Entrada destacada

Booktrailers

La más romántica de las historias

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Me enamoré de mi amigo gay?-Capítulo 4.2: Clases

Mi protector se despliega en todo su esplendor.
¡Dios mío!
Me protege tanto de los demás que es él quien está profanando mi inocencia. Involuntariamente. Pero lo hace. Y me encanta.

Respiro con dificultad pero no sólo por el calor y el ambiente sofocante de apretujones.
Su mirada me penetra.
Parece que nuestros cuerpos están a punto de fusionarse como la gravedad presiona en el núcleo de las estrellas.
Él subte será nuestra Supernova.
Polvo de estrellas es lo que va a abundar en cuanto esta tensión entre nosotros estalle.

Me clava la mirada. Algo me está diciendo con los ojos y yo no puedo pensar con claridad. Mis más primitivos instintos desean. Desean que me esté diciendo que le gusto y que está considerando la bisexualidad. Desean que mande todo a la mierda y se deje llevar por una vez aunque sea para probar. Desea que al menos un beso se le escape por no pensar.

Y me siento culpable otra vez. Justo cuando sus ojos serios y comunicativos se acercan, y toda ella, su boca, que se acerca a mi oído y rosa mi oreja diciendo algo incomprensible.
—¡¿Qué?! —grité pues el ruido de las vías con las ventanillas abiertas era ensordecedor.
—¡¡Perdoná!! —grita esta vez.

Me pongo roja y apenas hago un gesto. Él lo acababa de dejar bien en claro. Me estaba apoyando como nunca habría esperado y contra toda su voluntad.
¡Qué vergüenza!

Sin embargo me mira. ¡Dios! Si no fuera gay diría que me está comiendo con la mirada.
—¡¿En qué pensás Milho?!
—¡Nada!
¡En esto tenía que ser bien hombre!
Y me sigue mirando. Me hace poner más colorada de lo que ya estaba.
—¡Basta!
—¡¿Qué?!
—¡No me mires así!
—¡¿Por qué?!
—¡Me incomodás!
—¿¡No te puedo mirar!?
—¡No!
Si no me vas a besar después ¡no!
—¡Está bien!
Me sigue mirando, pero esta vez con una sonrisita seductora.
¡¡Ay!! ¡¡Me lo comería!!
—¡Bueno!
Por fin empieza a bajar gente y ya no estamos tan aprisionados. Sin embargo ahora me toma de la cintura y se apoya en un hombro contra el caño vertical que hace de sostén.
Me atrae hacia él para sacarme de la puerta ya que no deberíamos apoyar la en ella.
¡Un peligro si se llegaban a abrir!
Ahora que está más despejado él apoya la espalda en el caño y me acerca para que me apoye en él.
¡¡Esta es una posición muy de novios!!
¿¡Por qué se comporta tan seductoramente conmigo!?
¿O siempre fue así y soy yo la que lo siento todo distinto?
Trató de hacer memoria para ver si alguna vez estuvimos en una situación así.
No lo recuerdo.
Tal vez es eso. Que justo que yo empiezo a pensar cosas extrañas con mi amigo, aparecen situaciones nunca antes tan intensas.
Bueno, si no contamos todas las veces que se coló en mi cama para consolarme cuando extrañaba a mi mamá hasta que me quedaba dormida
Me dejé llevar y apoyé mi cara en su pecho. ¡Y eso que hacía calor!
Él inclinó su cabeza para mirarme a los ojos.
—¿Estás bien?
Gesticulé un silencioso sí con la cabeza mientras él acomodaba unos cabellos que me molestaban, tras mi oreja. Luego me besó la coronilla.
Estaba en su modo Milho-protector que es un submodo del Milho-seductor.
El modo tímido-Milho ya lo mencioné con los varones gays mayormente.
El modo Milho-divertido también es un submodo del Milho-seductor, al igual que el modo Milho-aventurero del que aún no les conté nada, pero ya se van a enterar.
Porque ¡lo que nos pasó para terminar donde terminé!

El viaje de treinta minutos pareció eterno. Y sin embargo habría querido ir hasta China así con él.
Tuvimos la clase de inglés en la que al ingresar al edificio era como entrar a un territorio anglosajón.
Nadie hablaba otro idioma que no fuera el inglés, ni siquiera para hacer tramites.
¡Claro que los de los primeros años eran derivados a un piso superior donde tenían permitido hablar castellano.

Aprendimos con canciones y algunas partes de películas las conjugaciones más avanzadas y modismos típicos.
Cuando volvimos ya casi eran las diez de la noche.
Eran clases intensivas de tres horas.
La vuelta en subte no sólo fue más fresca y relajada sino más cariñosa.
A la ida lo habría comparado con un frenesí de pasión. Un arrebato desenfrenado.
A la vuelta eran los arrumacos enamorados.
Nos sentamos uno al lado del otro y de la nada mi amigo... Mi amigo gay... me sujetó una mano y comenzó a masajearla.
Me estiraba los dedos, palpaba la extensión de ellos. Ponía mi palma del derecho y la acariciaba y luego el dorso. Empalmaba su mano con la mía y comparaba. Luego de la nada entrelazaba sus dedos con los míos.
Eso se sintió más íntimo que nada de lo que les hubiera contado hasta ahora. ¡Ni siquiera el viaje de ida!
Y así como estaban las dos manos entrelazadas,  giró mi brazo de manera que quede el reverso del codo a su alcance y comenzó a acariciarlo con su mano libre.
—Me encanta lo suavecita que es esta parte de tu piel.
¿Querés que te muestre otra parte suavecita de mi piel para que acaricies?
¿Lo dije o lo pensé? Lo pensé.
—¿Estás bien Milho?
—Sí ¿por?
—Por nada.
Entonces sólo soy yo.
No puedo acordarme si siempre hizo estas cosas y nunca les di relevancia hasta ahora.

Llegamos a la estación Vicente López. Sólo teníamos que caminar unas cuadras.
—¿Querés cenar en casa? —le pregunté.
—Me esperan mis viejos. Perdón.
—¡No! ¡No hay por qué!
Llegamos a casa tomados de las manos aún. Las íbamos mesiendo como dos nenes. ¡Eso sí recuerdo que lo hacíamos cuando éramos chicos! Cuando perseguíamos a nuestros padres que caminaban delante nuestro y no alcanzábamos sus zancadas por lo que teníamos que hacer el saltito típico de los niños que no pueden seguir el ritmo para no retrasarse. Ese que es similar al que saltás a la soga. Sólo que avanzando y cambiando de pierna.

Llegamos a casa y ¿a que no sabés quién pasaba por mi casa?
Damián.
—¿Vos le dijiste que vivías acá? —susurró.
—¡No!
—¡Hola! — ¡Qué linda parejita! —saludó irónico.
—¿Viste? —respondí aún más irónica que él—. ¿Qué hacés por acá?
—Vivo por acá cerca. Recién bajé del colectivo.
—Nunca te vimos por acá.
—Porque no suelo venir por esta cuadra. Pero me enteré que vivías acá y pasé para chusmear.
—Yo ya tengo que ir a cenar. Me están esperando —advertí.
—Sí, yo ya me voy. —aclaró—. ¡Suerte! Nos vemos.
—Sí, suerte —saludamos.
—Este pibe no me gusta nada. —dijo Milho en un tono ¿celoso? —¿Cómo sabe dónde vivís?
—Ni idea.
—Tené cuidado.
—Milho, me la paso con vos. ¡Vos tené cuidado!
—Por las dudas.
Nos quedamos ahí hablando por un largo rato. De todo, nos contábamos las pocas cosas que no compartíamos juntos. Pareceres o puntos de vista sobre comentarios de compañeros o gente del boliche o de nuestros padres.

—Bueno, me voy a comer —me dijo cuando ya hasta a mí se me estaba haciendo un agujero en el estómago.
—Sí, dale. Andá que mi viejo debe estar muerto de hambre.
—Mañana ¿me ayudás a lavar el auto?
—¿Tengo que ir a tu casa?
—No, cuando volvemos del colegio lo lavamos acá en la vereda de tu casa ¿querés? Después hacemos una tormenta de ideas para el corto y me quedo a comer.
—Dale. No hay drama.
—Listo. Beso.
—Beso. Chau.
No solo lo dijimos. Me dio un beso. ¡Mmmh!
Pero me sujetó la cara y le hizo el amor a mi mejilla.
¡Bueno! Puede ser que exagere. Pero no sé qué me pasa que todo lo siento así ahora.
Tengo que parar con esto. Dejar de darle rienda suelta a mis alocados pensamientos porque un día me traicionan y termino confesando algo que no quiero y que va a terminar arruinando esta hermosa amistad que tengo con él.
Se va.
¡¡Qué bello ir que tiene!!

🚋🚋🚋🚋📚📚📚🚋🚋🚋🚋
Hola!!
¿Les gustó este capítulo?
Tienen que planificar muchas cosas y algunas los van a agarrar de sorpresa!!

Ya saben... Como digo siempre:
Déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!!

Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 (voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!! El auto era una mugre. Subí al BMW haciendo lugar entre latas de gaseosas, paquetes de galletitas, envoltorios de caramelos, chupetines o paletas, chicles o gomas de mascar, y un sin fin de hojitas de todo tipo de árboles. Lo miro a Milho con reproche. —Se me quedó con la ventanilla baja durante la noche en el jardín. —Y en tus árboles florecen bebidas enlatadas. ¡O no! ¡Ya sé! Tenés árboles que dan semillas de pisingallo y con el calor reventaron por el aire en miles de pochoclos llenando de palomitas de maíz tu patio y el auto. ¡Cómo debe estar ese jardín! —Dale, no me cargués. ¿Por qué creés que me dieron un ultimátum para hoy? —Vamos a necesitar el contenedor del reciclaje completo para vaciar el auto. ¡Es más! Creo que van a subir las gomas cuando terminemos con el interior —dije mirando el nivel de las ruedas. —Dale subite que quiero llegar de una vez para arrancar con las ideas para el corto. Me subí rezongando y arrancó. Era una primavera calurosa. El cambio climático estaba haciendo que Buenos Aires, que siempre había tenido sus estaciones bien marcadas, se estuviera volviendo una ciudad tropical. Por ello cada vez más pasábamos del invierno casi directo al verano. Un día hacía un frío de morirse y al siguiente te cocinabas con la misma ropa. Debíamos vestirnos encebollados. Capas y capas de ropa que pudiéramos ir desprendiendo conforme subía la temperatura. Cada vez que hacía mucho calor no pasaba mucho para que lloviese torrencialmente de manera pasajera y bajará la temperatura de golpe para volver a vestirnos con nuestras capas de ropa. En otras épocas el otoño y la primavera era una época de transición hermosa, donde salían a la calle abrigados en pleno sol en la primera o con poco abrigo en la segunda, sin que te calcines. Ahora casi se pasaban de largo. Los inviernos eran menos crudos que cuando mis padres eran chicos. Ya no había escarcha en el pasto a la mañana. Si bien cada tanto ocurría un invierno crudo, no era año a año como en otras épocas. En el auto me calcinaba con el uniforme, así que empecé a desvestirme de a poco. Me saqué el pullover que era acorde al frío de la mañana y al ambiente generado por aire acondicionado en el interior del colegio casi llegado el mediodía. También me quité la corbata roja. Me desabotoné la camisa hasta bien entrado el escote. Y me até el cabello mientras dirigía el frío aire del auto hacia el sector recién despejado, cerrando los ojos para disfrutar el fresco sin distracciones. Enseguida revolví bajo la falda que subía con descaro fuera del colegio, buscando las medibachas de nailon o panty medias. Con esfuerzo y tratando de no quedar sin ropa interior y totalmente al descubierto, las bajé no con mucha destreza. Finalizado esto y elevando mi cabello para sentir el frío aire en mi cuello, abro los ojos y veo a Milho mirándome completamente azorado. ¡Uy! Tendría que recordar que no es una amiga tampoco. —¡¿Qué?! ¿No te vas a escandalizar por eso? —me excusé. Tenía la boca abierta. No sabía si me estaba cargando o qué. Hizo un gesto de resignación, siempre seductor. Era imposible para él de otra manera. —Yo no sé por qué todavía no tenés novio —escupió finalmente. —¿Por qué creés? —En él colegio estás toda tapada hasta el cuello. —¿Vos viste por donde me subo la pollera a la salida? —Son cinco pasos y nos vamos en moto o el auto. No te ve nadie. Encima salimos disparados siempre. —Sí, y eso, "salimos" —enfaticé—. Estamos siempre pegados. La gente cree que sos mi hermano o mi novio. —¿Deberíamos alejarnos? —¡Por nada del mundo! Además, hasta ahora ninguno me atrajo como para intentar algo. Además, ¿qué querés decir? ¡Ahora que lo pienso! ¿Qué soy una mercancía que tengo que andar exhibiendo? —No bueno... Pero sabés que a los hombres los gustos nos entran por los ojos. —No es esa clase de pibe el que quiero. —¿Y Mauricio? —¿Mauricio? Mauricio es divino. Me habla cada tanto. Pero él es encantador con todas la chicas. Además a mí no me gusta. Es del tipo infiel. Pero, ¡pará! ¡Tampoco es cuestión de que me andés buscando candidato! —No bueno... Yo decía nomás. —¿Y vos qué además? —En cuanto me des el primer beso, no me para nadie. —¡¿Queeeeé?! ¡¿Queeeeeeeeeeeeé?! ¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?! Sí, mi respuesta había sido contenida en comparación con lo que le pasó a mi cabeza. —¿Seguís con eso? —¡Jajaja! ¡Tendrías que ver tu cara! ¡Es impagable! —¡Dale no me jodas! No paró de reírse hasta casa. Diez minutos más tarde. Todavía se reía cuando sacaba los baldes, mangueras y trapos para la limpieza. Cuando habíamos terminado de tirar la mugre del interior y nos disponíamos a enjabonar el exterior, caen los dos pibes del boliche. Damián y otro más. —¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo va? Milho miró a Damián con desconfianza. —¿Qué hacés Pablo? ¿Se conocen ustedes dos? —Sí, es mi hermano Damián. —¡Ahhhhh! —dijimos a coro Milho y yo. Parecía ser que Pablo era el mayor y era gay. —¿En qué andan? ¿Los puedo ayudar? —ofreció Pablo muy comedido. Lo miré con desconfianza. Mi mirada asesina no tuvo efectividad con Milho. —¡Claro! —aceptó rápido mi amigo ofreciéndole su trapo y balde. ¡Cómo lo conozco! Ya se está librando de la tarea. Le encanta la decoración, pero la limpieza que la haga otro. Pablito, tan lindo él, lo primero que hace es sacarse la remera y quedarse con sus esculturales y trabajados músculos a lo David de Miguel Ángel en exhibición. ¡Yo no puedo competir contra eso! La mirada atónita de Milho me desencajó. Esto no iba a quedar así. Será la única artillería pesada que tengo, pero la desplegaría toda en el intento. Estaba a punto de ir a ponerme ropa cómoda. No, no. Eso no sucedería ahora. Se sabe bien el fetiche de la colegiala. Esta noche tendría que poner el uniforme a lavar y secar para mañana. Mientras Damián charlaba con Milho, me descalcé, me arremangué, me abrí más la camisa hasta que se viera  el borde de mi corpiño rojo a juego con el uniforme. Subí la pollera hasta que casi fuera una vincha en mi cadera y comencé a mojar el auto con la manguera, empapándome en el proceso. Pablo, completamente ajeno a lo que sucedía realmente comenzó a divertirse mientras lo empapaba también a él. El muy descarado, utilizaba esa mole de músculos con tanta dedicación sobre el techo del auto, dejando al descubierto sus calzoncillos en unos pantalones bermudas que se le caían a la cadera resaltando su trasero bien contorneado. ¡Por favor! ¡Piedad! ¡Por qué los hombres tienen tan buen culo! Ante tal pericia, tuve que aplicar táctica ofensiva. De espaldas a los muchachos, subí apenas una pierna sobre el capó del auto para alcanzar el centro del parabrisas. Esperaba que mi faldita apenas cubriera mi ropa interior. Cuando Pablín decidió que el techo había quedado en perfecto estado, se dirigió hacia el vidrio que yo cubría de mi lado para completarlo del suyo. ¡Ah no! ¡Invasión de cancha referí! Di la vuelta y quedando de frente a los muchachos, me arrastré sensual por el capó mojando toda mi camisa y llenándome de espuma el pecho insinuando apenas mis curvas. Sin embargo la camisa blanca transparentaba todo lo innecesario. Los contoneos, puntas de pies, agachadas, movimientos sensuales que imprimimos tanto Pablo como yo en toda la rutina y luego en una guerra de agua y jabón que desplegamos fue a matar o morir. Ya hasta me había olvidado cuál había sido el objetivo de todo ese jueguito. Lo único que quería era ganarle a "Pablita". Ironías. No me esperaba las reacciones que encontré al salir del frenesí competitivo en que me había inmerso. 💨💨💨💨💦💦🚗🚗🚗💦💦 Hola!! ¿Les gustó este capítulo? Los invito a darse una vuelta por la novela de Geiravor que está muy buena y divertida!! Ya saben... Como digo siempre: Déjenme sus opiniones, estrellitas y compartan así se las sigo contando con entusiasmo!! Recuerden... Si no quieren soñar 💤💤💤 conmigo 👺👺😈😈👻👻👹👹 (voz fantasmal) Dame mi estreeeeeella ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ .... es míaaaaaa!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario