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miércoles, 28 de septiembre de 2016

¿Me enamoré de mi amigo gay? - Capítulo 4.3-4.4: Clases

El auto era una mugre.
Subí al BMW haciendo lugar entre latas de gaseosas, paquetes de galletitas, envoltorios de caramelos, chupetines o paletas, chicles o gomas de mascar, y un sin fin de hojitas de todo tipo de árboles.
Lo miro a Milho con reproche.
—Se me quedó con la ventanilla baja durante la noche en el jardín.

—Y en tus árboles florecen bebidas enlatadas. ¡O no! ¡Ya sé! Tenés árboles que dan semillas de pisingallo y con el calor reventaron por el aire en miles de pochoclos llenando de palomitas de maíz tu patio y el auto. ¡Cómo debe estar ese jardín!
—Dale, no me cargués. ¿Por qué creés que me dieron un ultimátum para hoy?
—Vamos a necesitar el contenedor del reciclaje completo para vaciar el auto. ¡Es más! Creo que van a subir las gomas cuando terminemos con el interior —dije mirando el nivel de las ruedas.
—Dale subite que quiero llegar de una vez para arrancar con las ideas para el corto.

Me subí rezongando y arrancó.
Era una primavera calurosa. El cambio climático estaba haciendo que Buenos Aires, que siempre había tenido sus estaciones bien marcadas, se estuviera volviendo una ciudad tropical. Por ello cada vez más pasábamos del invierno casi directo al verano. Un día hacía un frío de morirse y al siguiente te cocinabas con la misma ropa. Debíamos vestirnos encebollados. Capas y capas de ropa que pudiéramos ir desprendiendo conforme subía la temperatura. Cada vez que hacía mucho calor no pasaba mucho para que lloviese torrencialmente de manera pasajera y bajará la temperatura de golpe para volver a vestirnos con nuestras capas de ropa.
En otras épocas el otoño y la primavera era una época de transición hermosa, donde salían a la calle abrigados en pleno sol en la primera o con poco abrigo en la segunda, sin que te calcines. Ahora casi se pasaban de largo. Los inviernos eran menos crudos que cuando mis padres eran chicos. Ya no había escarcha en el pasto a la mañana.
Si bien cada tanto ocurría un invierno crudo, no era año a año como en otras épocas.
En el auto me calcinaba con el uniforme, así que empecé a desvestirme de a poco.
Me saqué el pullover que era acorde al frío de la mañana y al ambiente generado por aire acondicionado en el interior del colegio casi llegado el mediodía. También me quité la corbata roja. Me desabotoné la camisa hasta bien entrado el escote. Y me até el cabello mientras dirigía el frío aire del auto hacia el sector recién despejado, cerrando los ojos para disfrutar el fresco sin distracciones. Enseguida revolví bajo la falda que subía con descaro fuera del colegio, buscando las medibachas de nailon o panty medias. Con esfuerzo y tratando de no quedar sin ropa interior y totalmente al descubierto, las bajé no con mucha destreza.
Finalizado esto y elevando mi cabello para sentir el frío aire en mi cuello, abro los ojos y veo a Milho mirándome completamente azorado.
¡Uy! Tendría que recordar que no es una amiga tampoco.
—¡¿Qué?! ¿No te vas a escandalizar por eso? —me excusé.
Tenía la boca abierta. No sabía si me estaba cargando o qué.
Hizo un gesto de resignación, siempre seductor. Era imposible para él de otra manera.

—Yo no sé por qué todavía no tenés novio —escupió finalmente.
—¿Por qué creés?
—En él colegio estás toda tapada hasta el cuello.
—¿Vos viste por donde me subo la pollera a la salida?
—Son cinco pasos y nos vamos en moto o el auto. No te ve nadie. Encima salimos disparados siempre.
—Sí, y eso, "salimos" —enfaticé—. Estamos siempre pegados. La gente cree que sos mi hermano o mi novio.
—¿Deberíamos alejarnos?
—¡Por nada del mundo! Además, hasta ahora ninguno me atrajo como para intentar algo. Además, ¿qué querés decir? ¡Ahora que lo pienso! ¿Qué soy una mercancía que tengo que andar exhibiendo?
—No bueno... Pero sabés que a los hombres los gustos nos entran por los ojos.
—No es esa clase de pibe el que quiero.
—¿Y Mauricio?
—¿Mauricio? Mauricio es divino. Me habla cada tanto. Pero él es encantador con todas la chicas. Además a mí no me gusta. Es del tipo infiel. Pero, ¡pará! ¡Tampoco es cuestión de que me andés buscando candidato!
—No bueno... Yo decía nomás.
—¿Y vos qué además?
—En cuanto me des el primer beso, no me para nadie.
—¡¿Queeeeé?!
¡¿Queeeeeeeeeeeeé?!

¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?!

Sí, mi respuesta había sido contenida en comparación con lo que le pasó a mi cabeza.
—¿Seguís con eso?
—¡Jajaja! ¡Tendrías que ver tu cara! ¡Es impagable!
—¡Dale no me jodas!

No paró de reírse hasta casa. Diez minutos más tarde.
Todavía se reía cuando sacaba los baldes, mangueras y trapos para la limpieza.

Cuando habíamos terminado de tirar la mugre del interior y nos disponíamos a enjabonar el exterior, caen los dos pibes del boliche. Damián y otro más.
—¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo va?
Milho miró a Damián con desconfianza.
—¿Qué hacés Pablo? ¿Se conocen ustedes dos?
—Sí, es mi hermano Damián.
—¡Ahhhhh! —dijimos a coro Milho y yo.

Parecía ser que Pablo era el mayor y era gay.
—¿En qué andan? ¿Los puedo ayudar? —ofreció Pablo muy comedido.
Lo miré con desconfianza. Mi mirada asesina no tuvo efectividad con Milho.
—¡Claro! —aceptó rápido mi amigo ofreciéndole su trapo y balde.
¡Cómo lo conozco! Ya se está librando de la tarea. Le encanta la decoración, pero la limpieza que la haga otro.

Pablito, tan lindo él, lo primero que hace es sacarse la remera y quedarse con sus esculturales y trabajados músculos a lo David de Miguel Ángel en exhibición.
¡Yo no puedo competir contra eso!
La mirada atónita de Milho me desencajó.

Esto no iba a quedar así. Será la única artillería pesada que tengo, pero la desplegaría toda en el intento.

Estaba a punto de ir a ponerme ropa cómoda.
No, no. Eso no sucedería ahora. Se sabe bien el fetiche de la colegiala.

Esta noche tendría que poner el uniforme a lavar y secar para mañana.
Mientras Damián charlaba con Milho, me descalcé, me arremangué, me abrí más la camisa hasta que se viera  el borde de mi corpiño rojo a juego con el uniforme. Subí la pollera hasta que casi fuera una vincha en mi cadera y comencé a mojar el auto con la manguera, empapándome en el proceso.

Pablo, completamente ajeno a lo que sucedía realmente comenzó a divertirse mientras lo empapaba también a él.



El muy descarado, utilizaba esa mole de músculos con tanta dedicación sobre el techo del auto, dejando al descubierto sus calzoncillos en unos pantalones bermudas que se le caían a la cadera resaltando su trasero bien contorneado.
¡Por favor! ¡Piedad!
¡Por qué los hombres tienen tan buen culo!

Ante tal pericia, tuve que aplicar táctica ofensiva. De espaldas a los muchachos, subí apenas una pierna sobre el capó del auto para alcanzar el centro del parabrisas.
Esperaba que mi faldita apenas cubriera mi ropa interior.



Cuando Pablín decidió que el techo había quedado en perfecto estado, se dirigió hacia el vidrio que yo cubría de mi lado para completarlo del suyo.
¡Ah no! ¡Invasión de cancha referí!
Di la vuelta y quedando de frente a los muchachos, me arrastré sensual por el capó mojando toda mi camisa y llenándome de espuma el pecho insinuando apenas mis curvas. Sin embargo la camisa blanca transparentaba todo lo innecesario.
Los contoneos, puntas de pies, agachadas, movimientos sensuales que imprimimos tanto Pablo como yo en toda la rutina y luego en una guerra de agua y jabón que desplegamos fue a matar o morir.
Ya hasta me había olvidado cuál había sido el objetivo de todo ese jueguito. Lo único que quería era ganarle a "Pablita".



Ironías.
No me esperaba las reacciones que encontré al salir del frenesí competitivo en que me había inmerso.
💨💨💨💨💦💦🚗🚗🚗💦💦
Hola!!
¿Les gustó este capítulo?
Los invito a darse una vuelta por la novela de Geiravor que está muy buena y divertida!!

Ya saben... Como digo siempre:
Déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!!

Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 (voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!! Capítulo 4.4 Cuando volví en mí para darme cuenta que estaba compitiendo por la atención de un chico, ¡contra otro!, ¡ambos gays!... me encontraba empapada de pies a cabeza, la camisa embarrada y trasluciéndolo todo. Pero no fue eso lo que me hizo reaccionar. El efecto que había causado no era el que hubiera esperado. Al elevar la vista encuentro a un Milho impactado, aunque no justamente por mí. ¡¡Odio a Pablita!! Ya está, ¡¡lo dije! En realidad lo pensé. Y para colmo yo había captado la atención de la persona equivocada. Damián me miraba atónito. No se le cayó la mandíbula porque la tiene pegada. Fue un desastre. Tuvo el efecto opuesto a lo que me propuse. Logré que Milho fijara su atención en Pablita y Damián que me viera aún más atractiva que antes para que ahora sí no me dejara en paz y para colmo Milho me quiera matar porque su hermanita menor anda por ahí seduciendo tipos. ¡¡AGRGR!! Se podía ver el fuego llameando de los ojos de mi amigo, con los que intentaba incinerar a Damián y su mirada lasciva sobre mí. Se lo quería comer crudo, aunque esta vez no de la misma manera que siempre hubiese querido hacerlo. Lo quería matar... literalmente. ¿Por qué todo suena con doble sentido ahora? ¡Ustedes me entienden! Creo que se me fue la mano y Milho lo supo inmediatamente. Paseaba una mirada asesina de Damián hacia mí y viceversa. Una y otra vez. Nunca le había escandalizado algún comportamiento mío como esta vez. —Nosotros ya nos vamos que tenemos que hacer tarea —dijo Milho agarrándome del brazo y arrastrándome hacia mi propia casa. —Pero los bald... —Ahora los entro. —Y la canill... —No te preocupes. —El auto está abiert... —¡Mientras vos te cambiás esa ropa, yo hago todo! Fue tan autoritario que esta vez comprendí lo que era tener un hermano mayor y celoso. Sin chistar, me fui a mi dormitorio. Busqué ropa limpia y me quité el uniforme. Envuelta en la toalla me fui al lavadero y lo puse a lavar y secar junto con otra ropa. Marita, la señora de la limpieza venía sólo dos veces por semana, así que tendría que lavar y planchar el uniforme yo misma. Al pasar por la cocina noté que mi viejo había programado el horno-heladera para que la bandeja con unos lomos al champiñón y papas noisette, pase del frío de conservación al calor. Ya empezaba a pitar iniciando el proceso. Estaba por llegar en cualquier momento. Hoy vendrían los papás de Milho a cenar y después tomar unos Fernet con Coca mientras jugábamos al pool. Tengo entendido que tienen esta rutina ya inclusive de antes del casamiento de los padres de Milho, que fue anterior al de mis padres. Siempre se juntaban las dos parejas a pasarla bien. Desde que mi mamá murió lo siguieron haciendo igual y le reservaban un vasito de cerveza bien helada como le gustaba a ella. En su honor. Todos tomamos un poco de su vaso hasta terminarlo. Quedó como un homenaje. Para que esté siempre presente en los momentos felices. Subí al baño y me dispuse a ducharme. No podía sacarme de la cabeza la imagen de Damián embobado y la de Milho celoso. Una sonrisa se despliega por toda mi cara mientras me enjabono. Ya fuera de la ducha, me envolví en una toalla y   husmeé por la puerta para asegurarme que no hubiera nadie y correr en toallón a mi dormitorio para cambiarme. Abrí la puerta y recordé. —¡Uy! El celu. Me volví, lo tomé y veo que tenía unos mensajes sin leer. Los voy abriendo por el camino cuando al traspasar la puerta a las corridas me choco de frente contra alguien. Mi celular voló por el aire. Nos quedamos helados, mirándonos atónitos, colorados hasta las orejas. Milho me recorrió con la mirada de pies a cabeza en una fracción de segundo antes de disculparse y meterse al baño tras un portazo involuntario. ¡Carajo! ¿Todo se complota para que no pueda pensar en otra cosa que en tentarlo? Me agacho a recoger el celular y justo otra vez abre la puerta para preguntar no sé qué cosa y ¡la cierra de un portazo! ¿Qué habrá visto? ¡Me muero! ¡Esta toalla no cubre mucho! ¡Ahh! ¡me quiero pegar un tiro! Si ya le tenía fobia a las mujeres ¡lo traumé! ¡Ahora sí que no hay esperanzas! Estoy segura que lo que vio no era estético. Me quiero morir ¡Qué vergüenza! Me meto de una vez en mi dormitorio antes de que la siga embarrando. De mal en peor. ¡Ya veo que me termino avergonzando frente a todos los hombres que vienen hoy! Me cambié en un santiamén. En eso golpean la puerta. —¡Pase! —Soy yo –dice Milho. —Ah. Pasá. —¿Me podés explicar qué fue toda esa escenita con el auto? —Estaba lavándolo... —¿Te vas a entregar así tan libremente al primero que se te cruza? ¡Cantá pri! ¡Vos te cruzaste primero! Si no tenés objeción, ¡dale me entrego! ¡No! ¿Qué estoy pensaaando? ¡Controlate Canela! —¿Yoooooo?... —¡Prácticamente te le tiraste encima! —¿Cuándo? —¡No te hagas la sota! —¡Yo no me hago! —¿Sos? —¿Qué sería la sota? —Dale boluda... —Fue sin querer... —Aquí fue otra vez mi famoso pucherito. Además para que se calme pronto, incrementé la dosis haciéndole ojitos. Mi hermanito mayor estaba muy muuy enojado. —Hacete respetar. Si te regalás de buenas a primeras no lo va a hacer. —Te juro que no fue para él. —¡Vamos Canela! Yo no me chupo el dedo. Bueno, ¿te doy el mío? ¡Shhhhh! ¡Cerebro indisciplinado y traidor! Es que es tan sexy cuando se enoja. Si lo vieras. Se le hace una arruguita en el ceño al fruncirlo. Y se le juntan las cejas en un pico. Y pone los ojitos achinaditos de indignación. Es una delicia. No doy más. Me lo tengo que sacar de la cabeza porque soy yo la que va a sufrir cuando me la dé contra la pared y entienda que nunca me va a mirar diferente a una hermana. Logré que se calmara e hicimos las paces. Después de eso pasamos una noche genial. Primero tiramos ideas buenísimas para el corto y acordamos el vestuario y el lugar para las tomas. Yo aproveché para tomar todo lo que nunca tomó en los boliches. Él fernet con Coca fue la vedette. Se me subió un poco a la cabeza, pero estaba en casa. Los padres de Milho lo nombraron conductor designado y debió abstenerse. Solo le permitieron beber un vaso de fernet para no pasarse del límite legal. Después de cenar jugamos pool y reímos mucho. Nos enteramos cuál sería la casa a dónde se mudarían. Estaba muy cerquita. Ya no necesitarían el auto para visitarnos. Hicimos el ritual acostumbrado y bebimos entre todos el porrón de cerveza de mi mamá. La noche no pudo ser mejor. Milho me acompañó a mi cuarto y me besó en la frente. Yo balbuceaba boludeces a su oído que no me pregunten porque apenas me acuerdo de eso. Después llevó a los padres. Mañana empezaría a olvidarme de esta manera caprichosa que tenía mi mente de desearlo. 💤💤💤💤💤💤💤💤💤💤💤 Hola!! ¿Les gustó este capítulo? Recuerden pasar por la novela de Geiravor que está muy buena y divertida!! Créanme que la van a disfrutar tanto como esta. Ya saben... Como digo siempre: Déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!! Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 (voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!!

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