos mucho terreno fértil para una cosecha generosa de ceros positivos. Generosa porque son dadores universales".
¡Noooo!

¡Se quedan donde están!

En cambio la luz mala, la llorona, el petiso orejudo (¡este existió de verdad!), el Runa-Uturungu que se transforma en yaguareté y come personas, el Coquena que castiga a los que abusan de la naturaleza o el Curupí que secuestra mujeres... ¡Ay mamita! Esos no vienen de afuera. Ya los tenemos entre nosotros. Se pueden aparecer cuando quieran.

Por eso esas películas me dejan sugestionada. Y es volviendo a casa cuando aprovecho para abrazar a Milho todo lo que puedo.  Ya que nunca le voy a gustar de la manera en que quisiera, aprovecho para mimarlo todo lo que puedo.

¡Qué lindo se puso! Y yo soy su amiga así que nos abrazamos sin problema. Él siempre me infunde tranquilidad.
¡Qué bueno está! ¡Por favor! Siempre me lleva a hacer deportes con él. Corremos, nadamos, andamos en bici y hasta remamos. Tiene un cuerpazo.



El caso es que una noche algo cambió en mí. No sé qué fue. Tal vez andaba necesitada de cariño. Y él estaba ahí. Como siempre.

Fue un fin de semana. Estaba bailando sola en medio de la muchedumbre y se me acercó un chico. Pero no me gustó. Era muy creído. Estaba más agrandado que  currículum vitae.  Y a mí me encanta ser la primera vez de esos.



La primera vez que los rechazan.

Pero no quiso entender. (Se ve que no estaba acostumbrado).  Tuve que pedirle auxilio a Milho. Como siempre.

Vino a mi rescate diciendo ser mi novio. Siempre funciona esa táctica.

Funcionaba. Porque no le creyó. Seguro que vio el grupo de dioses del Olimpo que lo rodeaban un momento atrás. Así que le pidió una prueba.  ¡Nunca nos había pasado!

—Dale, besala si es tu novia. ¿No me vas a decir que no besás a tu novia?

Milho me miró y debe haber notado mi cara contrariada porque hizo una mueca, una media sonrisa que siempre me había atraído. Pero esta vez. ¡Ufff!! Fue para mí. Tenía como una doble intención. Se me cayeron los calzones con sólo verlo acercarse.

Me tenía abrazada de un hombro, pero pausadamente comenzó a deslizar su mano hacia mi espalda baja. La corta remera que llevaba puesta no alcanzó a separar toda mi carne de sus manos.

El contacto de la piel desnuda de mi cintura y espalda con su mano accionó algún interruptor que había estado desactivado. Lenta y confiadamente me atrajo hacia él, pegándome a su cuerpo.

—¿Qué vas a hacer? —susurré a su oído y el aprovechó para disimular con un beso en la base de mi cuello que recorrió toda mi espina dorsal, despertando una sensibilidad que desconocía.
El tímido Milho conmigo siempre se había comportado desenvuelto y simpático. Seguro de sí mismo. Pero con los varones era retraído. En cambio ahora estaba ahí, como si toda la vida se hubiera comportado así a mi lado delante de otros hombres.

Los bellos de los brazos se me erizaron. La respiración agitada subía y bajaba mi pecho con exageración. No podía controlar mis emociones. ¿Qué estaba por hacer? ¿Me besaría como cuando niños? ¿Me besaría?

—Tranquila —susurró en respuesta casi en un ronroneo mientras acercaba su rostro. La mano en mi cintura me ceñía a él con firmeza y la otra en mi nuca me atrapaba. Suave y lentamente se acercó cada vez más hasta que casi no había espacio entre nuestros labios.



"¿En serio me va a besar?", pensaba. Mi corazón galopaba.

Inclinó apenas la cabeza y ...
💋💋💋💋💋😱😱😱😱🙈🙈🙈🙈

¡¡¿Qué pasó?!!
¿Qué creen que debería pasar?
Si les interesa esta historia, déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!!

Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 ( voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!!

Capítulo 1.3: In Fraganti

"¿En serio me va a besar?", pensaba. Mi corazón galopaba.

Inclinó apenas la cabeza y ...



¡Me besó!


Me besó la comisura de los labios... Me había inclinado un poco hacia el piso cubriéndole la visión del show al retador. Nuestras cabelleras le impedía ver con claridad nuestras bocas mientras Milho simulaba ser apasionado.

Para él habrá sido todo un teatro, pero la corriente electrizante que se disparó por mi cuerpo con aquel beso en el cuello primero, la seguridad en su pedido de calma después, una de sus manos sujetando la piel desnuda de mi cintura y la otra firme, atrayéndome, rogándome por acortar el espacio que nos separaba y luego sentir su respiración tan cerca, tan seguro de sí, me demostró que lo de actriz a mí no me va.

Mi corazón desbocado estaba confundido. No entendía el simulacro. Sus latidos no razonaban una parodia, una farsa montada.  Estaba sufriendo todas esas alteraciones. Necesitaba dejarse envolver en esa magia. Mis ojos se cerraron esperando, ansiando. Mi cuerpo no lo había entendido mientras mi mente comenzó a luchar por estabilizarse.
"Este es mi amigo. Somos como hermanos".
" ¡No te va a besar Canela!", "¡Es gay!"

Y claro. Lo es.

No demoró mucho el engreído aquel en elevar una mano al aire y dejarla caer sobre su muñeca en un gesto de abandono, dándose por satisfecho con la prueba exhibida y retirarse con su inalterada altivez.

Cumplido el cometido, mi más querido amigo aflojó su agarre y me incorporó aún besándome ese afortunado sector de mis labios con una sonrisa indescriptible.
Mis manos inconscientemente se habían posado en sus musculosos brazos que me sostenían y ahora podía apreciarlos. Me sonrojé tanto que fue más que evidente.
—¡Ay Canela! ¡Cómo si nunca te hubiera partido la boca!
—¡No te hagas el vivo que eso era otro tiempo y otra cosa. ¡No teníamos ni ocho años!
—Pero vos y yo somos los mismos.

 Ya no era la misma. Todo lo que me pasó me había despertado a una verdad que adormecía. "Mi amigo es muy sensual y si no fuera gay, no dudaría en hacer todo a mi alcance para conquistarlo".  Pero me dije a mí misma que eso no podía ser y que no debía estar pensando así de mi amigo. Todo había sido un juego divertido y así tenía que ser.

Tuve que recuperarme un momento para volver a la cordura.

Como aquel engreído aún rondaba, bailamos juntos un rato.

Una hora más tarde Milho se encontró con varios de sus conocidos gays. Ahí estaba otra vez su personalidad tímida. Sonreía, charlaba. Los muchachos ponían sus manos en su pecho. Él tímidamente las eludía. Yo sabía que no le gustaba que lo manosearan. Nunca era irrespetuoso. Su táctica era imperceptible. Casi no se daban cuenta lo que hacía. Pero yo sí. Lo conocía demasiado.

Había una batiseñal para emergencias que usábamos en caso de fuerza mayor. Él simulaba estarse estirando los brazos hacia arriba. Yo jugaba con mi pollera, minifalda o pantalón. La prensa inferior que llevara puesta.

Me había distraído un poco con las bebidas cuando de pronto veo señas desesperadas de Milho a quien un nuevo muchacho al que desconocía intentaba arrastrarlo a bailar.

Tomé el trago que me serví y pedí otro igual que habían preparado junto con el mío y salí disparada a su auxilio.

Con mi mejor caminar de seductora enfilé mis botas rojas de taco alto, el mini-short negro y remera roja de dibujos con brillantes hacia ellos, llevando una copa en cada mano y meneando mi largo cabello junto al vaivén de mis caderas.
La marea de hombres que lo rodeaba era desconocida para mí. Me acerqué a su oído y le susurré "cualquier cosa" y me sonrió con picardía. Como si le hubiera dicho algo sucio. Algo prohibido.

Habíamos quedado que yo debía decirle algo al oído, "cualquier cosa" que se me ocurriera. Yo lo apliqué literal con excelentes resultados porque él se mostró tan natural que nadie habría dicho que era gay.  ¡A lo sumo le gustaría cambiar de equipo de vez en cuando! Pero yo sabía que no era así.
—Lo siento muchachos. Mi hermosísima cita me reclama —se excusó mientras se levantaba de la banqueta alta en la que se encontraba y lo arrastraba a la pista de baile en un contoneo de caderas descomunal.
—Hoy estás despampanante —me dijo al oído llegando ya a la pista.
—Voy a representar el papel que me encomendaste con el mismo profesionalismo que vos —contesté impostando la voz en tono seductor.

Comenzamos a bailar y los muchachos no nos sacaban los ojos de encima.
—Tendremos que convencerlos que somos pareja. Ellos no vieron la excelente representación del beso que desplegaste —grité en su oído pues él bochinche era ensordecedor.

Me sonrió en respuesta. Expectante. Le sonreía todo el rostro.
Comencé s bailarle alrededor con movimientos sensuales, atrevidos. Lentamente bamboleaba mis caderas con los brazos extendidos al aire. Él no dejaba de sonreír. Yo diría que sorprendido. Divertido.



Los muchachos desairados seguían el espectáculo con escepticismo. Así que debí aplicar todas mis armas. Empecé a pasarle la mano por el pecho y espalda mientras giraba a su alrededor, le rozaba mi cuerpo, me agachaba con desparpajo delante de él que me miraba azorado. Creo que lo sorprendí. Su muestra de audacia en el beso anterior habían declarado la guerra. Yo no me iba a quedar atrás. Yo también podía demostrar realismo. Virtual pero realismo al fin.




Cuando salimos del lugar nos reíamos mucho comentando las caras que tenían los desairados.

Nos seguía el dron que había quedado a nuestra espera, suspendido en la puerta del boliche. Siempre filmábamos todo lo que hacíamos al aire libre con el dron o con los celulares en los interiores. Siempre lo configurábamos en modo invisible. Usaba la tecnología "Cloacking" o capa de invisibilidad. Es una capa de diminutos cristales hexagonales que desvían la luz alrededor de un objeto dejándolo oscuro a la vista. Así evitábamos sabotajes o hurtos.

Ya había aclarado. Esperamos para ver el amanecer en el río abrazados como siempre. Era un momento que no me cansaba de vivir con él.

Yo no sé qué haría cuando él decida formar un hogar o yo misma encuentre a mi alma gemela.

Caminamos unas cuadras. El dron sobre nosotros, silencioso, invisible, siguiendo el celular de Milho, registrando todos nuestros pasos. Yo con las botas en la bolsa que había dejado en el guardarropa; y puestas, unas zapatillas de salir muy cómodas. Ahora Milho me llevaba unos ocho centímetros más que hacía un rato.



Aguardamos en la fuente "Las Nereidas" de Lola Mora a que amaneciera. Admiré la formidable obra que había construido aquella formidable mujer transgresora hacía más de un siglo ante la admiración de los hombres que no podían creer que una mujer fuera capaz de llevarla acabo por la fuerza que se necesitaba para manipular las herramientas y por la destreza que requería desplazarse por los andamios. Pero ella lo consiguió ¡y en pantalones! que enseguida fue considerado un agravio a la moral. Tanto habían desconfiado que pudiera hacerlo que pusieron en duda si había sido ella la que dirigió el proyecto en Roma.









Cerca está la reserva ecológica y el río. Allí bajamos antes de que asome el sol.

—¡No te tenía tan audaz! —comentó rompiendo el silencio y fingiendo desinterés mientras la bola de fuego hacía su entrada en el firmamento.
—¡Dale Milho! ¿Y vos? Derrapaste, pisaste la banquina y te fuiste al pasto. En ese orden.
—¡Ah!, ¡andá! Ni siquiera te besé como corresponde. ¡Como si hubiese sido la primera vez!
—¿¡Cuándo te hiciste así el galán conmigo!?
—Muchas veces te rescaté de varios indeseables.
—No te hagas el sota que nunca hizo falta tanto esmero como hoy. ¿Se pusieron de acuerdo?
—Yo creo que ya nos deben tener junados. Ya nos conocen y sospechan. Vamos a tener que cambiar de táctica.

Me quedé pensativa un momento mientras la esfera ardiente se elevaba desde el agua.



De pronto me embargó una melancolía intensa. Milho me abrazaba desde la espalda. Como si fuéramos novios. Pero no lo éramos. Hubiera deseado poder girarme y darle el beso que no quiso entregar por completo en el boliche. No porque deseaba que fuera él quién me lo diera. Deseaba tener a alguien como él que me amara distinto a él.

—¿Vamos? —preguntó en un bostezo totalmente ajeno a lo que me ocurría.
—Vamos —contesté.
Tomamos el colectivo y nos sentamos en el último asiento. La moto había quedado en su casa porque al salir varias horas atrás, lloviznaba. Milho se acostó y puso su cabeza en mi regazo.

Es tan tierno.

Le acaricié la cabellera y se durmió un rato.
Media hora más tarde estábamos en la parada de nuestro barrio.

Caminamos a casa en silencio.

Aún tenía esa necesidad de ser querida, mimada. Deseaba estar enamorada con alguien. No de alguien o como ahora que estoy fantaseando con un imposible.

Llegamos a casa. Me sonrió con esa sonrisa tan encantadora que siempre me dedica y me abrazó para despedirse. Me dio un beso.

¡En la mejilla! ¡Mal pensad@!



Pero antes de que pudiera alejarse un impulso se apoderó de mí.
—Quedate a dormir...

💄💄💄💄💄💄💄💄💄💄💄
¡¡WOWW!! Cane no se puede controlar!!
¿¿Cómo irá a resolver todos estos conflictos??
Espero que les esté gustando.

Déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!! Por mi parte estoy entusiasmada por saber yo también que cosas les deparará.

Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 (voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!!


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